La razón derrocada, Hisham El-Naggar

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Encerrados en un convento después de la declaración de la República en la Francia de 1793, cinco personajes buscan protegerse: dos prostitutas –Claire y Valerie–, un marqués, un extranjero –José– y aquel que los somete aprovechando sus miedos –Fauvel–. La razón derrocada, sin embargo, no es una obra histórica; en palabras del director Diego Cosin, la obra es un revival desde nuestra perspectiva.

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El cruce entre lo histórico y lo actual se verifica en la presencia de algunos temas que exceden una época determinada: la búsqueda de la libertad, la violencia, el secuestro de personas, el chantaje, el sometimiento, y las tortuosas relaciones entre sometedor y sometidos.

Más allá de la universalidad de su planteo conceptual, La razón derrocada puede también analizarse desde la perspectiva del carnaval bajtiniano, una fiesta popular en la que predomina la inversión de valores: mundo al revés, universo donde reina la parodia, la degradación, la profanación. Y en esta inversión, es la máscara la que juega un papel preponderante: La máscara expresa la alegría de las sucesiones y reencarnaciones, la alegre relatividad y la negación de la identidad y del sentido único, la negación de la estúpida autoidentificación y coincidencia consigo mismo; la máscara es una expresión de las transferencias, de las metamorfosis, de la violación de las fronteras naturales, de la ridiculización, de los sobrenombres.

Los personajes de la obra habitan en un espacio cerrado, opresivo –el convento–, mundo al revés en el que quien manda no es una autoridad religiosa, sino un chantajista, un manipulador, un violento, alguien sin escrúpulos, pero que asume una máscara: se presenta como presunto salvador porque permite que el resto de los personajes se refugie allí. Además, hay otras dos máscaras más evidentes, las de las dos prostitutas que representan la Razón y la Libertad, degradadas ahora. En una época anterior de esplendor, estas dos mujeres personificaban ante el pueblo estas dos ideas y la gente celebraba su representación. Sin embargo, es significativo que solo al comienzo Claire y Valerie tengan puestas sus máscaras: a medida que nos acercamos al momento definitivo, las máscaras caen y estos dos personajes se asumen en su identidad porque solo a partir de ese reconocimiento es posible la salvación.

El escenario juega con tres planos que se relacionan con lo anterior: un espacio amplio que representa tres habitaciones que son las del marqués, la de las prostitutas y la de José; un espacio superior, la habitación de Fauvel, y el afuera, el lugar del que los personajes escapan y al que temen. Más allá de las diferencias espaciales, los ámbitos se contaminan unos con otros, se mezclan, y nuevamente se invierten a la manera carnavalesca. En un mundo incierto y con valores poco firmes, es difícil mantenerse en un lugar demasiado tiempo.

Mediante una acertada iluminación, el espectador recorre los diferentes planos, percibe atmósferas; la luz recorta o destaca, amplía o reduce. La música, asimismo, colabora con la ambientación y junto con el vestuario es lo que nos remite a la época histórica, mientras que el lenguaje utilizado –muy porteño por momentos– y los temas abordados desmitifican ese pasado tal como afirma Diego Cosin: Mi intención es trabajar con la época pero desde una perspectiva actual, tomando como modelo el odio actual, la desconfianza, y creando un estado pesadillesco, a través de imágenes kafkianas sobre el maltrato y la búsqueda infructuosa de la libertad.

En lo que respecta a las actuaciones, Marcelo Roitman, Natalia Villena, Aitor Miguens Tellería, Julieta Guerrero y Nacho D’ Onofrio logran darles individualidad a sus personajes  y recorren el escenario mostrando también a través de lo corporal rasgos de sus caracteres. Es interesante ver cómo los lugares que ocupan en el escenario, las posturas que asumen, los tonos de voz, y la relación de mayor o menor proximidad entre ellos acompañan cada uno de los diálogos y logran una síntesis entre los diferentes elementos del drama.

Así como en el Carnaval la vida renace y se renueva sobre la base de mejores principios, en La razón derrocada el espectador percibe –desde el autor y desde el director– una intencionalidad clara de apostar por ese renacimiento que alcanza al espectador como último creador de significados.

Ficha técnica

Actores: Marcelo Roitman, Natalia Villena, Aitor Miguens Tellería, Julieta Guerrero, Nacho D’ Onofrio. Dirección: Diego Cosin. Autor: Hisham El Naggar. Música: Carlos Simkin. Fotografía: Diego Cipolla. Asistencia de dirección: Lautaro Heder.

Escenografía: Matías González. Iluminación: Mariano Tosi. Vestuario: Mariela Daga. Maquillaje: Dora Angélica Roldán.

Funciones: sábados a las 19, teatro Payró: San Martin 766 (CABA)
Reservas: 4312-5922

Entradas: $80. Estudiantes y jubilados: $40

+info: http://www.teatropayro.com.ar/

Hisham  El-Naggar: nació en Egipto y vivió en Suiza, el Líbano, Estados Unidos y desde 1995 en Argentina. Economista de profesión, escribió cuentos y poemas, novelas (inéditas) y numerosas obras de teatro que han sido representadas en Buenos Aires y Mar del Plata (en castellano) y en Montreal, Canadá (en inglés y francés).

Diego Cosin: es Actor, director teatral y productor de contenidos artísticos. Nació en Buenos Aires. Realizó estudios de actuación y dirección teatral con Alberto Ure y Miguel Guerberof y de Historia del Arte en la UBA. Egresó de la carrera de Regie del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón.