Un Vania

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Un Vania, de Marcelo Savignone, es una inteligente y novedosa versión del clásico de Chéjov. Se presenta los sábados a las 20 hs en La Carpintería. Últimas funciones.

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No se puede jugar a medias
Si se juega, se juega a fondo
para jugar hay que apasionarse
para apasionarse hay que salir del mundo de lo concreto
salir del mundo de lo concreto es incursionar en el mundo de la locura
del mundo de la locura hay que aprender a entrar y salir
sin meterse en la locura no hay creatividad
sin creatividad uno se burocratiza
se torna hombre concreto
repite palabras de otro.

Eduardo Pavlovsky

 

Marcelo Savignone construye un Vania muy particular entre todos los tíos Vania posibles. La singularidad de su puesta radica en que no intenta imitar la voz del otro (del original, de Chéjov) sino que potencia su propio lenguaje (que lo conforman palabras pero también cuerpo en movimiento, gestualidad, ironía latente) para llevarlo al extremo de la locura, del sueño. Así logra que Chéjov se actualice, viva y que sus personajes conserven la fuerza de antaño porque no están sacralizados. Continúan siendo grises, desahuciados, infelices  y  sus cabezas siguen ardiendo en llamas (como lo ilustra la imagen del programa de mano) porque lo que no hacen, lo que temen hacer, los hiere, los perturba.

Entre la quietud y el movimiento, Savignone supo leer los recovecos del texto de Chéjov para iluminarlos y hacerlos visibles. Así, una dimensión onírica y lúdica domina la escena. “Cuando la vida falla es mejor vivir de espejismos” dice uno de los personajes y entonces las ilusiones comienzan a girar por esa atmósfera quieta y pesada y comienza a virar también la escenografía, los objetos, el ángulo de visión. El teatro es un órgano vivo, es juego y Un Vania se hace cargo con inteligencia y audacia de esa afirmación.

Entre el silencio y el grito liberador, la voz, la queja y el dolor de Vania (“¡Oh, si supieras cuánto sufro!”)  aparecen resaltados en el silencio de Serebriakov. Este último personaje, reducido a la rigidez de un maniquí, acentúa además el carácter absurdo de la existencia de Tío Vania, quien le ha regalado a ese ser inerte su juventud, su pasado y sus deseos de vivir.

Savignone, en la piel de Vania, mueve los hilos de la escena, marca el ritmo, decide cuándo se avanza y en qué momento retroceder. En esos puntos percibimos también su preciso trabajo como director. Su infinidad de recursos le permitieron dotar a esta versión de movimientos coreográficos, de gestualidad (a veces medida, a veces exacerbada) y de un humor muy corrosivo que permite sonreír aun siendo conscientes de ese devenir en la infelicidad y la tristeza.

La eterna pregunta (¿Cómo actualizar un clásico para que no se convierta en una pieza de museo?) encuentra aquí su mejor respuesta: Hay que indagar en los propios límites, en el propio lenguaje para que la voz del otro reaparezca con nuevos bríos y la obra siga siendo una experiencia de disfrute.

Para el espectador, se trata de entrar en el juego, de despojarse de prejuicios para entrar en una zona poco segura, arriesgada, de la que se sale, si uno se deja llevar, renovado y lleno de alegría.

 

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=yRrc9i7O2LY[/youtube]

 

 

Ficha técnica

Actúan: Paulina Torres, María Florencia Alvarez, Merceditas Elordi, Marcelo Savignone, Luciano Cohen, Pedro Risi. Concepto y dirección: Marcelo Savignone Dirección de textos y colaboración artística: Eva Rodríguez Asistencia y colaboración artística: Nela Fortunato y Andrea Guerrieri Escenografía: Lina Boselli Realización de maniquí: Flavio Pagola Vestuario: Mercedes Colombo Iluminación: Ignacio Riveros Técnico: Daniel Schabert Gráfica y diseño: Ed Carosia Fotografía: Cristian Holzmann Video: Belén Robaina Producción ejecutiva: Silvia Barona. Funciones: Sábados a las 20 hs, Teatro La Carpintería, Jean Jaures 858, CABA.