Arte es lo que los hombres llaman arte

0
35

Hace un tiempo se corrió la voz que el director de la Tate Gallery de Londres, Sir Nicholas Serota, había admitido que algunas veces le resulta difícil reconocer a simple vista algunas obras de arte contemporáneo, o  saber si ellas son buenas obras de arte. Desde entonces, todos los demás simples mortales nos sentimos un tanto más tranquilos. Lo cierto es que debemos, nosotros también, admitir que  hay veces en las que al visitar un museo, una bienal o una feria nos resulta un desafío comprender las obras de arte expuestas, e incluso, hay casos en los que el desafío está en reconocerlas. Tanto es así, que unas cuantas veces hemos escuchado la anécdota de algún visitante despistado que admiró la silla del guardia de sala o un clavo olvidado en la pared  como crípticas piezas de arte conceptual.

Sin embargo, lo que Sir Nicholas Serota admite, al final de cuentas, no es su propia ignorancia sino el hecho de ponernos frente a la mayor problemática del arte contemporáneo: en tanto los artistas han empujado los límites de la definición del arte, hoy en día nos encontramos sin una definición o consenso sobre lo que una obra de arte es. “Arte es todo lo que los hombres llaman arte” concluye José Jiménez en su ya clásico “Teoría del Arte”.

Arthur Danto y Hans Belting trataron el problema y lo denominaron con un título vendedor y agorero: “el fin de arte”. Bien sabemos que el arte no murió y ambos filósofos en las primeras palabras de sus respectivos libros se preocupan por aclarar que en realidad lo que ha muerto es su meta-relato. Según Danto, cuando Andy Warhol expuso sus Brillo boxes en la Stable Gallery de Nueva York en 1964, se hizo patente el hecho de que nuestros ojos ya no nos sirven para distinguir una obra de arte de una simple caja de jabón en polvo. La diferencia entre la Brillo-Box-obra-de-arte y la Brillo-Box-caja-de-jabón-en-polvo no es algo que podamos observar sino que es una diferencia ontológica: son dos objetos visualmente semejantes pero pertenecen a dos categorías distintas: uno en una simple cosa y el otro es una obra de arte.

Estos problemas claramente no existían en el siglo XVIII ó XIX cuando por ejemplo, en Francia se erigía una Academia de Bellas Artes y se organizaba anualmente un Salón de Bellas Artes y ambas instituciones guiadas por los artistas más destacados se encargaban de dictaminar qué era una obra de arte y qué no lo era, y –lo que es aún más complicado- cuál era una excelente obra de arte, cuál era buena y cuál era mala y no debía exponerse en el Salón. En torno al Salón se generaron discusiones, como es el caso de “El desayuno en la hierba” de Édouard Manet que en 1863 se expuso en el Salón de los Rechazados, institución creada por Napoleón III para exponer las piezas que no reunían los requisitos exigidos por el Salón oficial. Hasta mediados del siglo XX ciertas instituciones artísticas o grupos de artistas se encargaron de ajustar la definición del arte de acuerdo a las ideas de lo que éste era o debía ser y existía un consenso o ciertas pautas que eran conocidas por todos y permitían al público acercarse al arte y admirarlo sin el temor de estar ponderando la silla del guardia de sala confundiéndola con un Kosuth.

Sin embargo hoy en día, hemos llegado a una etapa en la que la ausencia de una definición de arte ha dado lugar a que el mercado deje de ser un espacio de mero intercambio comercial para pasar a instituirse a sí mismo como juez en cuestiones estéticas. Por lo tanto se entiende como arte aquello que se comercializa como tal y como una gran obra de arte aquella por la que se pagan altísimos precios. Tanto es así, que la mayor parte de las noticias que se publican sobre arte en los medios masivos no son críticas o reseñas sobre exposiciones sino que son crónicas que detallan los precios pagados en la última subasta o el último record de millones pagado por un magnate.

El caso más resonante y sobre el que se han escrito ríos de tinta es el del artista británico Damien Hirst quien, hábilmente acompañado por sus galeristas y por sus compradores, ha logrado generar un prontuario de récords millonarios en su carrera. Sin embargo, no hace falta tomar un caso tan resonante para observar el predominio que tiene hoy el mercado como juez y parte: el calendario anual de ferias de arte y subastas compite con el calendario de bienales y exposiciones internacionales y tanto unas como otras son escenario de generación de valor simbólico y valor de mercado.

En algo más de un mes en Buenos Aires se llevará a cabo arteBA, feria de arte contemporáneo que año a año incrementa sus esfuerzos por ponerse a tono con las prácticas y los gustos internacionales. arteBA ha logrado establecerse como el eje del arte contemporáneo porteño en una ciudad que tiene una oferta cultural extraordinaria en calidad y cantidad pero que carece de una Bienal de arte contemporáneo. El desinterés estatal en organizar una instancia institucional de exhibición y discusión sobre arte contemporáneo ha dejado un espacio vacante que ha sido hábilmente ocupado por una organización cuyo principal objetivo no es buscar e indagar sobre el arte contemporáneo en Argentina sino venderlo al mejor precio y al mejor comprador posible.

Nuestra habilidad como espectadores está en no dejarnos engañar con los espejitos de colores que algunas veces ofrece el mercado pero tampoco actuar rechazando de plano cualquier artista sólo por su éxito comercial. Nosotros, como Sir Nicholas Serota, algunas veces no sabremos si estamos frente a una obra de arte o si ésta es buena o mala, pero nos valdremos de nuestros conocimientos y nuestra inteligencia para investigar al artista y la obra y saber si es un excelente artista contemporáneo, un simple hit de mercado o la silla del guardia de sala.

 

Daniela de la Rez es Historiadora del Arte y Magister en Arte Latinoamericano. Es profesora universitaria de Mercado de Arte y Arte Argentino, y participa desde hace más de una década de la feria ArteBa a través de Ro Galería de Arte. Dicta cursos sobre Mercado de Arte dentro del CIEC, Centro Integral de Educación Cultural. Para contactar sus clases, dani.delarez@gmail.com