Iranian en BAFICI 2014

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Dirigida por Mehran Tamadon (Irán, 1972), arquitecto y artista que antes de este largometraje ha filmado Mothers of Martyrs (2004) y Bassidji (2009), otro largometraje documental sobre la milicia político-religiosa nacida en 1979  de voluntarios iraníes.

En Iranian Tamadon reafirma sus temas. El filme consiste en registrar una experiencia de convivencia con compatriotas religiosos en una casa del director en las afueras de Teherán. Tamadon vive y trabaja en Francia, y, portando un historial de relaciones conflictivas con el gobierno de su país, la realización de este filme le ha implicado una imposibilidad aún mayor de regresar, bajo la pena de ser retenido en Irán ya que la próxima vez definitivamente no lo dejarán salir.

El eje que la película irá desarrollando tiene que ver con uno de los cruces más problemáticos del mundo árabe: el de los conceptos de Estado/Religión, unificado en Irán en uno solo desde la revolución del Ayatollah Khomeini en 1979 que proclamó, vía pleibiscito, la República Islámica. Así, el tema de la película puede sintetizarse, según el análisis de lo que los protagonistas dice, un análisis de discurso, digamos, en esta pregunta: la sociedad ideal, ¿debe ser religiosa o secular?

La película, que desde el punto de vista de la política internacional, los debates sociológicos y filosóficos sobre territorialidades, ideologías y subjetividades es totalmente fascinante, se convierte en un debate verbal y visual sobre la vida en común, las prácticas y costumbres implícitas en todo discurso religioso y moral anclado en organizaciones eclesiales, pero esa especificidad temática logra provocar al espectador que en cierta manera, se siente interpelado. Tamandon exhibe a pura retórica y mayéutica, como un pequeño Sócrates, su fracaso sistemático en el intento de hacer pensar al otro desde otro lugar. Es polémica porque transita el choque cultural desde la discusión sin metáforas, entre dos universos tan opuestos como pueden ser Francia e Irán y activa acercándolos la mirada crítica y propia frente a un tema tan complejo y culturalmente denso.

Una sola cuestión que tiene que ver, una vez más, con la mirada etnológica etnocéntrica, para llamarla de alguna manera. Antes de la proyección la película es presentada por un programador (cuyo nombre ignoro, los programadores y presentadores del bafici nunca se presentan a sí mismos, quizás dan por sentado que su celebridad es conocida por alguien más que por alguna revista de ghetto especializado). Este programador felicita a la sala llena por haber asistido en un día de paro nacional. Y explica que vió la película en el Festival de Berlín, donde participó de la sección Forum y la seleccionó inmediatamente. Y destacó el aporte del filme al debate en tanto su tema habla sobre los peligros de considerar que el poder mayoritario es un poder absoluto.

Personalmente creo que este no es el tema  de la película. Más allá de pensar que la voluntad mayoritaria es soberana (y el tono de la frase del programador incitaba al debate pidiendo aclaración sobre este punto), creo que el tema de la película, como ya dije, es qué sucede con las repúblicas religiosas, que se guían por códigos ancestrales sumamente normativizados, de origen moral, como metafísica de sus Estados.  Ya la frase “república religiosa” es interesante, y confronta otros mundos para los que su comprensión, lejos de surgir de supuestos universalistas, requiere un trabajo de despojo de sentidos comunes, conocimiento del otro y aperturas mentales.

 

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