Aventuras de la palabra. Borges y otros mitos, Horacio Armani

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Aventuras de la palabra. Borges y otros mitos es una serie de ensayos que Horacio Armani escribe acerca de la palabra poética. Recopilados por María Esther Vázquez, los textos exhiben personajes y temas producto de las experiencias del autor como escritor, traductor y crítico literario

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En el prólogo del libro, María Esther Vázquez adelanta el tono intimista y personal que va a caracterizar todos y cada uno de los ensayos de Armani, y que constituye una poética de su propia creación; pero el libro también se transforma en un recorrido en el que se privilegian  nuestros mejores poetas.

En ese recuerdo que involucra escritores, poemas, épocas, escuelas y estilos, el autor se lamenta del “irreparable daño que se hizo a la poesía argentina desde los 50 en adelante, tanto desde los círculos vanguardistas como desde los grupos formados alrededor de la Facultad de Filosofía y Letras, cuya aspiración revisionista fue tan poco feliz que poco o nada queda de sus aspiraciones”. Además, hace hincapié en la decadencia de la poesía tanto en la creación como en la casi desaparición de estudios críticos, y analiza algunas posibles causas: los nuevos medios de comunicación, la globalización de la cultura, la transformación del comercio editorial, la desorientación en la enseñanza y otros.

Los diferentes ensayos también muestran la vasta enciclopedia cultural del autor, el conocimiento que proviene de sus lecturas, de su contacto con otros creadores y de su propia experiencia como escritor. En todos se nota que Armani, además de poeta, es un redactor conciente de las posibilidades expresivas del ensayo como cruce entre lo académico y lo literario. En este sentido, resulta muy placentera la lectura del libro porque la erudición queda en un segundo plano frente a la intención manifiesta de homenajear una época de oro de la poesía argentina.

Dicha poesía fue, en especial, la de las décadas del 40 y del 50 –esta última también con una abundante actividad en la traducción de poemas–. ¿Qué tuvo esta literatura para ser tan recordada? Sin duda, su musicalidad, su ritmo intenso y sus imágenes se reflejaron en versos fácilmente memorizables, a diferencia de la poesía posterior que, según el ensayista, es más intelectual, impersonal, oscura, y en la que se implantó el culto a lo psicoanalítico y a la reflexión.

En cuanto a la traducción, Horacio Armani ofrece numerosos testimonios acerca de qué es traducir y qué es la traducción, lo que en el fondo nos lleva a la discusión entre literalidad y recreación. Para el autor, hay poemas intraducibles y otros cuya traducción es equiparable al original. El traductor de poesía tiene que tener intuición poética, debe encontrar “la cadencia verbal” con que el autor original crea su texto; en otras palabras, debe existir una afinidad entre creador y traductor.

Volviendo a la poesía argentina, una de sus líneas se caracteriza por el llamado tono menor y el intimismo, relacionados con una expresión melancólica y delicada, producto de la vocación nostálgica del argentino. El resultado, entonces, son poemás más líricos frente a los que pertenecen a otra corriente más metafísica. Algunos poetas relacionados con esta vertiente son Enrique Banchs, Francisco López Merino, Norah Lange, entre otros.

En Aventuras de la palabra están: Borges, su poesía metafísica y su culto por la palabra “cuya dimensión se conforma por igual en profundidad de pensamiento y belleza espiritual”; Victoria Ocampo y su “pasión por los mundos del espíritu”: el amor pasión, la admiración intelectual, la atracción por lo bello y espiritual, y la amistad fraterna; Ricardo Molinari, el gran poeta de nuestras llanuras y ríos, y su predilección por el verso clásico castellano; Alfonsina Storni y la renovación de su Mundo de siete pozos (1934) con una dimensión existencial que la eleva por sobre sus colegas femeninas; Francisco Luis Bernárdez, el poeta religioso contemporáneo más importante de la Argentina; Ezequiel Martínez Estrada, a quien alguna vez Borges consideró el mayor poeta argentino viviente; Juan Rodolfo Wilcock, amigo entrañable de Silvina, y cuya poesía está inspirada en el Romanticismo inglés y en el alemán; Sara Gallardo y su capacidad innata de narradora que todo lo ve, que deshecha lo trivial y se queda con la esencia; Jorge Guillén y Salinas a través de la correspondencia que mantuvieron; Leopoldo Lugones y sus versos tallados “con el ritmo obcecado del operario laborioso”. Pero estos autores, además, están presentes a través de sus versos, y permiten que Armani mencione y analice –en mayor o menor medida– a otros que representan para él la auténtica poesía.

Uno de los ensayos más interesantes del libro nos habla de Buenos Aires como ciudad que nació con la vocación de ser cantada y exaltada por poetas y narradores. La lista es extensísima y abarca desde la fundación de la ciudad hasta nuestros días: Martín del Barco Centenera, Esteban Echeverría, Julián Martel, Baldomero Fernández Moreno, Jorge Luis Borges –que inaugura el tuteo porteño en la poesía culta argentina–, Manuel Mujica Lainez, Roberto Arlt, Leopoldo Marechal, Eduardo Mallea, Julio Cortázar son algunos de los creadores que se inspiraron en Buenos Aires, y que la transformaron en protagonista o en escenario para sus personajes.

Finalmente, Horacio Armani nos habla de su propia poesía, enmarcada en el paisaje de su infancia y nutrida de lecturas variadas como Neruda,Vallejo, Lorca, Hernández, Cernuda, Baudelaire, Rilke, Ungaretti, por nombrar solo algunos autores.

En un tiempo en el que la poesía está un poco relegada con respecto a la narrativa, Aventuras de la palabra le devuelve ese lugar de privilegio que no debería haber perdido, y nos invita a descubrir o a releer a muchos autores, a quienes deberíamos frecuentar.

Horacio Armani nació en Trenel, La Pampa, en 1925. Residió en Buenos Aires desde los ocho años. Comenzó a colaborar en diarios y revistas desde 1945. En 1956 fue jefe de Extensión Cultural de la Biblioteca Nacional. En 1960-61 realizó estudios de literatura italiana en Roma, becado por el Gobierno de Italia. En 1958 ingresó en el diario La Nación. En 1986 fue designado miembro de número de la Academia Argentina de Letras. Fue miembro correspondiente de la Real Academia Española. Dictó cursos y conferencias en varios países.  Murió en la Ciudad de Buenos Aires el 31 de mayo de 2013.

Ficha técnica: Aventuras de la palabra. Borges y otros mitos, Horacio Armani, Editorial Victoria Ocampo, 2013, 240 págs.