Escritores argentinos. Retratos fotográficos de Rafael Calviño

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No son dioses

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Entrar a la sala Ortiz de la Biblioteca Nacional en este momento podría ser como entrar a un panteón de escritores contemporáneos. Pensativos, algunos sonrientes, otros serios, atraviesan el lente para mirarnos (como atraviesan el papel para encontrarnos). Nos imaginan continuamente, a nosotros, sus lectores, como nosotros a ellos. Aquí, los endiosados demiurgos, artesanos de la palabra, adquieren cuerpo.

Sin embargo, ¿por qué deberíamos sacralizarlos? Podríamos pensar, contrariamente, que el fotógrafo Rafael Calviño constituyó más que un santuario, un punto de encuentro co-creador ¿Por qué? Porque el libro puede ser conceptualizado como una “una tarea compartida”. Es decir, una obra donde “confluyen las voluntades creadoras de muchos”[1], del autor como también de sus múltiples y difusos lectores.[2] [3]

Cabe señalar que el lector (como el espectador de las fotografías que en este caso, confluyen) no es un sujeto pasivo, que recibe, asintiendo, la palabra del autor. Por el contrario, realiza una “apropiación activa” de los textos.

Es más, según Robert Darnton, todo texto presupone un lector o, en palabras de Roger Chartier: “Un texto no existe más que porque existe un lector para conferirle significado”[4] Es decir, no existe autor sin lectores[5]. Se trata de una mutua dependencia.

Por otro lado, las fotografías nos sugieren que los autores también son lectores. A su alrededor, sus bibliotecas personales hablan por ellos. Kilométricas, coloridas, dispersas, acogedoras.  Lamentablemente, debido al foco en el primer plano del retrato, no se pueden apreciar los títulos, sólo algún que otro lomo: Un libro de Stalin que aparece detrás de los rulos de Alejandro Dolina, un volumen de Raymond Aron apoyado en el escritorio de Natalio Botana pronto a ser leído.

El problema del retrato

Roland Barthes, en La Cámara Lúcida, mencionó que “la fotografía repite mecánicamente lo que nunca más podrá repetirse existencialmente”[6]. Sin embargo, decía que cada vez que le tomaban una fotografía (en modo tragicómico) vivía esa experiencia con “angustia de una filiación incierta: una imagen (mi imagen) va a nacer: ¿me parirán como un individuo antipático o como un ´buen tipo´?”

En otras palabras ¿cómo quedará el referente en un objeto destinado a la posteridad? Al sentirse observado por el objetivo de la cámara, el sujeto fotografiado posa, se construye, elige su lugar preferido, aquel espacio y objetos que lo identifican. Como Verbitsky, que eligió su escritorio, donde a sus espaldas, se entremezclan un dibujo de Gardel, un afiche de la movilización a Ezeiza (cuando retornó Perón), el artículo de Emile Zolá (J´accuse), y muchos discos. Diferente es el caso de Ricardo Piglia que eligió salir de espaldas, como “una mítica (foto) que hay de José Hernández”[7]. El sujeto fotografiado fabrica, a conveniencia, su figura (aquello que preferentemente quiere que aparezca revelado en la fotografía, para que otros miren). “Soy a la vez: aquel que creo ser, aquel que quisiera que crean, aquel que el fotógrafo cree que soy  y aquel de quien se sirve para exhibir su arte”[8]. Es decir, una multitud de construcciones.

“La fotografía (…) representa ese momento tan sutil en que, a decir verdad, no soy ni sujeto ni objeto, sino más bien un sujeto que se siente devenir objeto. Vivo entonces una microexperiencia de la muerte: me convierto verdaderamente en espectro.”[9] Este spectrum de la fotografía es espectáculo (observado por futuros espectadores) pero también espectro, congelado, eterno.

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La muestra  puede visitarse en la Sala Ortiz de la Biblioteca Nacional (Aguero 2502) hasta el 29 de Mayo de 2014.

 

[1] Parada, Alejandro E. “La historia de la lectura como laberinto y desmesura” en Páginas de Guarda, N°1, Buenos Aires: Otoño 2006, p.93.

[2] Parada, Alejandro E. Cuando los lectores nos susurran: libros, lecturas, bibliotecas, sociedad y prácticas editoriales en la Argentina. Inibi, Buenos Aires, 2007, página 16.

[3] Además, de (claro) editores, traductores, bibliotecarios, etc.

[4] Chartier, Roger y Cavallo, Guglielmo. Historia de la lectura en el mundo occidental. Buenos Aires. Editorial Taurus, 2004, página 15.

[5] Chartier, Roger y Cavallo, Guglielmo. Historia de la lectura en el mundo occidental. Buenos Aires. Editorial Taurus, 2004, página 15.

[6] Barthes, Roland. La Cámara Lúcida. Barcelona: Paidós, 1998, p. 31

[7] “Los rostros de la literatura argentina” en La Nación Revista, p. 28. [en línea] Dirección URL: http://www.lanacion.com.ar/1684542-los-rostros-de-la-literatura-argentina [Consulta: 27 de abril de 2014]

[8] Barthes, Roland. La Cámara Lúcida. Barcelona: Paidós, 1998, p. 45.

[9] Ibid, p. 46.