Esto es tan solo la mitad… De todo aquello que me contaste

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Dos obras, una historia, un muerto, dos velorios en una atractiva propuesta que transita su segunda temporada, los domingos, en Espacio Polonia.

 

Se trata de saber o no saber, de querer asir la verdad o repelerla. La información circula (por el relato, por los cuerpos, por los dichos, por las habitaciones donde los deudos despiden en forma separada a Piero Lascia) pero los saberes están estancados, a la espera de una decisión: saber o no saber. En esa disyuntiva  se desarrolla la historia de estas dos obras.

Los hijos conocen nada o casi nada de su padre muerto y por eso mismo tampoco conocen nada o casi nada de sí mismos. En esa incertidumbre transitan la escena, pelean, se preguntan, se reprochan, lloran propias miserias, se guardan secretos, mientras el cadáver se va descomponiendo, se va poniendo verde. El padre es el gran ausente (siempre lo fue) y con los retazos que quedan los hijos (los hermanos, los medios hermanos) deberán hacerse cargo, como puedan, de su conflicto de identidad.

Desde su ingreso a la sala, cuando se le entrega una estampita de San Cipriano y se le otorga el pésame, el espectador quedará inmerso en el conflicto y deberá decidir él también cuánto quiere saber, si ve las dos obras o se queda con la mitad de todo aquello que tienen para contarnos.

Desde su ingreso a la sala, cuando se le entrega una estampita de San Cipriano y se le otorga el pésame, el espectador quedará inmerso en ese conflicto y deberá decidir él también cuánto quiere saber, si ve las dos obras o se queda con la mitad de todo aquello que tienen para contarnos.

Dos obras, una historia, un muerto, dos velorios (o dos habitaciones del mismo velorio). En la primera habitación (en la primera obra), los hijos porteños, los dueños de casa, duelen su duelo a contrapelo, sumidos en un dolor más profundo que la pérdida (¿Es algo así posible?), en el misterio de su propia existencia. Se preguntan qué deben sentir, qué sienten o por qué no sienten nada. La dimensión íntima y personal domina la escena. En la otra habitación (en la otra obra), los hijos sanjuaninos duelen su duelo como extranjeros, como advenedizos, desandan sus propias preguntas pero la dimensión política prevalecerá sobre las otras y el hijo que sabe (que quiere saber) cambiará el sentido (o dotará de otros sentidos) a la totalidad. En una tercera habitación (que nunca vemos) yace el muerto que se ha llevado consigo un pasado oscuro y todas las respuestas.

Una canción infantil, actitudes extrañadas, silencios y miradas confusas viraran hacia una zona de luz, otorgada no por la felicidad  que podría brindar la verdad sino por su necesidad: Saber nos hace libres. En ese sentido, Esto es tan solo la mitad…De todo aquello que me contaste  retoma el dilema nacional de la lucha por la identidad (¿Quiénes son y dónde están nuestros padres? ¿Dónde están nuestros hijos? ¿Quiénes somos en consecuencia? ) y el dolor de no saber.

Lo hace desde una óptima inteligentísima, con un dispositivo audaz que requiere de cierta sincronía espacio- temporal  (con entradas y salidas de escena) que respeta y le permite jugar (y nos permite también a nosotros jugar) a armar el rompecabezas de la historia de los Lascia, que es también nuestra historia, para que no  caigamos nunca más  “En el país del no me acuerdo”.

 

Ficha técnica

Dramaturgia y dirección: Pablo Bellocchio Actúan: Estefanía Revas, Gimena Romano Larroca, Nicolás Salischiker, Juan Tupac Soler, Rodrigo Bianco, Verónica D´Amore, Jorge Gentile, Jimena López  Fotografía: Pía Levy Diseño gráfico: Rodrigo Bianco Asistente de escena: Agustina Peres Asistente de dirección: Martina Carou Funciones: Domingos a las 19 y 20 hs en Espacio Polonia, Fitz Roy 1477, CABA.