30/40 Livingstone

0
8

Sergi López y Jorge Picó pasaron por Buenos Aires para presentar 30/40 Livingstone, en el marco de la Semana Catalana organizada por Timbre 4, y lograron cautivar una vez más al público porteño que aplaudió de pie la maravilla de un teatro hecho a conciencia.

Como un explorador

La analogía tenística se impone y entonces el recuerdo del comienzo de Match Point aflora: ““Aquél que dijo ´más vale tener suerte que talento´, conocía la esencia de la vida. La gente tiene miedo a reconocer que gran parte de la vida depende de la suerte, asusta pensar cuántas cosas escapan a nuestro control. En un partido hay momentos en que la pelota golpea con el borde de la red, y durante una fracción de segundo puede seguir hacía delante o hacía detrás. Con un poco de suerte sigue hacía delante y ganas, o no lo hace y pierdes.” El campo de juego es un límite y el 30/40 una encrucijada: ganar o perder es la cuestión. Cambiar o seguir siendo el mismo (tan igual a los demás) es una posibilidad, un duelo entre suerte o destino, entre mandato paterno (“patrio”) o libre albedrío.

Buscar es el camino. Buscarse, salir al mundo, pesquisar alguna respuesta en la naturaleza, a sabiendas de que la revelación puede ser nefasta y el autoconocimiento un error imperdonable. Nuestro protagonista asume el riesgo. Es un inconformista, un cuerpo vacío, un alma insatisfecha que se lanza a la búsqueda desde niño (“– ¿No vienes a jugar al fútbol? – No, tengo que buscar. – ¿El qué? – No lo sé. Ya te lo diré cuando lo encuentre.”), aunque ahora decide dejarlo todo y partir en pos de una señal que lo acerque a sí mismo.

Pero antes vuelve a la casa de la infancia para comunicarle la decisión a su padre, invisible en escena pero omnipresente en el transcurso de la obra.  Nada ha cambiado. La misma alfombra, la misma cabeza de ciervo decorando la sala, el mismo sillón, el mismo padre juez (de profesión pero también como rol familiar) y otro partido de tenis en la tv que se interpone entre el padre y el hijo que, finalmente, se va casi sin ser escuchado.

En su viaje se encuentra con un ser (casi) mitológico, no sabe (no sabemos) bien si es un ciervo o un gilipollas con cuernos. Él, como un explorador, prefiere pensar en su carácter sagrado, ritualista; nosotros, como espectadores, nos ceñimos a la metáfora de ese animal erguido al que le queda, en realidad, poco de animal y mucho de hombre porque su ley se impone, se interpone y domina. No hay ritual posible sino juego reglado y un sillón desde donde juzgar y ver al otro caer (perder). Porque no se puede escapar del mundo, ni se puede escapar del hombre. Hay algo cíclico en el devenir de la historia.

Ellos, el hombre (Sergi López) y el ciervo (Jorge Picó), son dos caras de una misma moneda, lo que se es y lo que pudo haber sido, una dialéctica implacable entre el gesto libre y la palabra heredada (todo un mundo descifrado). Habrá un ganador en la contienda y quizá perderemos todos.

30/40 Livingstone se define como un espectáculo de “humor, tenis y antropología” y es esa mescolanza y mucho más también. La puesta en escena reducida a la mínima expresión refuerza el carácter simbólico del todo: la alfombra de la casa remite al campo de juego, el sillón a la silla del juez del partido. Hay poco, hay un vacio (del espacio, de la existencia). Lo mínimo se encuentra elevado a la máxima expresión, sobre todo, por las contundentes y complementarias interpretaciones de los actores que con sus blancas vestimentas remiten a la indumentaria clásica de los tenistas. Sergi López tiene el don de la palabra, una verborragia lúcida y divertida que cambia de tono, de intensidad y te lleva de las narices por los vaivenes del relato. Y  es un cuerpo que deambula al compás de otro cuerpo (el de su partener), anclado en la mímica, el gesto y el movimiento. Picó dice mucho sin pronunciar palabra, quizá todo lo que el otro calla.

El universo creado, este universo extraño y absurdo, nos engaña, nos permite suponer cierta distancia que no será tal cuando reconozcamos en escena, en ese espejo distorsionado, la imagen atroz de lo que somos, como seres sociales, como seres humanos.

Sergi López y Jorge Picó pasaron por Buenos Aires, en el marco de la Semana Catalana organizada por Timbre4, y lograron cautivar una vez más (ya lo habían hecho el año pasado con Non Solum) al público porteño que aplaudió de pie la maravilla de un teatro hecho a conciencia. Porque debemos seguir buscando, debemos perseverar en la búsqueda aunque lo que encontremos nos dé vértigo, o nos revele una verdad aterradora.