Her: el cine de la supersimetría

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Retomando algo que se dijo en este mismo sitio sobre aquello de pensar qué cosas se “se le pide al arte y a la literatura“, pienso en lo mágico y productivo que resulta en definitiva ese encuentro entre lo que se le puede pedir al cine y lo que el cine te da. Todo lo contrario a listas enormes de obviedades, o de situaciones, incluso diálogos, o imágenes que se ven una y otra vez, repetidoras de formas, y huecas, en fin, de posibles intuiciones, de dar con otros espacios posibles, u otros sistemas de relaciones.

Me pasó, mal ,con Her, de Spike Jonze, me pasó bien con E Agora lembra-me, me pasó en algún punto mal con Agosto, me pasó bien con El desconocido del lago. Algunas de estas películas en este mismo sitio fueron bien valoradas, pues siempre nos enriqueceremos con el disenso y la opinión.

Her resulta ser un film complaciente del “puro diseño visual”, alegato del sublime tecnológico que pregonaban algunos autores en los 80´, victoria definitiva de la máquina como pensamiento. 120 minutos de exaltación retrofuturista con su escenografía y vestuario de colores “suficientemente” pasteles y “suficientemente” bellos, ascensores con transparencias de ramas y hojas, un avión clavado de punta en medio de una plaza seca, edificios iluminados por una luz de amanecer constante, envuelto tambien en una banda sonora de minimal sounds, de Arcade fire.

Supersimetría de las formas y las lineas. Definitivamente el diseño no es arte. Tanto como es imposible la existencia de un mundo donde los sistemas operativos decidan retirarse a mejor vida para respetar las soledades o las decisiones de los seres humanos. Pero el problema de Her no está en su inverosímil, ni en su ficcionalida, sino en la sensación que nada escapa al control que ejerce el diálogo, a lo dicho, lo preguntado y lo respondido y en todo caso a lo que la imagen se esfuerza en reforzar por si acaso no quedara claro, como los hombres que caminan por la calle y hablan solos con sus pequeños dispositivos o las partes del cuerpo humano “desmembrados” a la hora de preguntarse qué pasaría si de pronto vemos un cuerpo por primera vez. Lo que rodea a Theodore y él no puede ver es que todos están en esa misma contradicción: envueltos amorosamente en mundos virtuales, que presentan algo así como una “otredad”. No hace falta ir muy al futuro para ver esto ahora mismo

¿Qué se le puede pedir al cine a comienzos del siglo XXI? Mucho, todo. Por eso seguirá existiendo. Al menos, lo que tiene para darnos, en algunos casos es solamente migajas para pasar un lindo rato, con problemas que no pasan de la superficie  porque todo está tragicamente subsumido en una triste normalidad.