Hoy se cumplen 100 años del nacimiento de Octavio Paz

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El legado y la poesía de Octavio Paz volverán a ser discutidos hoy en México para celebrar los 100 años de su nacimiento. Desde la creación de un sello postal, hasta lecturas de sus poesías, mesas de discusión sobre su obra en relación con temas como la identidad, la política y la historia de México, todo forma parte de la fiesta que organizará el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta).

Octavio Paz nació el 31 de marzo de 1914 y falleció el 19 de abril de 1998. Rafael Tovar y de Teresa, presidente del Conaculta, destacó el papel que el premio Nobel 1990 desempeñó en la crítica del arte, al ser uno de los pocos escritores en dedicar sus obras a este terreno de la cultura, y aseguró que esa influencia se verá reflejada en la exposición Un soplo de luz. Octavio Paz y el mundo del arte, que se inaugurará en septiembre en el Palacio de Bellas Artes.

Otras ciudades en las que el escritor mexicano dejó huella como Río de Janeiro, Barcelona, Buenos Aires, Londres y Bogotá, se sumarán a los festejos con conferencias magistrales, exposiciones y mesas redondas.

En Madrid habrá una ponencia con Mario Vargas Llosa, Jorge Edwards, el exespresidente español Felipe González y Enrique Krauze, en la que se abordará el pensamiento de Octavio Paz en la política y democracia en el siglo XXI.

Además de Vargas Llosa, otros tres Premios Nobel de literatura participarán en el centenario del autor. Wole Soyinka y Derek Walcott prestarán su voz para el recital de poesía Poetas del mundo y Octavio Paz, junto a Homero Aridjis, Eduardo Lizalde, Charles Simic, Lasse Söderberg e Ida Vitale.

Un total de veinte personalidades de la cultura, entre arquitectos, poetas, artistas y hasta diplomáticos, se encargarán de reconstruir el mejor retrato posible de Octavio Paz, quien en vida se caracterizó por su figura polifacética.

De su vastísima obra, recordamos dos de sus poemas.

La Poesía

Llegas, silenciosa, secreta,
y despiertas los furores, los goces,
y esta angustia
que enciende lo que toca
y engendra en cada cosa
una avidez sombría.

El mundo cede y se desploma
como metal al fuego.
Entre mis ruinas me levanto,
solo, desnudo, despojado,
sobre la roca inmensa del silencio,
como un solitario combatiente

Verdad abrasadora,
¿a qué me empujas?
No quiero tu verdad,
tu insensata pregunta.
¿A qué esta lucha estéril?
No es el hombre criatura capaz de contenerte,
avidez que sólo en la sed se sacia,
llama que todos los labios consume,
espíritu que no vive en ninguna forma
mas hace arder todas las formas. contra invisibles huestes.

Subes desde lo más hondo de mí,
desde el centro innombrable de mi ser,
ejército, marea.
Creces, tu sed me ahoga,
expulsando, tiránica,
aquello que no cede
a tu espada frenética.

Ya sólo tú me habitas,
tú, sin nombre, furiosa substancia,
avidez subterránea, delirante.

Golpean mi pecho tus fantasmas,
despiertas a mi tacto,
hielas mi frente,
abres mis ojos.

Percibo el mundo y te toco,
substancia intocable,
unidad de mi alma y de mi cuerpo,
y contemplo el combate que combato
y mis bodas de tierra.

Nublan mis ojos imágenes opuestas,
y a las mismas imágenes
otras, más profundas, las niegan,
ardiente balbuceo,
aguas que anega un agua más oculta y densa.
En su húmeda tiniebla vida y muerte,
quietud y movimiento, son lo mismo.

Insiste, vencedora,
porque tan sólo existo porque existes,
y mi boca y mi lengua se formaron
para decir tan sólo tu existencia
y tus secretas sílabas, palabra
impalpable y despótica,
substancia de mi alma.

Eres tan sólo un sueño,
pero en ti sueña el mundo
y su mudez habla con tus palabras.
Rozo al tocar tu pecho
la eléctrica frontera de la vida,
la tiniebla de sangre
donde pacta la boca cruel y enamorada,
ávida aún de destruir lo que ama
y revivir lo que destruye,
con el mundo, impasible
y siempre idéntico a sí mismo,
porque no se detiene en ninguna forma
ni se demora sobre lo que engendra.

Llévame, solitaria,
llévame entre los sueños,
llévame, madre mía,
despiértame del todo,
hazme soñar tu sueño,
unta mis ojos con aceite,
para que al conocerte me conozca.

La palabra dicha

La palabra se levanta
de la página escrita.
La palabra,
labrada estalactita,
grabada columna,
una a una letra a letra.
El eco se congela
en la página pétrea.

Ánima,
blanca como la página,
se levanta la palabra.
Anda
sobre un hilo tendido
del silencio al grito,
sobre el filo
del decir estricto.
El oído: nido
o laberinto del sonido.

Lo que dice no dice
lo que dice: ¿cómo se dice
lo que no dice?
Di
tal vez es bestial la vestal.

Un grito
en un cráter extinto:
en otra galaxia
¿cómo se dice ataraxia?
Lo que se dice se dice
al derecho y al revés.
Lamenta la mente
de menta demente:
cementerio es sementero,
simiente no miente.

Laberinto del oído,
lo que dices se desdice
del silencio al grito
desoído.

Inocencia y no ciencia:
para hablar aprende a callar.