Muerte en Buenos Aires

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Luego del estreno de Betibú, llega a las carteleras porteñas otro policial argentino de calidad: Muerte en Buenos Aires. Probablemente sea recordado por ser el film que le dio el primer protagónico al Chino Darín, hijo del actor predilecto del cine nacional. Afortunadamente brilla con luz propia, en un papel ambiguo, como todos los personajes del film.

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Ambientada en los años 80, el inspector Chávez (Demián Bichir, actor mexicano nominado al Oscar en 2012), es un hombre de familia y rudo policía que queda a cargo de la investigación de un homicidio en la alta sociedad porteña. En la escena del crimen conoce al agente Gómez, alias El Ganso (Chino Darín), un atractivo policía novato que se convierte en su mano derecha y al que usa como carnada para atrapar al asesino.

La ópera prima de Natalia Meta mantiene esa dualidad propia de los personajes del cine policial negro: la ciudad es una jungla de cemento donde la violencia y la corrupción están a la orden del día. Incluso el personaje principal, el investigador Chavez, es un hombre solitario a pesar de que tiene una familia, y aunque tiene un sentido muy fuerte de que se debe hacer justicia a toda costa, no tiene problemas en hacerlo fuera de los límites de la Ley (acepta sobornos del Juez cuñado de la víctima(Emilio Disi), roba cuadros y objetos de la escena del crimen…). Pero la mayor dualidad la aporta el personaje de Darín, quien logra hacer dudar al espectador acerca de su verdadero rol en la historia (¿es uno de los sospechosos?¿se siente atraído por los hombres o va a casarse con su novia?). Tal vez se demora un poco la aparición de un punto de giro en la historia, puesto que la primera escena da cuenta del asesinato y hasta que eso conlleva a otro conflicto pasa mucho tiempo.  Pero más allá de esta cuestión de timing, se agradece el desarrollo de los personajes y de la escena porteña.

Más allá de que como película de género esté muy bien lograda, hay que destacar especialmente el trabajo de arte a la hora de reconstruir los años 80 en Buenos Aires. Desde la ropa a la música, pasando por las tomas en exteriores (la de los caballos en la Avenida Figueroa Alcorta es realmente impresionante) Meta demuestra que es posible en Argentina realizar un film de género con reconstrucción de época, y filmando con un sentido estético impecable.