Wake up, Woman

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Estrenada el 8 de marzo, con motivo del Día internacional de la Mujer  y declarada de Interés social y cultural por la Legislatura Porteña de la Ciudad de Buenos Aires, por la Confederación parlamentaria de las Américas y por la Red de Mujeres parlamentarias de las Américas,  Wake up, woman, escrita y dirigida por Jorge Acebo aborda la problemática de género a través de la historia de una pareja representada por los actores Natalia Pascale y Sebastián García. Se puede ver los sábados, a las 21hs, en Puentes Amarillos Club de Arte.

El infierno tan temido

 Wake up, Woman* es una historia de amor enfermo, desquiciado, aunque suene a oxímoron, a  paradoja. Es un cuento de hadas que no pudo ser, con princesas destrozadas y príncipes azules desteñidos, sin auxilio posible ni pociones mágicas para la felicidad.

Está tan cerca de una triste verdad cotidiana, tan peligrosamente encima, que Jorge Acebo decidió alejarse de los parámetros del realismo más acérrimo (como lo hizo ya en Cuando el tiempo está después) para intentar otras búsquedas estéticas que le permitan decir lo inefable, poder trabajar poéticamente con el dolor, la impotencia y el sufrimiento de una mujer que es, lamentablemente, muchas mujeres. Esa toma de distancia le da espacio para moverse (aun cuando la temática de la violencia de género arrincona, deja sin aire), para tomar decisiones inteligentes (aun cuando es inevitable que afloren las emociones) y  para no caer en la pura denuncia (aun cuando se vuelve necesario tener una postura clara y contundente). Porque una obra de teatro es, ante todo, un hecho del arte. Otros hablarán oportunamente de sus alcances y ojalá la pieza se difunda y sirva para reflexionar, para actuar, para crear conciencia. Creo que el teatro sirve, para algo aunque sea poco, mínimo.

Arrojaremos aquí algunas apreciaciones, siempre parciales, sobre su construcción y los procedimientos que se despliegan en pos de la solidez del relato. ¿Cómo contar el infierno (ese infierno tan temido)? Dante Gabriel Rosetti señaló en referencia a Cumbres Borrascosas: “La acción transcurre en el infierno, pero los lugares, no sé porqué, tienen nombres ingleses.” La frase puede aplicarse a lo que ocurre en Wake up, Woman (y en tantas vidas). Al principio es un cuadro cotidiano, casi insignificante, con los rituales conocidos y visibles (quiero decir, que se pueden mostrar) para los otros: una pareja se conoce, se enamora, se casa, entre frases de Luis Miguel  y anécdotas divertidas. Pero esa convivencia comienza a agrietarse, a volverse oscura, perversa, a medida que la cuenta de los días pasa. Si bien hay indicios e insinuaciones, las elipsis que se producen entre escena y escena (que son como fragmentos expuestos  de todo aquello otro que percibimos que fue sucediendo pero que resulta indigerible, casi imposible de pronunciar, de escenificar) traducen la pregunta: ¿Qué nos ocurrió? ¿Cómo llegamos a esto? ¿En qué nos convertimos?

Cada momento es como una foto atroz (en contraste con las fotos, de la aparente buena vida, que se proyectan) del paisaje que los lleva directamente hacia el abismo. Ella y él. Natalia y Federico. Perdidos en ese círculo vicioso del golpe, el maltrato y la promesa siempre incumplida de nunca más. Es notable como la obra se detiene en el momento justo, justo en el momento en el que podría emitir juicio. Pero no, no juzga, muestra, plantea, problematiza y hace, sin embargo, que se mezclen otras voces, que pertenecen a la extra-escena, a situaciones particulares que seguramente desconocemos.

Los personajes (encarnados por Natalia Pascale y Sebastián García) están delineados de modo tal que no podemos (no nos dejan) sacar ligeras conclusiones. Tienen un espesor y una gravedad que nos abruma. En su composición, los actores se ven obligados a cambiar rápidamente de ritmo, pasando del llanto a la jocosidad, del delirio a la piedad, hasta que no queda nada. El empleo de ciertas técnicas de la danza permite el roce de los cuerpos como metáfora de la lucha sin sentido, del encuentro desgarrado, del aniquilamiento del alma (que es lo que más duele).

El material audiovisual condensa la “vidriera” de la relación (la fiesta de casamiento y otros instantes efímeros de alegría), en disonancia con las escenas propiamente dichas que trabajan lo oculto, lo que no se puede reconocer, el adentro del palacio fingido o las puertas cerradas del último manotazo de ahogado que resulta la terapia.

Y están las cosas y su violencia estúpida, como protestó alguna vez Foucault. Las cosas triviales pueden resultar horrorosas cuando pierden su funcionalidad y se ponen al servicio del abuso, del sometimiento. Y están los discursos y sus formas de enunciarse: el diálogo, el monólogo intervenido (atravesado) por el otro y la poesía, ese mar que resuena (antes, después, siempre) para llamarnos la atención: Despierta, mujer, despierta.

 

 

*La presente crítica corresponde a la función especial realizada en el año 2013 en el Palacio de la Legislatura porteña a la que asistieron representantes de organismos e instituciones referidas al abordaje de la problemática de violencia de género. En ese marco la obra llevó adelante un proceso de investigación asociado a esta problemática y pretende a través del teatro “brindar una mayor concientización de un tema que nos atraviesa y compromete a todos como ciudadanos”.

 

Ficha técnica:

Actores: Natalia Pascale- Sebastián García. Diseño de iluminación: Paula Fraga. Operador técnico: Hernán Felipe. Vestuario: Magalí Romero. Escenografía: Ayelén Betti. Filmación de videos: Federico Perez Gelardi Fotografías: Federico Perez Gelardi – Brenda Taubin- Florencia De Giovanni Pacini Edición de videos: Hernán Felipe Trailer: Brenda Taubin- Florencia De Giovanni Pacini Diseño gráfico: Angie Figueroa Prensa: Marisol Cambre Dramaturgia y Dirección: Jorge Acebo                                                                                                                                                                                                                                       Funciones: Sábados a las 21 hs en Puentes Amarillos Club de arte, Libertad 1230, CABA