Jardin de Sueños: recordar a Borges y sus laberintos

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Documental sobre un laberinto borgeano todos los domingos a las 18 hs en el MALBA

“Aislados fuera del tiempo y del espacio, un dios, un sueño y un hombre que está loco, y que no lo ignora, repiten una oscura declaración; referir y pesar esas palabras, y sus dos ecos, es el fin de esta página”

“Historia de los ecos de un nombre”

en Otras Inquisiciones Jorge Luis Borges

 

“Pensé en un laberinto de laberintos, en un sinuoso laberinto creciente que abarcara el pasado y el porvenir y que implicara de algún modo los astros”

 

“El jardín de los senderos que se bifurcan”

en Ficciones Jorge Luis Borges

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Un nombre y un laberinto. Y el tiempo escribiendo la historia de un sueño. De ese tiempo, de ese sueño y de la amistad que engloba todo lo demás trata la película que por este mes se exhibe en el Malba los domingos a las 18: “Jardín de sueños” dirigida por Alejo Yael y  Javier Tanoira. El documental comienza con el relato de un sueño. Literalmente del sueño que tuvo Randoll Coate, diseñador de laberintos. Compartía con Borges no solo la fascinación por los laberintos sino la amistad de Susana Bombal. La voz en off de Coate nos cuenta como cinco años antes de la muerte de Borges tuvo un sueño dónde Susana Bombal lo llamaba para anunciarle que Borges  había muerto y entonces Coat le propone recordarlo con un laberinto.

Susana Bombal era mendocina, escritora y poeta, íntima amiga de Borges. En su finca en  San Rafael (Mendoza) “Los álamos” reunía a intelectuales y artistas argentinos. Borges pasó muchos veranos en sus jardines.

En 1986 Borges muere  y Coat diseña su laberinto. Pasarían 25 años para que un sobrino nieto de Susana, Camilo Aldao (h), al enterarse de la existencia de este diseño, junto a María Kodama y el paisajista Carlos Thays iniciarán un plan para construirlo.

El laberinto tiene la forma de un libro abierto y los senderos forman el nombre de Borges, como si la palabra se dibujara en un espejo. Y así en espejo también podría mirarse la amistad de Borges con Bombal y Coat y la de los amigos de Camilo Aldao que se suman a la quijotesca idea de materializar el laberinto. Una bella historia de amistad.

El laberinto-homenaje a Borges ocupa una superficie de casi una hectárea, y está formado por más de 8000 arbustos de buxus. Dentro de éste se encuentran también otros símbolos borgeanos: el reloj de arena, la cara de un tigre, el bastón de un ciego y hasta la cinta de Moebius. También se puede leer el nombre y apellido del escritor, las iniciales de su viuda.

A partir de octubre de este año estará abierto al público, y la película nos informa que hay dos réplicas del jardín: una en Tigre y otra en Venecia. Nada mal le hubiera venido al documental unas imágenes de esos laberintos, pero de alguna manera impulsa a buscarlos.

Borges  le escribió estos versos a su amiga Susana Bombal, que bien podríamos hacer nuestro en el irreversible instante que nos brindará una visita al lugar:

 

“Alta en la tarde, altiva y alabada,

cruza el casto jardín y está en la exacta

luz del instante irreversible y puro

que nos da este jardín y la alta imagen

silenciosa