Fernando García del Molino: Retratos para una identidad

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El jueves 27 de marzo inaugura en el Palacio Noel, Suipacha 1422 Retratos para una identidad. Fernando García del Molino 1813-1899, una muestra resultado de la labor conjunta entre los museos Fernández Blanco y Pueyrredón de San Isidro que comparten intereses temáticos y concepciones museológicas y cuya sintonía profesional ha sido el motor de fructíferos proyectos culturales.

Participan de esta empresa: Museo Histórico Nacional, Museo Nacional de Bellas Artes, Complejo Museográfico “Enrique Udaondo” de la Provincia de Buenos Aires, Museo Histórico Provincial de Santa Fe, Museo Histórico Provincial “Julio Marc”, Museo Histórico de la Ciudad “Cornelio Saavedra”, Museo Sívori, Museo Franciscano de Buenos Aires, Fondo Nacional de las Artes, Centro Naval, entre otras instituciones y colecciones privadas.

Era necesario revisar la obra del pintor Fernando García del Molino no sólo para difundir el patrimonio del autor existente en colecciones públicas y privadas sino para volver a pensar acerca de la identidad del artista, la de sus modelos y la de su época. Recuperar el clima en el que estos retratos fueron realizados significó bucear entre los datos duros de una historiografía que lo juzgó más por sus simpatías políticas que por su obra como pintor retratista y adentrarse en ese corpus desmesurado de uno de los pintores más prolíficos de la historia del arte de los argentinos. Quizás por deberle el registro más completo de la elite de mediados del siglo XIX se lo tildó como el “pintor de la Federación” y, en parte, es una realidad indiscutible. Sin embargo, su vasta producción fue el reflejo fiel de la avidez de este artista por formarse con todos los recursos disponibles, el resultado de la urgencia en la demanda de sus comitentes y la consecuencia del momento fundacional en que su obra fue generada.

Fernando García del Molino (detalle), Retrato de Juan Cáneva, óleo sobre tela, Buenos Aires, 1845. Colección CMEU.

 


Fernando García del Molino (detalle), Retrato de Romualda Reynal de González, óleo sobre tela, Buenos Aires, circa 1850-52. Colección MHS.

Al seleccionar estas pinturas, estudiarlas y restaurarlas se pudo ver más allá de la capa superficial, redescubriendo el arte y el oficio de García del Molino. Pero en esa “lectura” profunda, también afloraron sus modelos, sus prácticas sociales y compromisos políticos, sus relaciones humanas y sus pequeñas grandes historias que permitieron comprender algo más sobre sobre esa primera etapa de un país en formación. Dotar de voz a estos testigos mudos, sin importar cuan conocidos o anónimos fueran, en cierta medida, fue liberarlos a ellos y a su intérprete del prejuicio y valorarlos en su justa medida como protagonistas de un tiempo de inflexión donde los cambios cobraron mayor velocidad, el Estado se organizaba, los gustos de la clase acomodada se sofisticaban y algunos artistas caían en el olvido y otros estaban listos a ocupar ese lugar.

El Museo Fernández Blanco y el Museo Pueyrredón junto a Instituciones culturales de diversas jurisdicciones del país han encontrado en este proyecto la posibilidad de coordinar sus esfuerzos para la restauración y mejor conservación de este acervo visual. Esta sinergia común pone en valor su accionar en pos de la protección del patrimonio artístico e histórico argentino.

Fernando García del Molino (detalle), Retrato de Jaime de Villarrasa, óleo sobre tela, Buenos Aires, circa 1840-45. Colección MIFB.

 

 

Fernando García del Molino nació en ChileSiendo un niño, su familia se trasladó a Buenos Aires en 1822. Muy pronto mostró su inclinación por el arte, recibiendo las primeras enseñanzas en la Academia de Dibujo de la Universidad de Buenos Aires. Tuvo como condiscípulo a Carlos Morel, del que fue socio y con el que realizó sus primeros trabajos en miniaturas. Se dedicó a la docencia, siendo Frankin Rawson uno de sus discípulos. A la edad de 25 años ya era un artista conocido. En los años del gobierno de Juan Manuel de Rosas realizó lo más importante de su producción y fue el pintor característico de la época. Hizo retratos

de Manuelita Rosas, Encarnación Ezcurra, de Rosas y del círculo que lo rodeaba. Sus visitas a la casa de Rosas, en los parques de Palermo, fueron habituales, convirtiéndose en una especie de pintor oficial. Retrató a personajes destacados de la historia argentina, como Facundo Quiroga y José Félix Aldao, entre muchos otros. A la caída de Rosas, su trabajo disminuyó en forma ostensible. Trabajó en su casa y realizó un viaje a Inglaterra, invitado por Manuelita Rosas y su esposo,

Máximo Terrero, hijo de Juan Nepomuceno Terrero, radicados en Londres. En este viaje, pintó un retrato de perfil de Rosas anciano, probablemente, en Southampton

La curaduría es de Patricio López Méndez, Gustavo Tudisco, Lia Munilla Lacasa y Marcelo Marino

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