Calé: Trapitos al sol

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En el Museo del Humor más de 60 originales, entre páginas terminadas, bocetos, pruebas y correcciones, apuntes, fotos, revistas, libros y otros objetos pertenecientes al artista rosarino. Se extiende hasta el 16 de marzo.Esta muestra fue exhibida en la Biblioteca Nacional, del 18 de octubre al 19 de noviembre; en la misma inauguración se firmó un acta de donación del material exhibido, el cual con generosa convicción la familia del dibujante depositó en la Biblioteca Nacional, al cumplirse 50 años de su fallecimiento.

Los primeros dibujos que Alejandro del Prado, Calé, hizo al llegar de Rosario a Buenos Aires fueron retratos de los músicos a los que iba a escuchar en vivo por las noches. Y, pasada la mitad de los 40, cuando empezó a publicar en diarios y revistas, transformó sus pasiones –Buenos Aires, el tango, el fútbol– en materia creativa. Debe haber repetido cientos de veces el gesto de levantar la púa del tocadiscos, sacar el elepé (long play, decían algunos) y darlo vuelta para escuchar los temas siguientes. El formato de los discos de vinilo de tamaño grande, los larga duración, se difundieron en la Argentina en la década del 50, para la misma época en que crecía la popularidad de este humorista gráfico con la serie “Buenos Aires en camiseta” en la revista Rico Tipo y la página “El seguidor y fiel” en el semanario River. Vaya a saber, quizás por eso, sus trabajos permiten una lectura doble. Su obra tiene lado A y lado B.

El autor utilizó la modificación del punto de vista como estrategia narrativa. Gran parte de sus trabajos están estructurados a partir de pares opuestos y complementarios y el efecto humorístico radica, justamente, en esa oscilación entre cómo se ve uno y cómo lo ven los demás. Sus trazos son un muestrario imperdible de geometrías, de texturas, de grosores y de curvas, en una suerte de pop adelantado. A fuerza de bocetos, de correcciones y de sobreexigencia, Calé avanzó de un trazo más simple a otro más elaborado, complejo, firme y agresivo. Entre uno y otro momento afloró una lectura, literalmente, entre líneas: en los cuadritos se puede ver lo que no aparece dibujado como si estuviera. Hacer visible lo que no está.

Algunas de sus páginas pueden pensarse, hoy, como la imagen congelada de un espacio urbano, social y cultural en extinción. Pero hay otras circunstancias, pequeñas, domésticas pero esenciales, así como cierta mirada sobre fenómenos como el uso del lenguaje, el periodismo y los medios, que no tienen fecha de vencimiento. Todo retratado con afecto pero sin complacencia.

No son sólo las arrugas, ni los ceños fruncidos, ni los excéntricos jopos lo que uno ve en esos hombres y mujeres maravillosamente retratados por el humorista, sino lo que ellos sienten y piensan, lo que hay detrás de esos rostros, sus agachadas y traspiés. La mayor parte de las veces, sus personajes lucen trajes y corbatas de sofisticados entramados y, sin embargo, –tal como acertadamente señaló Guillermo Divito, al bautizar la sección de Rico Tipo– están “en camiseta”; por más empilchados que se presentaran, el dibujante los desnudaba… Calé sacó los trapitos al sol.

Sobre estas ideas está organizada esta muestra en la que se exhiben originales, bocetos, apuntes, fotos, revistas, libros y otros objetos pertenecientes al dibujante. Con generosa convicción la familia dejará este material en donación al Programa Nacional de Investigación en Historieta y Humor Gráfico Argentinos, al cumplirse 50 años de la muerte de Calé.

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