“Only lovers left alive”, de Jim Jarmusch

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En esta edición del BAFICI se presentó con tres funciones la última película de Jim Jarmusch “Only lovers left alive”, su mejor desde “Ghost Dog: The Way of the Samurai”. El director volvió a encontrar su forma después de la fallida “The limits of control”, haciendo foco sobre algunos de los temas siempre cercanos a su obra.

Esta vez los protagonistas son un par de vampiros, pero, lejos de las características que se le atribuyen al género estos días, esta es la historia del romance entre Adán (Tom Hiddleston) – que parece sufrir de la maldición de vivir en el estereotipo del músico que es un genio creativo recluso, mientras que él, vampiro, es la figura original en torno a la que se creó el concepto-, y Eva (Tilda Swinton) que va a su reencuentro para acompañarlo en otra de las temporadas oscuras de depresión que acechan su existencia. El encuentro sucede en la devenida ciudad de Detroit, de la que Jarmusch se vale para evocar la atmosfera nostálgica.

Eva sabe cómo llevar a Adán a esos recuerdos e ideas que lo entusiasman. Sabe la rutina para sacarlo de su agotamiento, y así, mientras el habla cuanto lo molestan los zombis, para él, los mortales (“I’m sick of it – these zombies, what they’ve done to the world, their fear of their own imaginations”), ella lo provoca para que le hable de los temas de su interés, como teorías de Einstein y reflexiones sobre la vida y obra de Nikola Tesla.

Como en otras películas de Jarmusch, el sentido de ciclos tiene mayor importancia. Se vale de la memoria cultural como ciclo de continuación. Así es como ha hecho aparecer a Johnny Depp con el nombre de William Blake en “Dead Man”, o a Forest Whitaker como un seguidor de los códigos samurái que se vale como asesino a sueldo para la mafia italiana en “Ghost Dog: The Way of the Samurai” – película que a su vez hace referencias explicitas de “Le Samouraï” de Melville. También por este pensamiento posmoderno de su obra es común encontrar a un músico como actor protagonista: el reconocimiento de que en algún punto de la Historia de las historias deben haber sido la misma cosa. Jim Jarmusch siempre ha trabajado con una filosofía sobre robo/atribución/apropiación que se aplica al concepto de originalidad en una forma godardiana, con el corazón del bebop, cuando un jazzista citaba el fraseo que otro músico que quizás ya lo había tocado en ese mismo lugar la semana pasada, algunas veces como homenaje o un simple guiño, otras por erudición y otras porque la frase continua perteneciendo a nuevas instancias de interpretación.

Los vampiros de “Only lovers left alive” han vivido todos esos momentos y lugares en que los artistas tuvieron la energía de su inspiración al servicio de las circunstancias históricas, trabajándola y derrochándola con la misma imprecisión que llevaban sus vidas. Adán se frecuentaba con Byron y Mary Shelley, y ahora, siglos después, con Eva son amigos de Christopher Marlowe (John Hurt), el escritor de teatro isabelino al que algunas teorías – como esta película – le atribuyen las obras de William Shakespeare. Tras el lamento de Marlowe por haberle dado el reconocimiento a ese “zombi analfabeto filisteo“ que era Shakespeare, Adán le responde “por lo menos pudiste sacar el trabajo al mundo”. La fama corre en paralelo a la idea de circulos y ciclos, que son la narración de la Historia, mientras que la eternidad, más para Adán que para Eva, es la historia no escrita, esa que sucede en los márgenes (como ese cine independiente del que Jarmusch fue rey), esa que trata sobre todo aquello que no puede ser olvidado porque nunca fue recordado en primer lugar, todo desecho que no puede servir al proceso de actualización continua del status quo del presente, que para Adán, y quizá para Jarmusch, es un lugar en el que la fama y todo aquello que parece perdurar (Shakespeare no es Shakespeare) no son garantes de verdad o sabiduría.

Sobre estas ruinas se para Adán, con la carga consciente de ser uno de los pocos testigos. Pero al otro lado esta Eva, siempre al otro lado, constante, su monumento, su toque de queda. Y es esta idea de romance la que lo salva a Adán, que la admira a ella en la forma en que Eva admira al mundo, y quizá también sea esto lo que reconcilia las historias de atribución olvidadas con las de reverencias y reconocimiento que traen consigo las creaciones aparentemente originales.