Octavio Paz, Nicanor Parra y Adolfo Bioy Casares

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En este 2014, además de conmemorarse el centenario del nacimiento de Julio Cortázar, el 31 de marzo se cumplen también cien años del nacimiento del poeta mexicano Octavio Paz, del poeta chileno Nicanor Parra (5 de septiembre) y del escritor argentino Adolfo Bioy Casares (15 de septiembre).

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Octavio Paz (31 de marzo de 1914 ­- 19 de abril de 1998) fue poeta, escritor, ensayista y diplomático mexicano. Se lo considera uno de los más influyentes escritores del siglo XX y uno de los grandes poetas hispanos de todos los tiempos.

Su obra poética está compuesta por quince libros, entre ellos: Luna silvestre (1933), Entre la piedra y la flor (1941), Libertad bajo palabra (1949), Águila o sol (1951), Salamandra (1962), Ladera este (1969), Topoemas (1971) y Árbol de adentro (1987).

En prosa se destacan El laberinto de la soledad (1950), El arco y la lira (1959), Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe (1982), y Hombres de su siglo (1984), entre otros.

A lo largo de su trayectoria, fue merecedor de numerosos premios y distinciones, como el Premio Cervantes (España), el Ollin Yoliztli (México) y el T. S. Eliot (EE. UU.). Asimismo, Octavio Paz fue el primer poeta e intelectual mexicano en ser reconocido con el Premio Nobel de Literatura en 1990.

Nicanor Parra Sandoval es un poeta, matemático y físico chileno cuya obra ha tenido una profunda influencia en la literatura hispanoamericana. Considerado el creador de la antipoesía, Parra es, en palabras de Harold Bloom, «incuestionablemente, uno de los mejores poetas de Occidente». Recibió el Premio Nacional de Literatura en 1969 y el  Premio Cervantes en 2011, entre otros.

Parra demoró en dar con su fórmula antipoética, pero una vez que la descubrió, los libros que la elaboran se suceden uno tras otro: Versos de salón (1962), Canciones rusas (1967), Obra gruesa (1969), Artefactos (1972), Sermones y prédicas del Cristo de Elqui (1977), Chistes para desorientar a la policía (1983), Hojas de Parra (1985), por mencionar algunos. Estos libros revelan no sólo la riqueza de las premisas del sistema antipoético, sino también su capacidad sorprendente para hacerlo evolucionar sin alterar sus líneas esenciales y para mantenerlo abierto a los cambios históricos, y a las posibilidades de extraer nuevos recursos expresivos de movimientos artísticos y culturales que van emergiendo.

La antipoesía de Parra, desde la década del 50, viene ocupando el escenario de la literatura chilena como uno de los protagonistas centrales. Su influencia en el desarrollo de la poesía chilena, y también en otros géneros literarios, es determinante. No sería posible reconstruir ese desarrollo en los últimos cuarenta años, sin tener a la vista las premisas y la estimulación poderosa del sistema antipoético. Fuera de Chile, la recepción y la influencia de la antipoesía han sido igualmente vastas.

Adolfo Bioy Casares (15 de septiembre de 1914 – 8 de marzo de 1999) fue uno de los más destacados autores de la literatura fantástica universal. Su temprana vocación por las letras fue estimulada por su familia, y ya en 1933 publicó el volumen de cuentos Diecisiete disparos contra lo porvenir.

Pronto se vinculó culturalmente al círculo cosmopolita de la revista Sur; su amistad con Jorge Luis Borges sería decisiva en su carrera literaria. Lo conoció en 1932 en casa de Victoria Ocampo, y también a su hermana Silvina, quien se convirtió en su esposa en 1940. La estrecha amistad con Borges duró hasta la muerte de este en 1986 y dio origen a una serie de obras escritas en colaboración y firmadas con los seudónimos de B. Suárez Lynch, H. Bustos Domecq, B. Lynch Davis y Gervasio Montenegro: Seis problemas para don Isidro Parodi (1942), Dos fantasías memorables (1946), Un modelo para la muerte (1946), Crónicas de Bustos Domecq (1967), entre otros libros.

El mismo año de su boda publicó La invención de Morel (1940), su obra más famosa y un clásico de la literatura fantástica contemporánea. En la fructífera década de 1940, publicó volúmenes de relatos entre los que encontramos: La trama celeste (1944), El perjurio de la nieve (1948) y Las vísperas de Fausto (1949), además de la novela Plan de evasión (1945). En colaboración con su mujer escribió, la novela policíaca Los que aman, odian (1946); codirigió con J. L. Borges la prestigiosa colección del género El Séptimo Círculo, y los tres compaginaron la Antología de la literatura fantástica (1940).

A partir de la década del 50, publica las novelas El sueño de los héroes (1954), Diario de la guerra del cerdo (1969), los volúmenes de cuentos El gran Serafín (1967) y El héroe de las mujeres (1978). Asimismo, escribe Breve diccionario del argentino exquisito (1971), una observación sobre el lenguaje, por mencionar solo algunos de la extensa lista de sus libros.

Su obra narrativa le valió diversos galardones, como el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) en 1975 y el Premio Cervantes en 1990. Se lo distinguió como Miembro de la Legión de Honor de Francia (1981) y Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires (1986).  De sus obras, fueron llevadas al cine El perjurio de la nieve, con el título de El crimen de Oribe; Diario de la guerra del cerdo (dirigida por Leopoldo Torre Nilsson) y El sueño de los héroes (con dirección de Sergio Renán).

En general, en las novelas y relatos de Bioy, se cuestionan de modo obsesivo y recurrente los estatutos del orden espacial y temporal. Sus personajes se presentan atrapados por fantasmagóricas tramas, obligados a descifrar la compleja estructura de las percepciones, en las que se combinan realidad y apariencia. Además de un hábil y exquisito manejo del humor y la ironía, su prosa suele ser considerada como una de las más depuradas y elegantes que ha dado la literatura latinoamericana.