La Calidoscópica: Fragmentos de un sueño

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La Calidoscópica se enmarca claramente dentro del camino emprendido por  Pompeyo Audivert, que toma como eje la situación y los conflictos políticos y sociales violentos  en la Argentina de los 70´, sucesos históricos como la Masacre de Ezeiza o los fusilamientos de Trelew (algo visible también en sus obras Museo Ezeiza y Edipo en Ezeiza),  y constituye  un camino creativo muy interesante.

 

Los sueños suelen ser muchas veces retazos del pasado, piezas del espejo de la historia que se entremezclan con el inconsciente y comienzan a formar, entre la fantasía y la veracidad, nuevas formas. Formas dinámicas que mutan, crecen, se despliegan, engañan, se contraen y oscilan en un estado imposible de definir en términos de realidad o irrealidad.

Desde este lugar parte La Calidoscópica para desarrollar esta composición, que tiene como trasfondo los fusilamientos del 22 de agosto de 1972 en Trelew donde se asesinaron a 16 miembros de distintas organizaciones peronistas y de izquierda presos en el penal de Rawson, todo visto a través del cristal de los sueños, como un manto onírico que impide la construcción de una narrativa o de un relato.  Este efecto se profundiza aún más  si se considera que la obra, en términos dialécticos y performáticos, surge de la improvisación de los actores, que a partir de ciertos elementos y mecanismos comienzan a crear en vivo esos fragmentos de historia donde la temática de la obra aparece sólo como el trasfondo de un sueño que parece eterno.

En este juego los actores encarnan múltiples personajes, situaciones y hechos que podrían vincularse a ese tiempo y lugar específico de los brutales hechos, pero que, sin embargo, se muestran inconexos, ficticios y lejanos. Es así como lo espontáneo y lo fugaz se van imponiendo como factores rectores en esta dinámica y hacen inalcanzable la posibilidad de acceder a un discurso que unifique todos esos fragmentos; más bien lo que queda son conceptos e ideas aislados.

Sin embargo, en ese juego de la improvisación, no todo queda librado al azar, sino que se desarrollan distintos mecanismos, articulados por la dirección de Pompeyo Audivert, que sirven como signos de guías, de barreras y de alerta. En este sentido, se pueden destacar, por ejemplo, los objetos, el vestuario y la escenografía que sirven como fuentes de inspiración, pero a la vez condicionan las posibilidades hacia ciertos sentidos que evocan en un punto la situación de encarcelamiento y represión que se determinó como trasfondo. Otra de las pautas que acompañan la creación es la música, ejecutada en vivo por Aníbal Gulluni, que sirve a modo de corte entre distintas situaciones, como aviso para los actores de un cambio de ritmo, del paso del tiempo o de una transformación de la acción.

Uno de los recursos más interesantes de esta improvisación es la presencia activa del propio Pompeyo Audivert quien comienza la obra en el rol de espectador pero que en diversos momentos ingresa a la escena y susurra indicaciones o movimientos a los actores para favorecer la dinámica de la obra, alterando los patrones creativos por los que la espontaneidad guía a los protagonistas y acoplándose él también a la improvisación desde su rol de director.

En este sentido, se puede vincular  la obra con un proceso de experimentación donde en base a distintas pautas y guías se observan los múltiples caminos y posibilidades de la improvisación dentro de ese contexto dado.

Esta realidad fragmentada dificulta el acercamiento por parte del espectador quien puede llegar a encontrarse descolocado o distraído al no encontrar un hilo que vaya uniendo los distintos puntos que se presentan. La ausencia de trama o argumento y las características propias de la obra llevan a la necesidad de un público tal vez más vinculado al campo del arte, que encuentre el placer no sólo en el goce estético sino que también disfrute analizando los múltiples mecanismos y herramientas que entran en juego en esta pieza.

La improvisación termina recayendo demasiado en el uso de frases abiertas, que intentan cargarse de retórica, pero que terminan atomizando demasiado la obra y limitando la posibilidad de construir situaciones, escenas o diálogos dentro de ese sueño.  Esta situación atenta contra la interacción entre los actores que no pueden concretar un intercambio dinámico ya que las frases se sueltan al aire y quedan flotando allí inconexas en un espacio de constante declamación.

La obra se enmarca claramente dentro del camino emprendido por Audivert, que toma como eje la situación y los conflictos políticos y sociales violentos  en la Argentina de los 70´, sucesos históricos como la Masacre de Ezeiza o los mencionados fusilamientos de Trelew (algo visible también en sus obras Museo Ezeiza y Edipo en Ezeiza),  y constituye  un camino creativo muy interesante, con múltiples aristas y potencialidades, que se va complejizando a partir de la interrelación entre las obras,  con la utilización de una estética específica que acompaña estas tres piezas, con un gran énfasis en lo corporal, utilización de los gestos y el cuerpo como un lenguaje que completa y amplia el sentido de las obras y la constante presencia de un aura oscura y onírica que genera una sensación de lejanía, que se vincula intrínsecamente con el concepto de memoria.

 

Ficha técnica

Dirección: Pompeyo Audivert  Actúan: Ana Audivert, Ignacio Ciminari, Yasmina Cura., Milagros Fabrizio, Carolina Fernández Kostoff, Carolina Ines fernandez, Luis Gonzalez, Carlos González, Gustavo Saborido, Diego Vegezzi, Casandra Velázquez e Ivana Zacharski. Música: Aníbal Gulluni Producción: Valeria Di Toto y Nicolás Lisoni Funciones: Sábados 21hs,  Teatro El Cuervo,  Santiago del Estero 433