Límite Oeste. Libro de cuentos de Ana Cerri

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En lo de Peteta o sobre los cuentos de Ana Cerri

La librería

Ana Cerri entra una librería. Le llama la atención un libraco enorme y colorido. Lo saca del estante, lo hojea y lee en la solapa Zavalla. Piensa en Soldini, su pueblo, pegadito pegadito a Zavalla, tan pegados que sus cementerios se tocaban. Sigue leyendo: Diana Bellessi, Tener lo que se tiene. Tantas eles juntas no podían ser una casualidad sino que juntas marcarían una flecha. Ana le manda un mail a Bellessi, y la poeta sin dudarlo le dice : mandame tus cosas. ¿Qué cosas? le responde Ana. Lo que escribís.  Así se gestó el bellísimo Límite Oeste. Ana Cerri creció en Soldini, pueblo de la llanura santafesina. Pero nació en Rosario, el 30 de octubre de 1947. Estudió Periodismo y Ciencias de la Información. Vivió en Roma y fue monja 12 años. Y escribió, siempre.

El río

Cuando se ponen en contacto, Diana Bellessi la invita a Tigre. El lugar dónde Bellessi se inspira o trabaja.  Juntas comienzan a diseñar el primer libro de Ana Cerri. Un libro que reuniría cuentos que Ana tenía escritos física o mentalmente. Es más, Ana reconoce, que esos cuentos estaban en ella antes de ser escritos. Y cuando se le pregunta por esos escritos primeros habla de una inquisición. Le re pregunto: ¿Inquisición? Sí, me quemaron libros y cuentos. La imagen entonces es la siguiente: las historias de Ana yéndose en humo, volando al cielo, haciéndose nubes, congelándose, transformándose en lluvia y volviendo en río. En ese del Tigre en el que junto a Bellessi toma forma de libro.

Los cuentos

Busco en internet Excelsum Superbum, no tengo mucha cultura en plantas o árboles, pero quiero verlo. La siempre poco confiable navegación me lleva a sitios dónde me indican que el Ligustrum Excelsum es un árbol pequeño de jardín. Pienso en el jardín de la niña que relata el primer cuento del libro de Ana Cerri. Esa niña que nos narra una escena cinematográfica con su padre arrojando al aire su boina y riendo los dos. Pienso, en ese pequeño jardín que alojará un mundo. El mundo de Agustín que no estaba tan loco y buscaba su dedo por el pueblo. El mundo de la niña que ve como las rosas que juntó para su maestra vuelan por los aires. El mundo de Nieves, cómplice de juegos inocentes. El mundo de Bárbara Shaleff y su sangre caliente. Pinturas de  un pueblo que son un mundo alojado en el jardín de una niña que persigue y no deja de molestar a Ana Cerri. De esa molestia nace su literatura, de la incomodidad del recuerdo que no se hace relato. O del relato  que se impone para  transformarse en recuerdo.

La infancia

Ya nos ha enseñado la gran Silvina lo siniestro de la infancia. Eso que apenas asoma por la oreja de lo monstruoso. Ya nos ha contado Alejandra la infancia como el miedo luminoso que nos lleva a la otra orilla.  Y Ana Cerri con sus cuentos, tal vez nos presente la infancia como una narración posible, como una elección para ver el mundo, como una forma de entender lo literario. La niña narradora de alguno de sus cuentos, no es inocente, ni intenta serlo. No es siniestra ni devela oscuridad. No quiere ser grande ni añora ser lo que no es. Muestra su visión del mundo. A veces hostil, a veces simpático, a veces incomprensible, a veces irreparable.  La infancia como el pueblo de la patria de nuestro lenguaje, como la ruta a la que volvemos para hablar en la adultez.

La carta

El último cuento da nombre al libro: Límite Oeste. Nuevamente es la niña narradora la que comienza y en ese cuento se devela adulta. La niña está enferma, pero está enferma tan poéticamente que a una le vienen muchas ganas de recordar sus malestares así: “Mi panza era el Paraná arrastrando camalotes” . La magia es la única medicina para un dolor en poesía. Peteta. Así se llamaba la curandera, los brazos del padre y la mirada cómplice de la amiga del pueblo de al lado. La amiga que sellará el pacto literario con una carta. Amigas en la literatura, en lo escrito, en la magia y en la poesía. Es un cuento dedicado a Diana Bellessi dónde Ana Cerri  imagina un encuentro de pequeñas. Tal vez sucedió, no tengo porque no creerle a los cuentos de Cerri. Ni tengo porque desconfiar de un encuentro tan bello. La pitonisa que las unió es la misma que me invita a la lectura. Ahí nos encontramos todas las niñas. En lo de Peteta.

 

Límite Oeste se puede conseguir en las siguientes librerías:

Guadalquivir (Callao 1012)

Librería de Ávila (Adolfo Alsina 500)

La Boutique del Libro (Chacabuco 459, San Isidro)