La laguna

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Gastón Bottaro y Luciano Juncos son recientes egresados de una escuela de cine de la ciudad de Córdoba llamada La Metro, su tesis fue sorpresivamente seleccionada para la competencia del ultimo Festival de Mar del Plata y está seleccionada dentro de las cuatro películas argentinas que compiten este año en Pinamar. La laguna también se va a exhibir en la sección Panorama del próximo BAFICI.

Un hombre llega a una casa en medio de la sierra cordobesa. Busca cómo acceder a una laguna, y le dijeron que desde ese lugar se puede. Desde los primeros planos, la película se planta como un film de espacio. Un espacio que tiene cierta calma, pero a su vez es raramente hostil. La laguna resulta un titulo sencillo que marca  la motivación inicial, es el punto de llegada de la travesía que va a emprender ese hombre, Germán De Silva (Las acacias). Un guía hosco (Gustavo Almada)  lo espera a la mañana, hay señales breves que indican que este hombre es hombre de ciudad. Nunca se subió a un caballo. Nada que nadie pueda no hacer. Hay un aprendizaje a partir de allí que va revelar un mundo. No se entiende muy bien por qué dos días a caballo y un día de caminata.  No se entiende tampoco por qué para tanto viaje no hay víveres, y el guía se las arregla con raíces, frutas, un pescado en el mejor de los casos. Un jabalí que parece un sueño lo empuja a un gran pozo de agua de la que el guía va a sacarlo. No es esa la laguna? No parece ser cuestión de entender, el film se mueve siempre en terreno ambiguo, dando a pensar muchas cosas, la pelicula deja al espectador que se pregunte, se responda, interprete, saque conclusiones. De esas perplejidades solamente se sale con mas preguntas. Y ahí radica su interés.

Sin querer, el hombre de ciudad se ve sometido a una supervivencia obligada, Una pelicula con pocos diálogos, con dos actuaciones ajustadas a la trama y al espacio tremendamente poderoso  de la sierra cordobesa, un montaje que pone en valor el fuera de campo en ese rescate por un cine de de la ambigüedad y el símbolo.