¿La Ilíada o la Odisea?

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¿La Ilíada o la Odisea?, me pregunto a mí mismo mientras voy releyendo la Odisea.

Clasifiquemos un poco: la Ilíada habla de la vida pública, de la guerra, de la aristocracia guerrera y gobernante, del poder del ego como la cualidad principal de los hombres (el rasgo más distintivo que hace que Aquiles sea el más destacado). La Odisea habla más que nada de lo privado, de la vida doméstica, de “las cosas”, del hogar (de la partida del hogar de Telémaco, del regreso al hogar de Odiseo).

La Ilíada está compuesta más que nada por material épico a base de los poemas hechos por los bardos aedos a la corte de los aristócratas guerreros de las cortes Jonias. La Odisea está compuesta básicamente por microrrelatos que provienen de la tradición de cuentos folclóricos, fundamentalmente de relatos que tratan sobre rituales de iniciación.

El viaje de Telémaco en busca de información acerca de su padre Odiseo, consiste en un relato sobre un ritual de iniciación, en tanto pasaje a la adultez. Los diferentes momentos en el viaje de iniciación van avanzando a partir de “ayudantes”, “donantes”, “adversarios”, y “objetos mágicos” que se le van presentando al héroe en su itinerario. Como suele ocurrir, todo viaje implica un viaje de conocimiento. Aquella actitud básica del héroe en su viaje (tanto en Telémaco como en Odiseo), consiste en averiguar, preguntar, descifrar enigmas.

Las historias fundamentales que cuenta la Odisea son relatos de iniciación. Así, por ejemplo, el hecho de que Odiseo diga al Centauro Polifemo que su nombre es “Nadie”, este dato, visto en clave de rito de iniciación, equivale a que aquel que se inicia en el ritual, al desplazarse de su hábitat normal y cotidiano, es “nadie”, ya que todo ritual de iniciación implica un despojarse de la propia identidad cotidiana, para pasar a ser una persona diferente. El iniciado se despoja de su conciencia habitual, en el momento del ritual debe ser nadie para luego regresar renovado.

Tres momentos señala Joseph Campbell (El héroe de las mil caras) al referirse al ritual de iniciación: Desplazamiento, Iniciación, y Regreso. Se vuelve renovado: en el caso de Telémaco, adulto; en el caso de Odiseo, glorioso por sus faenas en la guerra de Troya.

Según Vladimir Propp (Las raíces históricas del cuento), la secuencia que lleva al surgimiento de los cuentos maravillosos es la siguiente: primero existieron los rituales de iniciación. En esta instancia el iniciador (un hombre sabio, maestro, chamán o brujo), iba contando al iniciado historias sobre los orígenes, leyendas sobre el pasado y explicaciones míticas sobre la totalidad de las cosas existentes. En una etapa posterior en el transcurso del tiempo, surgen los cuentos maravillosos que no son otra cosa que relatos “racionalizados” que en su estructura profunda nos hablan de los rituales de iniciación.
Sin caer en una actitud populista de búsqueda del espíritu del pueblo en la literatura, no caben dudas de que un caudal y un modo de tratar los temas bastante recurrente en la Odisea tiene que ver con elementos de la cultura popular, de la carnavalización y de la fiesta popular. La carnavalización tiene que ver con la inversión de los lugares comunes de la vida cotidiana, como “el rey que se transforma en mendigo” (Odiseo), o la participación fundamental en la intriga de personajes del pueblo más bajo en la escala social (el criador de cerdos, la nodriza, las esclavas), y también con la exaltación del cuerpo y los genitales, de las partes “bajas” del cuerpo (como la pelea cómica entre los mendigos en la corte de Ítaca, o las amenazas recurrentes de castración a los mendigos). La lógica de lo falso, las coartadas, la falsa identidad que se atribuye Odiseo, tienen que ver con esta instancia de inversión.

No obstante, si en la fiesta popular la inversión de la vida cotidiana tiene que ver con una suerte de utopía social de cambio (que el mendigo se transforme en rey, por ejemplo), en el caso de la Odisea, la inversión funciona como momento de falsedad previo a la restitución del orden de lo establecido: Odiseo se atribuye una identidad falsa, pero como algo momentáneo y solo como un recurso necesario para restituir el orden de lo establecido. Este mismo mecanismo es el que se repetirá una y otra vez en la estructura de las comedias, desde Aristófanes y Menandro, pasando por Plauto, Shakespeare, hasta llegar a Goldoni: las comedias transcurren en el lapso de una inversión de lo cotidiano donde predomina lo falso, la invención de coartadas, y con una importante intervención de personajes del pueblo más bajo en la dinámica de la intriga, siendo que al final de las comedias, la instancia de falsedad es superada y se restituye el orden de lo establecido.

Respecto a la pregunta que inicia este artículo, sin dudas, prefiero la Odisea. No obstante, para el desarrollo de la cultura occidental, la Ilíada es más fundamental. Se trata de un libro sobre la afirmación de ciertos principios que aun hoy en día rigen nuestra vida, como la estructura mental que divide las experiencias entre un principio racional y ordenador (Logos), y un principio que hoy en día podríamos llamar inconsciente o dionisíaco (Pólemos). También en la Ilíada nos encontramos con el primer texto que nos habla de la importancia de la autoafirmación del individuo a partir de su propia ambición personal: una constante en la cultura occidental que comienza a afirmarse con la modernidad, acentuándose con la doctrina del liberalismo económico y filosófico, hasta llegar a sus secuelas lamentables en estos tiempos de “capitalismo tardío” hiperindividualista…

Si bien tanto la Ilíada como la Odisea son textos inscriptos en una visión aristocratizante de la vida, la Odisea es más lúdica e incorpora más elementos de la tradición popular. Al tratarse sobre el periplo de un héroe, se trata de una historia más universal, propia a todas las personas que efectúan un viaje de iniciación, conocimiento y autotransformación.

Nota publicada 17-5-2001