Pinedas tejen lirios

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Pinedas tejen lirios, la segunda parte de la Trilogía Republicana escrita y dirigida por Susana Hornos y Zaida Rico, se estrenó en el Teatro El Extranjero. Una obra que, a partir de la Guerra Civil Española, recorre el lugar y la lucha por los derechos de la mujer a lo largo de la historia, generando un interesante paralelo entre la reivindicación y la atención a problemáticas que perduran en la sociedad actual.

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La Trilogía Republicana es una producción, o más bien una bandera, llevada adelante por las directoras y dramaturgas españolas Zaida Rico y Susana Hornos, donde se combinan retazos de la historia con un fuerte énfasis en la Guerra Civil Española, pero fundamentalmente retoma y le da  vida a los ideales republicanos condensados en los conceptos de igualdad y libertad, y desarrolla también un fuerte foco en los derechos humanos.

Este trabajo, que comenzó con la obra Granos de Uva en el Paladar (una pieza excelente que sigue en cartelera), cuyo eje parte de la memoria colectiva, continúa hoy con Pinedas tejen Lirios, haciendo un recorrido que, si bien parte del conflicto de la Guerra Civil en España,  se desplaza  por distintas épocas y territorios demostrando cómo esos actos que atentan directamente contra la humanidad continúan sucediendo con naturalidad, mientras la sociedad tiene inmersos sus ojos en la vida cotidiana.

Pinedas tejen Lirios comienza con la historia de Mariana Pineda condenada en España, en 1831, por tejer una bandera en nombre de la libertad y negarse a delatar a sus compañeros.  Este personaje se transforma así en un emblema que trasciende en el tiempo y el espacio y cuyo accionar produce réplicas y evocaciones en distintas épocas. Es así como la obra combina en fragmentos varios relatos donde varias mujeres que, al igual que Pineda, sufren de abusos  de coacción  hacia sus derechos e intentan, desde su fuerza y ganas de vivir, combatir el rol que la sociedad represiva ha construido para ellas.

En este sentido, lo que se produce en la obra no es solamente una reivindicación para la lucha por los derechos de igualdad y oportunidades para la mujer, sino que también se trata de una luz de alerta para que veamos cómo muchas de estas situaciones se siguen produciendo en sociedades democráticas como las nuestras.

Así, la sucesión de personajes en la historia, que nos connotan la identidad y los ideales de Mariana Pineda,  no hacen énfasis exclusivo en un concepto de reencarnación, sino que  dan cuenta de que, en muchos aspectos y lamentablemente, poco ha cambiado. Mostrándonos,  a la  vez,  ejemplos de la fuerza y la valentía con las que hay que combatir estos prejuicios y maltratos, como ideales que van más allá de las personas, aquellos por los que vale la pena seguir dando pelea.

Resulta fundamental para el éxito de esta propuesta que cada micro-relato, que se va adhiriendo para construir la totalidad, tenga un valor intrínseco, generando conexiones a un nivel emotivo con el público.  No se trata de retazos inconexos, sino que poco a poco se va observando una simbiosis que va construyendo niveles de sentido más amplios y complejos.

La performance de los tres actores, que dan vida a todas las historias, demuestra una entrega y una calidad destacadas, con una plasticidad y expresividad para ir mutando y adquiriendo las formas y emociones que cada momento precisa. Tanto  Arantza Alonso como Laura Lebedinsky y Ariel Pérez de María construyen una tarea magnífica donde denotan una variedad de recursos notable, no sólo por la multiplicidad de herramientas y habilidades que ponen en juego en cada momento, sino también por la capacidad para transmitir esos pesares y sentimientos tan profundos que se conjugan en esta pieza. Además, al tratarse de una puesta cargada de simbolismo donde cada gesto y cada elemento conllevan una carga poética, resulta fundamental la expresividad corporal a la hora de conformar nuevos significados en la interacción interna entre los actores  y con los objetos presentes en escena. En este sentido, hay una decisión acertada de no abarrotar el escenario de objetos sino en dar la libertad para que en el movimiento y las actuaciones, los ambientes y situaciones broten del estímulo permanente a la imaginación de la audiencia.

EQUIPO

La puesta en escena tiende hacia el tono  amarillo, algo observable tanto a nivel vestuario como maquillaje y escenografía. Esta idea parte del objetivo de formar entre las tres obras  la Bandera Republicana, lo que muestra la armonía estética que se genera en esta saga, algo posible de lograr gracias a la magnífica tarea de ambas directoras, que llevan cada esencia a su máximo potencial y consolidan una tarea espléndida.

Hay una tendencia que se conserva como concepto y característica fundamental en esta Trilogía: la idea de darles voz a personajes que no son destacados por los libros de historia. Tal vez  porque ese sea el mundo donde se condensan los verdaderos pesares, la lucha diaria con la rutina y las víctimas que se cuentan como daño colateral. Sobre ellos recaen los mandatos y las ideas que se construyen como imperantes en cada sociedad;  son responsables de convivir cada día con una moral que les es impuesta y que los condenan a una vida de roles, de opresión y de obligaciones, mientras sus derechos son negados y aplastados para el provecho de un sistema que favorece a unos pocos y somete a muchos

Ficha técnica

Elenco: Arantza Alonso es Mariana  | Laura Lebedinsky es Petra  | Ariel Pérez de María es Pedrosa Iluminación: Nacho Riveros Vestuario y escenografía: Daniela Taiana Realización: Javier Laureiro, Valeria Álvarez y Mariana De Paoli Maquillaje: Ana Noguera Peinados: Néstor Burgos y Ana Noguera Percusión: Carmen Mesa Versión “Romance de Mariana Pineda” (anónimo): Luis Pastor Fotografía: Akira Patiño Diseño gráfico: Sergio Calvo Realización gráfica: Silvia Barona Prensa: Marisol Cambre Producción ejecutiva: Silvia Barona y Lorena Carrizo Dramaturgia y dirección: Susana Hornos y Zaida Rico Funciones: Domingos a las 19hs. Teatro El Extranjero, Valentín Gómez 3378, CABA.