BAFICI 2014: El futuro (del cine) puede ser sombrío con películas como ésta

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El futuro (del cine) puede ser sombrío con películas como ésta

 Lo primero que se ve cuando empieza la proyección de El futuro es que participó en el último Festival de Locarno. Investigando un poco más a fondo se revela que lo hizo fuera de competición. Por lo tanto al jurado del Festival se le ahorró la disyuntiva de plantearse si el film hubiera merecido algún premio, aunque es probable que, de estar en competición, la decisión hubiese sido favorable. A esta altura quien esté leyendo esta nota  podría pensar que quien esto escribe hubiese compartido dicha postura positiva.

En realidad, no es ése el caso y lo antes afirmado responde más que nada a una presunción basada en que el jurado otorgó el Leopardo de Oro a “Historia de mi muerte” de Albert Serra (“Honor de caballería”), un director cuyos films en su mayoría este cronista detesta.

Pero lo bueno del cine es que se trata, básicamente como cualquier otro arte, de una disciplina donde lo que domina es la subjetividad. Al salir de la proyección de prensa hubo opiniones diametralmente opuestas por lo que lo que se expone seguidamente es apenas una crítica sincera y no pretende que sea compartida por quienes la lean. 

El film del español Luís López Carrasco, en Competición Internacional, comienza con la pantalla totalmente oscura donde apenas se escucha la voz de Felipe González pronunciando el discurso en ocasión de la victoria del PSOE en 1982. Poco después aparecen las imágenes de una fiesta en una especie de mansión y de allí en más, salvo unos pocos minutos finales, la cámara no abandonará esos recintos ruidosos con unas canciones cuyas letras poco inteligibles se revelan a través de los subtítulos en inglés. De no figurar estos textos, poco entendibles serían los diálogos y uno se pregunta que es lo que puede aprehender alguien que la vea sin traducción. Ocurre que la música suena tan fuerte que las conversaciones resultan inaudibles.

Las canciones resultan en muchos casos detestables con expresiones como “Vómito de azul limón”, “Nigeria, hace calor y necesito un baño frío” o también una versión abominable en castellano de “Heroes”, una de las mejores canciones de David Bowie.

Por momentos da la impresión de que el director dejó que la cámara continuara funcionando todo el tiempo ya que por la pantalla se cruzan sombras de personas a menudo fuera de foco o se ven primeros planos de gente no siempre muy agraciada. Hay algunas escenas que rozan el mal gusto como cuando una mujer no tan joven descubre un seno e invita a varios de los presentes, hombres y mujeres, a gustar la leche, que alguien dice “tiene gusto a vainilla”.

 Cerca del final el sonido se vuelve un chirrido, las imágenes pierden nitidez, aparece un círculo negro y sólo faltó que la imagen ex profeso se pixelara.

Uno puede preguntarse que tiene que ver la escena inicial con el resto aunque hay algunos indicios como la charla que sostienen dos personas, una de las cuales (con sus anteojos y patillas que lo hacen parecerse un  poco a Woody Allen joven) defiende al ETA y en sorna le dice a su interlocutor: “vota al PSOE!”.

El mensaje parece ser que el “futuro” se revela sombrío, aunque se podría hacer otra lectura y pensar que, de proliferar películas como ésta, es el futuro del cine el que está en peligro.  

 

Próximas funciones:

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