Cuánto es mucho para mamá, Clara Anich

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El suicidio de la madre enfrenta a dos hermanos con una verdad que no esperaban. El velorio, el dolor real y el fingido, los intereses alrededor de la herencia, todo está en la obra de Clara Anich con la excelente dirección de Jorge Brambati. Cuánto es mucho para mamá es una comedia de humor negro que toma un tema bastante transitado, pero que lo actualiza a partir de una propuesta original.

Con un comienzo que recuerda Las sillas de Eugene Ionesco, los hermanos Aldo y Susana entran al escenario con una silla cada uno, se sientan dándose la espalda y comienzan un juego escénico en el que lo manifiesto es que ambos sienten la pérdida de manera diferente. Estos dos personajes, además, al igual que el resto nunca se hablarán cara a cara, como si el diálogo frontal no fuera posible. Y es que la familia no garantiza la comunicación, el entendimiento, sino que, por el contrario, genera celos, reproches, envidia.

La puesta trabaja con el adentro y el afuera de la escena. Los personajes entran y salen ampliando el espacio escénico. Además de lo que ocurre frente a los espectadores, la acción continúa más allá de los límites de eso que se ve. El otro espacio, el del afuera, está configurado esencialmente por ruidos que invaden la intimidad de los dos hermanos como un símbolo de que el núcleo de la familia no podrá permanecer ajeno a lo que ocurre más allá de los límites de la casa.

La escenografía está compuesta por un cajón que está atravesando una puerta, atascado en el medio, como si la figura materna nunca terminara de irse. Además de las sillas mencionadas, completan la escenografía unas cajas apiladas en el fondo de la escena. Nunca sabremos qué hay adentro; quizás sean una manera de corporizar los secretos que rondan esta familia, lo oculto que se irá desocultando. Con respecto a esto último, la muerte de la madre de Aldo y Susana desencadena una serie de revelaciones, pero también evidencia el verdadero carácter de los personajes.

En cuanto a las actuaciones, sobresalen Silvia Quintanilla (Susana) y Ariel Ragusa (Aldo). El contrapunto entre ambos genera los mejores momentos de comedia de la obra. Muy buen trabajo, además, de Agustina Alieri Pan (Andrea), en el papel de la nieta, a quien la muerte de su abuela provoca un delirio místico. Completan el elenco Natalia Rey (Blanca) y Marcos Fernández (Francisco), que configuran el afuera y logran darle a sus personajes el tono justo. Todos, además, están caracterizados por una de sus facetas que se exagera desde lo corporal, y a partir de su vestimenta y de la voz: están en el escenario para mostrar solamente un rol, el que los define dentro de la obra.

Muy buena propuesta en el Korinthio Teatro, y la reacción del público durante la función lo certifica. La obra tiene ritmo, divierte y nos permite pensar también ciertas realidades que nos tocan a todos.

Clara Anich: escribe narrativa, teatro y poesía, y participó en varias antologías. En el 2005 fundó el grupo de narradores conocido como el Grupo Alejandría y es la editora de la revista Casquivana.

Jorge Brambati: es actor, director y docente. Trabajó en teatro, cine y televisión, además de ser jurado de concursos. Actualmente coordina el programa El ECuNHI de los chicos en el ECuNHI (Espacio Cultural Nuestros Hijos).

Ficha técnica

Elenco: Silvina Quintanilla, Ariel Ragusa, Agustina Altieri Pan, Natalia Rey y Marcos Fernández. Dramaturgia: Clara Anich. Dirección: Jorge Brambati. Asistente de dirección: Claudia Acosta. Música original: Ofelia Plantade – Ey Pacha! Vestuario: Cecilia Carini. Escenografía: Marcelo Salvioli. Iluminación: Marcelo Salvioli – Jorge Brambati. Técnico de luces: Martín Fernández. Diseño gráfico: Martín Acosta – capear! Producción ejecutiva: Andrea Feiguin.

Korinthio Teatro, Mario Bravo 437, y Valentín Gomez. Tel. para reservas: 2072-8803. Sábados 21h. Entrada general: $80 | Estudiantes y jubilados: $60.