¿Cuándo empieza el arte contemporáneo? Un análisis de la muestra (y su texto) curada por Andrea Giunta en ArteBA.

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Es lo que se pregunta la historiadora del arte Andrea Giunta, en el marco de la 23° edición del ArteBA. Una pregunta que, por un lado, es llamativamente contradictoria (o “retórica” como la llamó ella, en la conferencia que brindó anteayer) porque hablar de “arte contemporáneo” refiere a un presente puro, al “arte del hoy”. Sin embargo, Giunta se arriesga a historizar este concepto, a preguntar por su origen y a rastrear sus síntomas. Por otro lado, se trata de una pregunta sumamente compleja, porque trata de caracterizar algo que cuesta definir pero que aún así, utilizamos todo el tiempo.

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El proyecto curatorial de Andrea Giunta (en el espacio de Dixit-Petrobras) formula una hipótesis polémica. Aquí, analizaremos los puntos del escrito crítico que acompaña a la muestra (¿Dónde comienza el arte contemporáneo?[1]), publicado en ocasión de la feria ArteBA, algunos comentarios sustraídos de la conferencia que realizó el 24 de mayo en la misma feria, y algunas acotaciones que surgieron de la exposición en el espacio Dixit, cuyas obras fueron aportadas mayormente por Document Art Gallery. Vale agregar que, estos tres espacios (texto-conferencia-muestra) están atravesados por dos ejes: Uno, la historiadora del arte busca interrogar el arte contemporáneo desde América Latina. Dos, descarta el análisis en términos de centro y periferias, y opta por la noción de “vanguardias  simultáneas”[2].

Volviendo a la pregunta central, la autora afirma que, si bien “la contemporaneidad en el arte no comienza en una fecha precisa”[3], sus síntomas pueden percibirse en la segunda posguerra (con la explosión del informalismo en los ´50 y el experimentalismo en los´60) y se consolidan en los ´90 ¿Cuáles son, para Giunta, estos síntomas? En primer lugar, algo que se puede registrar desde Duchamp, y que se profundiza después de 1945: la irrupción de la vida en la obra. El arte contemporáneo, surgiría después de la autonomía del arte que propone el arte abstracto (separado y distante del mundo que nos rodea); es decir, el arte contemporáneo sería “posautónomo”.

Una obra que puede ser leída en este sentido pero también por su contenido político (y por su relevancia en el arte conceptual), es Vida, muerte, resurrección (1980), de Víctor Grippo. En este caso, el artista dejó germinar semillas dentro de figuras de plomo, que estallaron al cabo de un tiempo. De manera sutil e indirecta, (característica que la historiadora del arte remarca en el arte contemporáneo) Grippo desliza una mirada esperanzadora: La vida, a pesar del encierro y la opresión de la dictadura, continúa.

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En segundo lugar, el artista contemporáneo crítica a las instituciones artísticas (aspecto que también puede verse en Duchamp pero que se profundiza más tarde). Las instituciones aceptan las cachetadas y el artista, las critica con ironía pero continúa en el sistema. La imagen a continuación es una de las primeras que nos encontramos al visitar Dixit. La frase es de Antonio Caro (1972) fue exhibida en 1972 en el XXIII Salón Nacional de Artistas, en Bogotá. Si se observa detenidamente, debajo pueden leerse las víctimas de los asesinatos perpetrados por el gobierno: Estudiantes e indígenas.

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Si avanzamos un poco más, nos topamos, con una proyección luminosa sobre el piso. Se trata de una frase de César que retoma Luis Camnitzer que, podría referir, según Andrea Giunta, a la actitud compulsiva de las ferias de arte. Propuesta acertada para comenzar la muestra en el ArteBA.

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En tercer lugar, según Giunta, el artista contemporáneo suele revisitar el pasado, para interpretarlo y para resignificarlo en el presente. Investiga archivos, cuestiona iconografías nacionales e indaga el tiempo pretérito desde la memoria. En palabras de la Giunta: “Los artistas son cazadores de imágenes”[4] En la muestra, las siguientes obras ilustran este punto:

Leandro Katz revisita las ruinas mayas, con las litografías que hizo el inglés Frederik Catherwood en el siglo XIX. En sus fotografías, confrontadas a los dibujos decimonónicos, puede observarse cómo se configuró la visión colonial sobre América.

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Alexander Apóstol critica la imagen del prócer, incólume, blanco, narcisista en su film Ensayando la postura nacional.  Figuras que en el celuloide no llegan a monumentalizarse, pero que constituyen una ironía al canon civilizatorio que impregnó el proceso de construcción de la nacionalidad de fines del siglo XIX en toda América Latina.

Ensayando la postura nacional (2010)

Marcelo Brodsky, (representante de lo que ya es un topoi del arte contemporáneo, según la autora: la representación de la ausencia) convocó a sus compañeros de primaria y marcó en una ampliación de la fotografía escolar, ausencias, interrogantes, itinerarios de vida. A continuación, un fragmento de la obra:

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En cuarto lugar, el artista contemporáneo desde los sesenta ha experimentado con la tecnología. Un ejemplo claro presentado en la muestra Dixit, es el happening global (aunque sólo se hizo en Bs As, se pensaba también hacer en Berlín y NY) Simultaneidad en simultaneidad, donde artistas como Marta Minujin experimentaron con telégrafos, teletipos, televisores y radios.

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En quinto lugar, Giunta en su trabajo postula una temática que ocupará un lugar preponderante en la muestra (además de la mencionada representación de la ausencia): Las representaciones cartográficas. La historiadora establece que “Los artistas han intervenido y diseñado distintos mapas como formas de replantear el mundo”[5], desjerarquizar las relaciones de poder establecidas, como Alfredo Jaar que, a través de un cartel luminoso en pleno Times Square, dejó en claro su mensaje:

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La historiadora del arte también señala las intervenciones en el espacio público como formas de alterar la geografía urbana. Una impactante fotografía aérea de las señalizaciones de Lotty Rosenfeld puede verse en el espacio Dixit. La artista, en Una milla de cruces sobre el pavimento buscó criticar la dictadura de Pinochet. Esto nos remite, a su vez, a otra característica contemporánea planteada por Giunta: el impulso democratizador, que el arte salga a la calle, fuera de las instituciones artísticas.

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Por último, señala que la historia del arte hasta el momento ha sido analizada bajo parámetros fuertemente patriarcales. Y remarca un dato que no es tan curioso: En los últimos diez años de exhibiciones, las obras de artistas mujeres no superan el 20 %. Establece que recientemente se ha revisado la obra de artistas excluidas de los relatos establecidos de la historia del arte, aunque todavía no ha impactado en los museos.

Como se puede advertir, la exhibición contempla distintos formatos. Esto tiene que ver con que “No podemos referirnos a un lenguaje específico del arte contemporáneo (…) Los medios de creación artística se superponen, los materiales coexisten (…)”[6] En este caso, uno de los formatos más llamativos ha sido el siguiente:

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Mujeres creando es un colectivo anarquista feminista que ha exhibido dentro de sistema de arte y que “sostiene como premisa la acción individual, el principio libertario de la decisión sobre el cuerpo.”[7]

En Dixit, entonces, se pueden observar estos puntos (aunque señalados de manera un tanto caótica). Es decir, se puede seguir el recorrido que plantea el texto ya que muchas de las obras señaladas en su trabajo, figuran en la muestra. Sin embargo, cabe señalar algunas cuestiones. Frente a su hipótesis principal de que el arte contemporáneo comienza en la posguerra y se profundiza en los noventa (que retomó en la conferencia), existe el riesgo de caer en un anacronismo ¿por qué? La autora está analizando con un concepto que utilizamos recurrentemente hoy, un período de cincuenta años en el que, el arte contemporáneo podría haber sido pensado de otro modo ¿Cómo se pensaba el “arte contemporáneo” en los sesenta? ¿Grippo, por ejemplo, pensaba el arte con-tempus al igual que piensa un artista actual su ámbito artístico? La periodización, como siempre, es post-facto pero al analizar un término que remite a un presente puro… historizarlo es complicado. Esto sin decir que, por momentos su argumento y periodización tambalean porque, varias veces se remite a principios de siglo. Además, al hablar de “síntomas” del arte contemporáneo, se podría leer cierto determinismo. Los síntomas, como nos suelen decir los médicos a la hora de hablarnos de una enfermedad, son indicios de que algo va a suceder. Claro que, ante la consulta al terminar la conferencia, ella contestó que , por supuesto, su argumento no estaba cerrado. Y que los síntomas, en términos patológicos, podían o no llevar a la enfermedad…Eran elementos que surgían. En suma, mencionó que si bien muchos hablan de “arte contemporáneo”, ella asumió la responsabilidad de historizarlo.

En conclusión, si bien el archivo y la selección son increíbles (se pueden ver piezas originales, que cualquier historiador del arte soñaría contemplar), el abordaje teórico es algo endeble. La propuesta es interesante y como se mencionó, arriesgada…pero cabría preguntarse, como una suerte de contrapropuesta, ¿Por qué no invertir la pregunta? En vez de rastrear hacia atrás un concepto del presente, ¿por qué no indagar en las características del arte en la última mitad de siglo?

 

 

 

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El texto curatorial puede descargarse desde el siguiente link: http://www.leedor.com/contenidos/artes-visuales/dixit-petrobras-en-arteba-cuando-empieza-el-arte-contemporaneo

 

 

 

 

 

 

[1] Una recopilación de ensayos que puede descargarse online: http://www.leedor.com/contenidos/artes-visuales/dixit-petrobras-en-arteba-cuando-empieza-el-arte-contemporaneo

[2] Giunta, Andrea. ¿Cuándo empieza el arte contemporáneo? Buenos Aires: Fundación ArteBA, 2014, p. 5.

[3] Ibid, p. 96.

[4] Ibid, p. 28.

[5] Ibid, p. 44.

[6] Ibid, p. 97.

[7] Ibid, p. 87.