Figuritas argentinas: una muestra impecable, divertida y diversa

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Difíciles eran las antes.

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Pilón. Espejito. Toco. Toquito. Aterciopeladas. Chapitas. Solapitas. Tarjetones. Siluetas.

En Argentina, las figuritas (en otros países se les llama cromos, monitas, estampas) son parte de la iconografía popular. De esa galería de imágenes que forman el mapa de una infancia. Definidoras del status “jugadores de fútbol”, sin edad, sino toda una categoría humana, donde no importa si el player tiene 16 o 35 años, a fuerza de enmarcar en un redondel , o rectángulo una cara y la referencia de la camiseta, una pose estática o jugando. Reflejos de modas, estrenos cinematográficos o éxitos televisivos. Iniciáticas. Decorativas. Esquivas y atesoradas. A veces, didácticas, aunque no sabemos qué aplicación podía tener la “bomba de humo” que venía al dorso de un fotograma de El Satánico Dr. No.

Rafel Bitrán es un coleccionista. Y qué coleccionista. De los que además de guardar, comparte sus orgullos. Hace unos años salió a la venta el libro “Malditas difíciles” sobre figuritas argentinas de fútbol, junto con Franciso Chiappini.  Después le siguió “Idolos en cartón” dedicada a la colecciones con temática relacionada con el cine, TV e historieta. Ambas ediciones fueron costeadas por ambos coleccionistas. Agotadas hace tiempo, se pide mucho por ellas en páginas de compra y venta. Hasta que finalmente, en 2013, una actualización del primero: Difíciles eran las de antes. Y de yapa, una exposición a la altura de los recuerdos, de la riqueza y variedad visual de los cientos de figus/tazos/fichus en exposición. El Palais de Glace, dirigido por Oscar Smoje, abrió las puertas de su espacio, de redondeados contornos.

La muestra es un paseo que lleva un tiempo recorrer. La cultura popular está presente, así como los modos de vida conectados a través del espacio lúdico de distintas generaciones. Desde aquellas fotitos que venían en los atados de cigarrillos o chocolatines, a los sobres con toda su promesa secreta, están todas o casi todas las colecciones de la historia.

El montaje de la obra es impecable, divertido y diverso. Por una vez, la cultura popular es tratada como se debe. Sin snobismos, nerdismos ni con melancolía de música de violines llorones. No importa la edad del visitante. El abanico de la expo cubre de 1920 a 1990. Abuelos, padres, hijos, nietos están invitados a recorrerla. Los recibirán Piluso y Luke Skywalker. Libertad Lamarque y un marciano cabezón dibujado por Breccia y guionado por Oesterheld. La historia de la moda y las tribus de todo el mundo. El Topo Gigio y He-Man. Los Beatles, Mariano Moreno y Angel Labruna. Pegadas con engrudo, con adhesivo vinílico sintético, autoadhesivas, esperan a que las visiten. Es una de esas sorpresas que depara Buenos Aires. Como sacarse un “Vale por un dominó infantil” que alguna vez supo a grande la lotería nacional.

 

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