La última película, Raya Martin/Mark Peranson en BAFICI 2014

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Con el director, actor y guionista Alex Ross Perry (EEUU, 1984) como conductor de esta nave de los locos milenarista, insólita y paródica, La última película es una suerte de manifiesto descreído, anticultural, divertido y ácido sobre el cine como actividad que se desinstala y se desintegra, y en cualquier caso sale de cauce de los marcos tradicionales.

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Película que avanza sin armarse nunca, disolviendo sentidos en cada intento por buscar alguno, una de las hipótesis posibles que plantea es para qué filmar, qué filmar y cómo filmar. Cada una de las tesis del personaje director Ross Perry se ve confrontada con el afuera que está capturando, en lo que será la última cinta del mundo filmada y montada de manera analógica. Dice al comienzo el personaje que el cine es destrucción, o mejor, autodestrucción.

Así el personaje plantea una película que cerrará la serie de las miles ya realizadas por la industria cultural. Pero desde otra lógica. No es la superación hegeliana del cine, esta última película. Y este es un punto interesante, si el cine es en su definición modernista el arte perfecto para contener, expresar y consagrar la idea de progreso (desde cualquier lugar: dramático, conceptual, formal, tecnológico, económico, cultural…) es decir, si el cine es el broche de oro de las artes en relación con el proyecto de la modernidad que comienza en la perspectiva central ordenadora del mundo que asoma en la veduta del Quattrocento y se encuentra maravillada de sí misma y de su logro a la salida de los obreros de la fábrica, en la película llegamos al final del cine no por superación de una idea, si no porque se termina el soporte. Se termina el material que permite el registro, se agota su posibilidad física.

La cuestión industrial del cine analógico seriado se disuelve, es el último celuloide que nos queda antes del fin del mundo. Ahora sí, queda el digital, ahora sí, la obra de arte en la era de la reproductividad técnica a pleno. ¿Qué vamos a filmar? Y en ese qué transcurre la película. ¿Qué vamos a crear? Post producción en la retórica los objetos: una película hecha de desperdicios, basura, ruinas, capas, simulacros… “La basura dura para siempre, pero la memoria es muy frágil”, dicen los protagonistas. La ruina reverenciada sin contexto histórico. La filmación de las hordas new age post jodoroskianas reverenciando la pirámide maya en los solisticios. La crítica anclada históricamente (“me da vergüenza ser de Estados Unidos”, dice el protagonista director al escéptico e interesante otro personaje, protagonista también, guía turístico mexican boy).

La post producción como nodo constructivo también trae el tema de la pervivencia, de la duración de la obra de arte y por supuesto, de la historiografía. De los distintos modos de concebir la relación obra de arte/tiempo, siendo el contacto con el tiempo, con el progreso, con la historia de este desde allá / desde aquí, el comienzo del Apocalipsis, la alteridad horadada por la etnografía estetizante para la cual, La última película está produciendo, ni más ni menos, la última de las piezas del museo posible de un futuro cerrado desde la perspectiva del presente.

Descentrado de los orígenes de su propia práctica, esta película (como tantas otras de estos otros cines), puede ser vista como una interrupción necesaria de todas las coordenadas culturales y de todas las linealidades que precisarlas implique, y lo fascinante son las territorializaciones que desafía. Estamos en un festival de cine cool de Buenos Aires viendo un fluir de imágenes hechas en México y su mexicanidad, junto a las pirámides de la rivera maya y tan cerca del core físico y metafísico de la industria, en una película filmada por un filipino y un canadiense, que con toda la fuerza del gesto paródico de un acción con toques de humorada proponen una lectura cultural fascinante. Distintos formatos fílmicos contrastados, las condiciones de producción evidenciadas para una imagorragia caprichosa y rizomática que atraviesa múltiples lugares y va revocando pretensiones, riéndose de sí mismo y de cualquier quehacer del análisis cultural. La neo neo neo neo vanguardia se supera a sí misma.

En algún punto, esta pieza súper recomendable de ver me hace acordar a otra, también encomiable, Yvy maraey, Tierra sin mal de Juan Carlos Valdivia. Creo que ambas películas podrían ser vistas juntas y puestas en diálogo.

Mirá la ficha técnica, funciones y horarios de La última película en BAFICI 2014, aquí

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