Los ‘cholets’ de Freddy Mamani Silvestre

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Freddy Mamani Silvestre. Fotos de Alfredo Zeballos

Hace un par de meses, como parte de las actividades del aniversario de El Alto (Bolivia), se presentó el   libro “La arquitectura de Freddy Mamani Silvestre”. Este impecable trabajo –con fotos del paceño Alfredo Zeballos y textos de la italiana Elisabetta Andreoli– revela una nueva arquitectura nacida hace algo más de cinco años que algunos llaman “arquitectura aymara emergente” o “nuevoandina” y otros “arquitectura cohetillo” o “arquitectura chola”.

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Se trata de edificios de hasta siete pisos –todos ubicados en El Alto– absolutamente coloridos con lujosos decorados de filiación andina y algo extravagantes. A esta tipología se le ha dado el nombre de “cholet”, es decir, un chalet cholo, con toda la carga despectiva que tiene la palabra “cholo”. Sin embargo, sus propietarios, todos alteños adinerados –ex campesinos, comerciantes, importadores– se muestran orgullosos y hacen ostentación de sus nuevas propiedades.

Libro “La arquitectura de Freddy Mamani Silvestre”. Fotos de Alfredo Zeballos
“Cholet”. Foto A. Zeballos (2012).

El creador de estas impactantes construcciones es Freddy Mamani, miembro de una familia de albañiles Trabajó dieciocho años en ese oficio y logró pagarse sus estudios en la Universidad Mayor de San Andrés. Pese a sus estudios Mamani no utiliza ni oficina, ni computadora. Transmite sus ideas dibujando en la pared, con un lápiz, frente a los jefes de cuadrilla. Como casi todo el trabajo es artesanal, el proceso de construcción implica la formación de artesanos que, al capacitarse, al poco tiempo crean sus propias empresas.

Mamani hizo su primer “cholet” hacia 2005, según él, “por accidente”. Un muy buen artículo de Nathalie Iriarte Villavicencio –Suplemento Séptimo Día del Diario El Deber– recoge su testimonio: “Hice un viaje por Tiwanaku y de allá llegué pensando que debíamos hacer obras que muestren nuestra cultura milenaria, obras con las formas andinas, con los colores de los aguayos. Le propuse eso al dueño del terreno y aceptó; hicimos el primer edificio y lo pinté de verde porque en El Alto no hay árboles y quería poner un poco de color a la ciudad. Luego de eso reventamos como pipocas…”.

Libro “La arquitectura de Freddy Mamani Silvestre”. Fotos de Alfredo Zeballos
Salón Flor de Urkupiña, 2012. Foto: A. Zeballos.

Por supuesto, el debate ya está instalado. Para Rim Safar, la Presidenta del Colegio de Arquitectos local, los cholets no expresan una identidad cultural andina ni étnica sino la emergencia de nuevos ricos que con la ostentación de sus nuevos palacios nos dicen “yo soy orgullosamente cholo, antes no tenía plata, ahora tengo, mírenme”. Al contrario, para Édgar Patana, alcalde alteño, se trata de un “diseño colectivo hace visible una matriz cultural propia, original, innovadora y auténtica, con bases comunitarias, diferentes al pensamiento moderno occidental”.

Completamos este informe con el texto de Elisabetta Andreoli que se incluye de “La arquitectura de Freddy Mamani Silvestre”, editado con el apoyo la Alcaldía de El Alto, la Fundación Cultural de Banco Central de Bolivia y la Cámara de Industria y Comercio de El Alto.

Del libro “La arquitectura de Freddy Mamani Silvestre”. Foto de A. Zeballos
Del libro “La arquitectura de Freddy Mamani Silvestre”. Foto de A. Zeballos

La arquitectura de Freddy Mamani Silvestre
por Elisabetta Andreoli

A pesar de la capacidad organizativa de sus ciudadanos, como toda ciudad que se constituyó rápidamente y sin presencia del Estado, El Alto no deja de presentar algunas de las dificultades típicas de los procesos de rápida urbanización: la desorganización del sistema vial, la escasez de espacios públicos, la falta de servicios básicos y el modelo repetitivo en el diseño de las construcciones.

En este panorama de uniformidad, sobresalen por su volumen, altura y sobre todo por su sofisticación esos edificios coloridos que quizás constituyen hoy el fenómeno urbano más interesante de Bolivia. Tres o cuatro pisos más altos que la media, estos edificios pertenecen a un solo dueño o familia y son expresión de su éxito económico (con un costo que va desde 250.000 a 600.000 dólares). Además, son unidades de producción de renta: una docena o más de tiendas para alquilar en la planta baja; un gran salón de eventos en el segundo y tercer piso; dos o más apartamentos para alquiler o para los hijos de los dueños en el cuarto y a veces quinto piso; y encima de todo, la vivienda del dueño, de una forma y diseño que rompen con el resto del edificio: es la casa patronal o chalet. Entre estos edificios, los del ingeniero Freddy Mamani Silvestre son quizá los que ofrecen el estilo más consistente y deliberado, que se ha ido, además, perfeccionando con el tiempo.

De origen rural, Freddy Mamani fue a la escuela en su propia comunidad de Catavi, provincia Aroma, departamento de La Paz y posteriormente en Caracollo, departamento de Oruro. Siendo aún niño, conoció diferentes obras en construcción acompañando a su papá, que era maestro albañil. Después de hacer el servicio militar trabajó como contratista, el oficio más alto en este ramo; al mismo tiempo, estudió en la Facultad Tecnológica de Construcciones Civiles en la Universidad Mayor de San Andrés (1986), y posteriormente cursó la carrera de Ingeniería Civil en la UBI, universidad privada de El Alto. Continuó trabajando como contratista por varios años, hasta que decidió dar un paso: promover un estilo arquitectónico que pudiera dar una identidad a su ciudad: “En la facultad técnica nos sentíamos menospreciados por la cultura, pero ahora con el presidente Evo se revaloriza esa cultura originaria. Yo fui a Tiahuanaco y me impresioné con las formas tiahuanacotas y estudié los libros. Yo he dado a mi diseño una descomposición y estilización de las formas andinas”. Hasta la fecha, y sólo en El Alto (pues ha diseñado edificios en otras partes de Bolivia y Perú), Mamani ha realizado más de 60 obras con su empresa, la Constructora Técnica Multidisciplinaria “j” (constecm ”j”), que dirige junto a sus hermanos Edgar, Moisés, Daniel, Efraín, Elena y Luz.

Mamani no utiliza ni oficina ni computadora. Una vez acabada la obra gruesa, para la obra fina (la decoración) sus instrumentos son su gran creatividad y memoria, además de papel, borrador y un lápiz con el cual dibuja frente a los maestros de obra: “En la pared, en el instante yo explico” dice. Fuerte en el diseño, transmite así las indicaciones necesarias para que el maestro de cada cuadrilla de trabajadores artesanos que se han formado con él pueda pasar a la obra. Esto vale para la pintura pero también para otros aspectos: “Las cornisas están decididas en el instante, se hace el molde completando con plasto-formo, todo hecho manualmente, incluso el yeso”. Trabajar con Mamani es por eso una formación y no es raro que los trabajadores, después de aprender el arte, se alejen para formar su propia empresa.

[youtube]http://youtu.be/vkkPSpokAXg[/youtube]

Todas las fotos de este artículo pertenecen a Alfredo Zeballos. Publicadas en “La arquitectura de Freddy Mamani Silvestre”.