La vida perdurable, Graciela Cicchetti

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La vida perdurable, el compilado de cuentos de Graciela Cicchetti, propone abordar las experiencias subjetivas contenidas dentro de una hora o momento consensuado, desarmar la convención con el lenguaje y el quiebre de la temporalidad.

El primer texto, “El áncora”, es un relato que aborda el tiempo cronológico, el que marca el reloj. La hora como intervalo simétrico igual a sí misma en todos los casos, construcción social arbitraria. Un personaje, sin que te des cuenta, te pone a pensar en qué pasaría si venciéramos ese poder temible que nos regula y organiza, y abre la puerta para espiar esta experiencia subjetiva inabarcable que, por supuesto, no cabe en un objeto de relojería.

En el relato “La muñeca” el narrador, que intuyo femenino aunque no hay una marca clara de esto, dice: “Maus es un pequeño remedo humanoide: le falta un ojo, los hilos que atan su cabeza al tronco están descosidos de tal manera que parte del cuello cuelga. En el lugar donde debería estar la boca, hay un desgarrón que deja escapar la estopa con la que el fabricante  ha rellenado eso que se pretende un cuerpo”. La autora instala la imagen del tiempo como aire invisible que se posa sobre los objetos y deja huellas de su existencia.

 

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Maus es un pequeño remedo humanoide: le falta un ojo, los hilos que atan su cabeza al tronco están descosidos de tal manera que parte del cuello cuelga. En el lugar donde debería estar la boca, hay un desgarrón que deja escapar la estopa con la que el fabricante ha rellenado eso que se pretende un cuerpo.

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En los cuentos “En cubierta” y “Catalepsia”, la muerte es el tema. La narración está anclada en espacios definidos con juegos de temporalidades, personajes en pasados abstractos o detenidos por la muerte. En “Copita de jerez”, es el texto donde este juego se ve más claro: un personaje repite su intento de suicidio y resuena como si al cerrar el libro el tipo quedara dentro repitiendo la misma escena en un loop patético. “La muerte es una espera derrotada”, dice Lucía a modo de resumen en “Azahares” mientras exprime una naranja.

Cuando terminé de leer este libro, me pregunté sobre la conciencia y la percepción del tiempo. Me pregunté por esos parámetros íntimos inconscientes que también nos sirven de medición. Traté de ver las maneras en las que mido y agrupo los días, por qué recuerdo años eternos y años que pasaron volando, como si siguieran un patrón por descifrar. La vida perdurable va sembrando pistas de este patrón y las resuelve cuando al final retoma los textos para cerrarlos o darle continuidad infinita.  La estructura del libro en conjunto funciona como una metáfora del círculo temporal en el que estamos inmersos.

 

Ficha técnica: La vida perdurable, Graciela Cicchetti, Imprex ediciones, 64 págs.