The act of killing

0
11

Fuertísimo  documental de Joshua Oppenheimer, nominado al Oscar que deslumbró en el pasado BAFICI.

En este documental se le propone a Anwar Congo y Adi Zulkadry -miembros de la organización Pemuda Pancasila, un escuadrón de la muerte que se encargó de cazar comunistas en Indonesia 1964/65- que recreen y actúen las escenas de sus propios crímenes, cosa que ejecutan con total impunidad, usando como actores y extras a la gente del pueblo, a sus propios hijos y ellos mismos, que también sirven en el rol de directores. Sus declaraciones juegan en la superficie de “armas y técnicas preferidas para matar” (la efectividad era dada por seguro), mientras que las implicaciones morales de los hechos se mantienen largamente ignoradas.

[youtube]https://www.youtube.com/watch?v=tQhIRBxbchU[/youtube]

El director, Joshua Oppenheimer –que dijo haberse sentido en la Alemania de los ’40 (esa que en tiempos de reconstrucción W.G. Sebald señala como “la creación de una nueva realidad sin Historia”)-, para filmar a los criminales se propuso dos reglas: no juzgarlos y verlos siempre como seres humanos. Finalmente, de Anwar Congo consigue sacar algo de esto.

El proyecto tiene años de trabajo. Oppenheimer recorrió Indonesia para darse cita con todos los criminales que tuvieron participación activa en los asesinatos en el 64 y 65. De ellos dice no haber recibido nunca una amenaza, y que, al contrario, fue poco el tiempo y las preguntas que necesito para que ellos le contaran todo lo referido a los crímenes cometidos. Quizá esto se deba a que ninguno de ellos encontraba en la descripción de su “trabajo” nada que mereciera ser llamado confesión.

En los créditos podemos encontrar dos nombres conocidos: Werner Herzog y Errol Morris, ambos como productores ejecutivos. Werner Herzog sirvió de asesor para Oppenheimer en más de un momento de inseguridad, cuando el material acumulado era tan fuerte como cuantioso -lo que suponía una reducción inevitable para poder ser expuesto. Herzog lo alentó, o más bien, lo desafío, al igual que a Morris cuando hizo “Gates of Heaven”, para que no tuviera miedo de exponerlo todo, sin importar que tan peligrosamente revelador y doloroso pudiera resultar, porque no había llegado hasta este punto para no tirarse atrás (“Now don’t be a coward now and cut it out…”). Herzog y Oppenheimer se conocieron en el espacio de 10 minutos en un aeropuerto, de los cuales Oppenheimer usó 8 minutos para mostrarle imágenes, todavía inarticuladas, de “The act of Killing”, que para Herzog fueron suficientes y que de inmediato juzgo como “únicas” -recientemente describió al material como “potente, surrealista y aterrador (…) sin precedentes”.

Algunas acusaciones que cayeron sobre el director hacían pie en que al dejar que este grupo de asesinos contara su historia sin juzgarlos sobre lo que dijeran; que al dejarlos actuar e involucrar gente en las recreaciones, lo que Oppenheimer en verdad estaba haciendo era mostrarles un nuevo ritual de celebración. A pesar de que el poder de las imágenes dice lo contrario, y que las acusaciones son unilateralmente moralistas, el director dice que su deseo siempre fue el de exponer la impunidad.

Otros reconocimientos para el film fue su nominación a los premios Oscar, que seguramente vaya a ganar. En lo que refiere a sus repercusiones, en Indonesia llamó a hablar de estos temas como no se había hecho antes. Ese silencio compartido de los inocentes, y las formas en las que los criminales se negaban a sí mismos la atrocidad de sus acciones (algunos procedimientos no más complejos que beber alcohol antes y después de matar a alguien) quizá pueda entenderse aplicando el concepto de “la banalidad del mal” de Arendt.

De cualquier manera, las imágenes son tan fuertes que se sostienen por sí mismas, quizá al punto de que es difícil describir en palabras lo que evocan, aunque ciertamente deberíamos hacer un esfuerzo para poder hablar de la causa que se proponen.