Piedra sentada, pata corrida

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Piedra sentada, pata corrida, de Ignacio Bartolone, pone en abismo una serie de estereotipos arraigados de la identidad nacional. Se presenta los viernes a las 23 hs en La Casona Iluminada.

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“Era aquel un lenguaje ideológico embanderado de textos extraídos de los más notorios anaqueles de una ´ciencia positivista´ bien dispuesta a proveer las ´pruebas irrefutables´ de la existencia de ´razas inferiores´. Pero también de una poblada narrativa de militares expedicionarios, viajeros científicos y cronistas de fronteras que iban trazando los contornos épicos de una empresa cuyos odiosos rasgos de violencia era necesario ornamentar con las togas de una hazaña cultural” H. G

 

Piedra sentada, pata corrida propone la deconstrucción de un personaje, marginado y marginal de la literatura/cultura nacional (el indio) y con ello la revisión (en clave de parodia) de la llamada “Conquista del Desierto” que  habilitó el despojo y el exterminio, avalada por los fundamentos ideológicos de ciertos discursos hegemónicos que se propagaron en correspondencias, crónicas de viajes, ficciones, partes de guerra, tratados filosóficos y un gran etcétera. Reformulo: Piedra sentada, pata corrida propone la deconstrucción de un discurso predominante que creó determinado imaginario sobre la indiada. Desde el comienzo, la palabra, la de ellos (los lechiguangas), la palabra bastarda, comienza a corroer esa letra legitimada, grabada a fuego.

¿Cómo lo hace? Con una punzante farsa civilizatoria (punzante digo yo, civilizatoria agregan ellos) que les permite jugar con el cuerpo y con el lenguaje y tomarse todas las licencias posibles para  desarticular ciertos lugares (sentidos) comunes en cuyo centro sigue girando la idea maniquea de la civilización y la barbarie. No por nada la mascota de esta tribu se llama Faustino y auspicia a veces de profuso narrador y otras de divinidad perentoria (el Gran Peludo).

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La obra se ubica en el borde, en esa frontera escurridiza de la pampa decimonónica que se desplaza y se niega a ser fijada (pampa representada en un gran telón de fondo que recrea toda su inmensidad artificiosa). Su límite es “la zanja de Alsina”. De un lado, el hombre blanco, del otro los lechiguangas, una tribu marginal, fracción araucana, que fue expulsada del clan mayor. Parias entre los parias, el cacique Olorá-Potro, la madre Lachigi-Vieja y los hijos (Duglas-Canejo y Guai-Mayén) van a defecar en la zanja, en el límite creado para detenerlos. Ese gesto los define más que su antropofagia, su vagancia y todos los motes impuestos. Son irreverentes, libres.

La zona imprecisa de frontera espacial se revela también en el lenguaje. La lengua lechiguanga se instala también en el límite, en la mezcla diacrónica, en el foso profundo de giros populares y gauchescos, arcaísmos y neologismos. Esta lengua se contrapone con el español cristiano y amanerado que sale de la boca de Guai-Mayén cuando intenta evacuar los restos de una cabeza blanca que no debió comerse o  con el discurso de Luciano Zeballos, personaje que aparece al promediar la pieza para precipitar el desenlace.

Luciano Zeballos, el representante de la supuesta civilización, pone en escena lo que planteábamos al comienzo de esta nota. Perdido en medio de la pampa, le escribe a un amigo sobre lo que ve (como lo hicieron tantos). Sus impresiones repiten los tópicos conocidos, tiene intenciones de educar y de bautizar a los nativos sin éxito. Lo realmente notable es la vuelta de tuerca que Bartolone le encuentra a este tema. Zeballos es también un marginal que encuentra entre los lechiguangas su verdadera y feliz identidad, travestido y convertido en la cautiva Ailín Chacón.

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Piedra sentada, pata corrida permite pensar la identidad como construcción impuesta desde los mitos fundantes, tan artificiosa como ciertas verdades, como la existencia de dios o de lo unívoco.  Se ubica en la periferia y desde ahí  habla de los indios y alude a otras minorías para colocarlas en el centro (Dice Lachigi-Vieja: “A Partir de hoy cambia la historia, cautiva-varón, cacique-mujer”).

Alguien dijo alguna vez:”Argentina es una familia complicada”. Esta obra es una forma inteligente y divertida de acercarse a esa complejidad que somos y que nos constituye.

 

Ficha técnica      

                                                                                                                                                                                Dramaturgia y dirección: Ignacio Bartolone. Asistente de dirección: Inés López Vicente. Actúan: Jorge Eiro, Cristina Lamothe, Eugenio Schcolnicov, Juan Pablo Galimberti, Gustavo Detta y Julián Cabrera. Diseño de vestuario: Paola Delgado. Asistente de Vestuario: Belén Biniez. Telón: Paola Sigal y Mariana Gabor. Iluminación: Claudio del Bianco. Realización de objetos: Lucia Costantino. Música: Ariel Obregón. Letra de Canciones: Ignacio Bartolone. Coreografía: Carolina Borca. Diseño: Daniela Rizzo. Fotografía: Lucas Olmedo. Producción: Inés López Vicente. Funciones: Domingos a las 21.15 hs en Timbre 4, México 3554, CABA. Reestreno: 2 de Agosto de 2015.