Sé de un lugar

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Sé de un lugar, hermoso espectáculo que formó parte de la Semana Catalana en Timbre 4, agrega tres funciones a su estadía en Buenos Aires: Se presenta el jueves nuevamente en el barrio de Boedo y  sábado y domingo en Lomas de Zamora. Para no perdérselo.

 

 Extraño lugar

Sé de un lugar, si querés, es una tragicomedia amorosa aunque traspasa (trasciende, desborda) el tema del amor de pareja para hablar de otra cosa o de muchas cosas que afectan nuestra existencia en este mundo totalmente líquido. Las ideas de Zygmunt Bauman atraviesan el entramado de la obra como así también algún claro destello de Éric Rohmer, Nietzsche y tantos otros. Es que las relaciones humanas (las relaciones líquidas) en las sociedades modernas implican una complejidad insoslayable y dar cuenta de ello supone una estructura laberíntica, arborescente. Nada nos resulta fácil, ni siquiera (y sobre todo) el amor.

Simón (Xavier Sáez) y Bérénice (Anna Alarcón) se atraen y se repelen en iguales proporciones. Se han separado y cada uno inició su sanación, su búsqueda, su recuperación (Simó se recluyó en su casa y Béré, en cambio, salió al mundo, a la aventura). Pero algo los mantiene unidos. Ella vuelve siempre y él siempre la recibe. Las escenas se suceden con marcados saltos en el tiempo. Ellos cambian, transfieren sus comportamientos (ella, se calma, él se desborda en su pequeña cárcel personal) pero son todavía los mismos, “zombis sociales”, fantasmas en busca de señales, de anclajes posibles en un mundo sin dios.

Sé de un lugar habla entonces de esa posibilidad, de un punto de encuentro, de un instante de armonía con el otro, de un fugaz momento de felicidad al verse ligado al otro aunque sea por una nimiedad, por un hilo frágil e invisible, que nos asegure que no estamos tan solos, que somos “dos maravillosas personas de mierda”. Una hermosa canción de Triana (que da título a la pieza), constituye para ellos ese lazo inefable, eterno; junto con la certeza de no poder amar a quien no comparta los mismos intereses musicales.

La acción transcurre en el departamento de Simón constituido en un espacio escénico no convencional: butacas y mobiliario se confunden y se complementan de modo que los espectadores son eyectados al centro de la escena. Los actores hablan mirándote a los ojos, interpelándote para que resulte imposible no involucrarte, no sentir el pulso fatigoso de ese devenir, amoroso, humano. Incluso habrá quien no pueda escapar de la urgencia de convertirse en personaje.

El discurso desplegado es de una riqueza casi desconcertante: conceptos sobre la amistad, la familia, la xenofobia, la tv basura, las terapias alternativas, el esnobismo, la pertenencia social (y otros) se abren sin aparente relación. Pero, lo sabemos si lo pensamos, cada palabra está perfectamente estudiada, puesta en el lugar exacto. Todas las bifurcaciones (como los diversos caminos de los protagonistas) conducen a un mismo lugar, a ese extraño lugar “donde el río y el monte/ se aman/donde el niño que nace/es feliz.”

Sé de un lugar, de Iván Morales, conjuga excelentes actuaciones con un texto de inmensa belleza, capaz de sacudir los corazones de los más desprevenidos que buscarán también su punto de anclaje, su propia verdad musical porque nuestro mundo cabe en una canción.

 

 

  • Claudio

    Fuí uno de los desprevenidos y sacudidos emocionalmente por “Se de un lugar” el viernes pasado.
    Hermosa y profunda obra, hermosa y profunda crítica. Gracias!