Cómo escribir sin obstáculos, Francisco Cascallares

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Cómo escribir sin obstáculos está formado por seis cuentos que representan, cada uno de ellos, una metáfora de la escritura. Además pueden leerse como una unidad en la que se busca abordar, no de manera concluyente, los diferentes caminos que puede elegir un escritor, cuál es la materia prima para su tarea, qué materiales le permiten al narrador traducir aquello que quiere contar.

Si el escritor es aquel capaz de tener una mirada especial sobre los hechos, sobre las cosas, sobre el resto de las personas, los cuentos de Francisco Cascallares hacen del mirar un momento importante, casi fundacional. Sin embargo, para que esa mirada se transforme en literatura, es necesario el extrañamiento, el vivir algo como si nunca se hubiera vivido o como si tuviera algo que lo hace diferente. Entonces, surge la gran isotopía que se construye alrededor de esa diferencia: el protagonista de “Temporada” dice que nunca se acostumbrará a la visión de Viki, que nunca va a lograr naturalizarla. En “Simulacro” el viejo, uno de los personajes secundarios, es solamente parte de algo que lo incomoda, y en esa sala donde se expone La última cena de Miguel Ángel, hay algo errado. Algún error peligroso. “Todos nos habían mentido”, por su parte, cuenta una historia desde el punto de vista de un niño que se propone mirar de determinada manera: Entonces miré de nuevo, a lo mismo, pero de otra manera, y algo de lo que veía cambió –mi propia manera de ver se movió–.  En “Tender”, el último cuento, el protagonista busca desesperadamente vivir en un orden que le permita afirmar la normalidad de las cosas, de volver a entrar en contacto cuando uno está, cómo decirlo, alejado. El estar alejado es tener una mirada distinta, una mirada de escritor.

Todo lo anterior concluye en una poética acerca de la palabra como creadora de realidad a través del contar, del escribir: toda escritura instaura una realidad, crea mundos. Lorena, el personaje femenino, afirma: Ahora pienso que solo hay unas poquitas palabras y que las palabras están para nombrar las cosas, pero solamente a unas poquitas cosas. Y cuando las nombrás, son reales, solo entonces son reales. Y si es la palabra la que da realidad, hay que contar; los personajes tienen que poner en palabras lo que les pasa, lo que sienten, porque relatar es también una manera de asumir la propia realidad, de conocerse más, de entender aquello por lo que están pasando, de pertenecer a un mundo, de crear orden en el caos: Y yo le largo en la cara mi relato, con la excusa de que es lo que estoy escribiendo o planeando escribir, pero en realidad es algo así como mi autobiografía de los últimos meses.

En el contar, además, se establece una relación particular con el receptor, con el “lector” de ese relato. Cuando Lorena cuenta su historia en “Lo que vas dejando atrás”, Guido sabe que ese escuchar va a cambiar las cosas de una vez y para siempre, y que lo que lo incomodaba antes de escuchar la historia ahora es peor que antes. En este cuento hay dos menciones muy significativas: el té en la taza lo lleva al protagonista al recuerdo de Caronte y su barca en el Estigio, y al recuerdo de un rey vikingo en la cubierta de un drakkar. Escuchar una historia, o en su defecto leerla, es iniciar un viaje peligroso, es descubrir, es dudar, es destruir y construir al mismo tiempo.

¿Hay diferentes tipos de escrituras? Sin dudas, pero en todas es el deseo de lo otro, es una búsqueda para sortear los obstáculos que se le presentan al escritor, es sentir que uno es auténtico con lo que hace. Por esto, cuando al protagonista de “Tender” le pagan muy bien por un guion, no queda conforme porque su historia termina siendo una bola de nada, apenas menos interesante que un trapo mojado hecho un bollo en un balcón.

Cómo escribir sin obstáculos comienza con un epígrafe de Rodolfo Walsh: No sé por qué ese sitio familiar me resultaba, de golpe, desconocido, un paisaje del que no se vuelve porque ya es demasiado tarde y se está muy lejos. Francisco Cascallares intenta, y lo logra a través de imágenes muy potentes, traducir en sus cuentos ese paisaje desconocido que es la literatura, ese viaje que necesariamente nos lleva a otro lugar del que no se puede volver siendo el mismo.

Ficha técnica

Cómo escribir sin obstáculos, Francisco Cascallares, Pánico el Pánico, 2013, 72 págs.

Cinco escritores leyendo el cuento que da nombre al libro

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