Ricardo III, Crónica de un jabalí

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Ricardo III, Crónica de un jabalí, versión libre de la tragedia shakesperiana, propone una puesta minimalista para acentuar el juego y la teatralidad. Una propuesta diferente que se presenta los sábados a las 22.30 en el teatro El Crisol. Últimas dos funciones.

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Se señala en el programa de mano: “Abordar otra versión de Shakespeare y montarla no es una experiencia cualquiera. Es como lanzarse desde una montaña bien alta confiando en que se volará…” Abajo está el abismo y la posibilidad de caer o salir airoso de la empresa. El riesgo también lo corre el espectador, que concurre temeroso a una cita que puede resultar dichosa o decepcionante (como otros tantos encuentros en los que el genio de Stratford se vio diluido en pura  estridencia escenográfica, en actuaciones mediocres o en lecturas inexplicables).

Pero a veces hundirse en el abismo puede ser una experiencia gratificante porque “abismarse”  es también confundirse, sorprenderse y conmoverse. Para el espectador de esta obra, abismarse es subirse con los actores a esa estructura escalonada que auspicia de sugerente escenografía (porque es también metáfora de ascensos y descensos, de glorias y caídas) para aceptar el juego propuesto, la pura teatralidad.

En Ricardo III, Crónica de un jabalí poco es mucho: una puesta en escena minimalista pero sumamente cautivante y cuatro actores, sumidos en la tensión de los cuerpos, condensan un mundo cruel y  pavoroso, “lleno de ruido y furia”, donde la ambición, la corrupción y las luchas de poder  logran trascender todas las épocas para  golpearnos fuerte en la cara. Nos confirma que hacer bien Shakespeare lo trae de vuelta, lo actualiza en sus temas y en sus modos de decir.

La palabra, la persuasión, el poder del discurso (del que habla Harold Bloom) están en el centro de la cuestión. Ricardo seduce con cada enunciado, pronuncie lo que pronuncie, palabras de amor o las sentencias más oscuras. Todos caen en su encantamiento (en su embrujo), algunos aceptan cometer los peores crímenes, otros perdonan cualquier vileza, otros se contagian. No necesita ser deforme físicamente (no lo es) para mostrarnos la deformidad de su espíritu.  Sin embargo, nosotros (espectadores) también caemos en su red, en el goce de escuchar lo que tan bien se dice.

Shakespeare nos habla al oído, nos interpela, nos enfurece en una puesta simple, atemporal, que recrea toda la complejidad del alma humana y el goce infinito que producen las palabras.

 

Ficha técnica  

Versión libre y dirección: Alfredo Megna Actúan: Marcela Fraiman, Fernando Migueles, Leonardo Odierna, Martín Ortiz Diseño de escenografía y vestuario: Jorgelina Herero Pons Fotografía: Lucas Maccione Asistente de dirección: Maia Masciovecchio Producción ejecutiva: Crisol Teatro Funciones: sábados a las 22.30 hs, Crisol Teatro, Scalabrini Ortiz 657, CABA. ENTRADA LIBRE. Últimas dos funciones.