Aún no consigo besar: la identidad bajo la máscara

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“Después de los 40, uno tiene la cara que merece”, dice la protagonista de Aún no consigo besar, que se reestrena mañana 22 en El Ópalo Espacio Teatral. La imagen que nos devuelve el espejo y su relación con la identidad, junto con la aceptación del otro, son algunos de los temas que recorren la obra. Escrita por Diego Bagnera y con puesta de Heidi Steinhardt, cuenta en forma ficcionalizada la aparición pública de Isabelle, el primer ser humano a quien se le realizó un trasplante de rostro.

Una noche la protagonista decide tomar pastillas para olvidarse de su existencia vacía, pero al despertar descubre que su perra le arrancó a dentelladas la parte inferior de la cara. Seis meses después del accidente, comparte con el público los momentos decisivos de su vida, reconstruye su pasado y logra encontrarle un sentido a todo el dolor físico y espiritual producto de la experiencia traumática.

Para Steinhardt la obra presenta “un riesgo interesante para la dirección en términos de montaje, dado que concibe la corporalidad de los personajes de manera singular”. Las dimensiones de la sala –pequeña y sin escenario– junto con la cercanía entre actores y espectadores, sumadas a la interacción con el público y el aprovechamiento del afuera como continuación del espacio escénico conforman una puesta interesante, estática por momentos, pero variada y con instantes de tensión bien trabajados.

El transplante de cara y cómo se llega a él es la excusa que le permite al autor ahondar en ciertos conflictos universales: la conformación de la identidad, la imagen que vemos de nosotros mismos o la que otros ven, el amor, las relaciones madre/hija, el dolor como posibilidad de asumir el propio destino y de superar las crisis existenciales. En este sentido, es interesante ver cómo Aún no puedo besar trabaja el tema del doble, que tan interesantes obras produjo a lo largo de la historia de la literatura (baste recordar dentro de la narrativa a “William Wilson” de Edgar Allan Poe, “El hombre de arena” de E. T. A. Hoffmann o “Dos imágenes en el estanque” de Giovanni Papini). El doble como sujeto escindido que debe recuperar la unidad tiene un tratamiento en el texto de Bagnera que merece ser abordado.

La protagonista recibe un transplante de rostro y, más allá de las dificultades estrictamente médicas, siente un rechazo hacia esa imagen que no es la suya. Es realmente como si Isabella se transformara en otra a la que deberá aceptar para sobrevivir: un yo interno que pertenece al pasado lucha con el nuevo yo reflejado en el espejo para llegar a recobrar el equilibrio perdido.

Con momentos de gran emotividad, los actores logran involucrarnos a nosotros los espectadores: nos interpelan, nos dan explicaciones de sus acciones, nos hacen sentir como si realmente estuviéramos frente a la primera presentación en público de esta mujer que aprende a descubrirse a sí misma a través de un rostro que no le pertenece.

Muy buenas todas las actuaciones, enriquecidas por una acertada iluminación, aunque el público –al menos a la salida de la función del sábado– destacó el papel de Sylvie, la psicóloga, quizás porque en sus parlamentos logra definir el amor de una manera profunda y absolutamente realista. Lucie tiene su momento en el contrapunto con su madre, en el cual le reprocha el que viva victimizándose; el periodista y el médico Bernard aportan otras líneas para reflexionar: la ética periodística, las motivaciones de los médicos para actuar, el compromiso de cada uno con lo que hace y con aquello en lo que cree.

Aún no consigo besar, en síntesis, con una puesta mínimalista, evidencia un conflicto por el que todos necesariamente transitamos: aquel que nos enfrenta a lo que somos, más allá de las máscaras que nos recubren.

El autor: nació en Buenos Aires, Argentina, en 1973 y reside en Madrid desde 2003. Estudió periodismo, literatura, interpretación y dirección escénica formándose, entre otros, con Adán Black, Andrés Lima, David Amitín, Juan Cavestany, Marco Antonio de la Parra, Abelardo Castillo y Carlos Ferreira.

Diseño gráfico: Ernesto Rowe; Realización de Escenografía: Mario Sala; Fotografía: Gustavo Maggi; Diseño de iluminación: Christian Gadea y Lucía Feijoo; Diseño de vestuario: Heidi Steinhardt; Coordinación de producción: Andrea Hanna; Dramaturgia: Diego Bagnera; Colaboración versión argentina: Paula Fanelli y Gustavo Maggi; Asistencia de Dirección: Paula Fanelli.

 

  • silvia

    Interesante la síntesis de la obra. Desde ya son conflictos internos que nos identifican como individuos en este camino incierto que se llama vida. Si tengo oportunidad la iré a ver.
    Saludos.
    Sil

    • Adriana

      Es una obra para identificarse en más de un sentido, como suele suceder con el teatro en general.

      Gracias por tu comentario.