Del bisonte a la realidad virtual. La escena y el laberinto, Román Gubern

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Del bisonte a la realidad virtual. La escena y el laberinto resulta un fascinante viaje por la historia de la cultura y, en especial, de las imágenes. Gubern rescata la leyenda relatada por el escritor de la Antigua Roma, Plinio el viejo: la historia de Zeuxis y Paraísos, dos pintores rivales que competían con sus pinturas.

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Zeuxis reprodujo unas uvas con tal grado de perfección que los pájaros iban a picotear de ellas, mientras que Parrasios se desquitó pintando un cuadro oculto por una cortina que, cuando Zeuxis quiso retirarla, se dio cuenta de que estaba pintada. Esta ambición del hombre por lograr una mímesis fiel de la realidad se encuentra en el origen de nuestra cultura y hoy esta ambición no hace más que prolongarse en la actual producción de imágenes que siguen “engañando” nuestros sentidos. Otra función de la imagen, según Gubern, además de la mimética, sería la de lograr la presencia simbólica de una ausencia (que se apoya en otra anécdota relatada por Plinio el viejo, la de una muchacha  que trazó sobre una pared el rostro de su amado). Estas dos anécdotas resultan centrales para mostrar cómo se relaciona el hombre con las imágenes que produce y qué lo incentiva a generarlas.

La primera edición del texto es de 1996, pero aún así muchos de los conceptos  esenciales que se vuelcan en él pueden orientarnos en la iconosfera (según Gubern, ecosistema cultural formado por los mensajes icónicos y audiovisuales que envuelven al ser humano) en la que nos vemos inmersos. Gubern se destaca por hacer un mapa de definiciones de conceptos ligados a las imágenes, provenientes de distintas disciplinas. Por ejemplo, la pulsión escópica, ese irresistible apetito de ver o la pulsión icónica, la tendencia natural del hombre a imponer orden y sentido a sus percepciones mediante proyecciones imaginarias (como se puede verificar con el famoso test de Rorschach).

La percepción visual humana, nos dice Gubern, está condicionada por tres factores: el fisiológico, el cultural o sociocultural y el factor individual (la historia personal del sujeto). Sin embargo, aunque muchas personas comparten las mismas facultades que les permiten ver una imagen, no todos comparten aquellas competencias para codificarla e interpretarla, y esto es lo que recalca Gubern. Así como en la literatura, no hay texto sin contexto, la lectura de una imagen también dependerá de varios factores: su productor, el mismo texto icónico y su lector.

El autor define lo que según su teoría es la imagen-escena, la que se despliega ante nosotros tratando de reproducir la realidad misma. La invención de la perspectiva central, sostiene, resulta un artificio imprescindible para la construcción de este tipo de imágenes. Y en este punto él llega a vincularla con la realidad virtual. Ahora bien, si en muchas imágenes podemos advertir esta función mimética, las representaciones no podrán eludir su carácter doble: su función de imitación pero también de expresión; lo representativo y lo simbólico conviven en ellas. La imagen-escena, concluye Gubern, posee un turbador ilusionismo y habla el mismo lenguaje que el de los sueños.

Resulta llamativo, como apunta el autor, que el homo sapiens haya vivido sin imágenes en la mayor parte de su historia y que estas hayan comenzado siendo públicas (en las paredes de las rocas o cuevas), y que hayan pasado muchos milenios hasta que se dio el fenómeno de su apropiación privada. En su recorrido histórico Gubern se refiere a la prohibición de imágenes proveniente del monoteísmo del pueblo judío, opuesto a la idolatría pagana y a la cultura grecolatina, con su culto al cuerpo humano.

Quizás, uno de los puntos más interesantes de este texto es cuando analiza cómo el cristianismo asimiló el legado artístico grecolatino: el Hermes pagano portando un carnero se metamorfoseó en el cristianismo en la imagen del Buen Pastor, como la paloma que era un símbolo de Venus se transmutó en el Espíritu Santo (….). mientras que las alas de la Victoria de Samotracia se transformarían en un atributo de los ángeles celestiales. Y en este trayecto a través de las imágenes que constituyen nuestra cultura, cómo no aludir al rostro de Cristo en el lienzo de la Verónica o a la Sábana Santa. La Verónica se convirtió (…) en la fundadora involuntaria del arte figurativo cristiano y con su gesto de estampación divina legitimó las representaciones icónicas en el cristianismo.

Gubern realiza un análisis de cómo el cristianismo pasó por una fase de prohibición, para luego pasar a una de aceptación de las imágenes como intermediarias de lo divino o con fines didácticos. La cuestión de si el arte constituye una presencia simbólica o una presencia vital real también es abordada. Esta indagación se completa con referencias al arte paleolítico y al arte funerario egipcio, así como al arte paleocristiano.

La relación entre imagen y realidad es un tema constante de este libro. La aparición del cine y las reacciones que suscitó serán,  asimismo, de interés para el lector de este texto. La cultura de masas y el atiborramiento visual de la vida contemporánea son también materia de estudio de este autor; según él, el exceso de imágenes las hace invisibles, en otras palabras, su sobreoferta las banaliza.

En contraste con la imagen-escena, Gubern delimita la imagen-laberinto. Estas imágenes significan algo que no muestran o lo hacen indirectamente. Transmiten y ocultan a la vez; su significado no es el común y obvio. Luego de su recorrido por estas dos tipologías, el autor se centra en “el laberinto digital” y en la realidad virtual. Hay que tener en cuenta que, en este punto, la indagación ha quedado desactualizada por el presente desarrollo de lo digital, en especial de las redes sociales y de las nuevas formas de interacción propiciadas por las más recientes tecnologías. Aún así, hay algo de lo que nos presenta Gubern que puede ser todavía materia para un debate actual. La interactividad, según él, podría convertirse en la forma más perversa de tiranía del mercado sobre el creador ¿Es concebible un Edipo o Hamlet viviendo un final feliz por la voluntad de la mayoría del público?,  se interroga. Al mismo tiempo las nuevas tecnologías nos presentan una posibilidad insólita: la creación de imaginarios imposibles. Lo que han hecho El Bosco o Goya, ahora puede hacerse en la pantalla.

Al abordar la realidad virtual, el autor se refiere a este término como un oxímoron, una paradoja verbal. Rastrea el momento histórico de su nacimiento, con la aparición de prototipos para la exploración del espacio y las aplicaciones militares.  Una lujosa ciberboda y el sexo virtual son ejemplos de sus aplicaciones. Sostiene Gubern que la RV culmina el desarrollo histórico de la imagen-escena, la vieja aspiración humana de duplicar la realidad, aunque no sin un doble juego, ya que el ciberespacio es un escena que esconde un laberinto. El laberinto es engaño y disimulo y uno puede perderse en él.

A lo largo del texto, se hace referencia a numerosos escritores y artistas cuyas obras se toman como modelo para ilustrar las ideas que recorren el libro (como Las meninas de  Velázquez, Alicia a través del espejo de Lewis Carroll, textos de Poe y Wilde, los paisajes de Constable y Turner o las obras de artistas tan diversos como  Dalí, Seurat, Botticelli, Uccello). También se recogen teorías que incluyen a diversos autores –Leroi-Gourhan, Gombrich, De Piles, Delacroix, Peirce, Valéry, Virilio, Baudrillard, Moles, Jay, Gorki, Pascal, entre otros– o se recurre a conceptos de la semiología, la historia del arte y la lingüística.

La lectura de esta obra sin duda dará qué pensar a quien la lea y contribuirá a rastrear los orígenes de las imágenes que nos rodean y que tomamos como cotidianas. Un análisis enriquecedor que plantea valiosos interrogantes y que, al mismo tiempo, nos brinda una brújula para orientar nuestro recorrido por el laberinto visual que nos desafía.

Román Gubern (Barcelona, 8 de agosto de 1934). Es escritor y estudioso de los medios de comunicación de masas, en especial, el cine y el cómic. Ha sido investigador del Massachusetts Institute of Technology, profesor de la University of Southern California y catedrático de Comunicación Audiovisual de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Entre los numerosos libros que ha escrito figuran: Historia del cine (1969), El cine español en el exilio (1976), La mirada opulenta (1987) y Patologías de la imagen (Premio Ciudad de Barcelona de Ensayo, 2004).

Ficha técnica: Del bisonte a la realidad virtual. La escena y el laberinto, Román Gubern, Anagrama, 2007, 200 págs.