Magnum’s First. La primera exposición de Magnum.

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Magnum’sFirst, la primera exposición colectiva que en 1955 Magnum organizó como agencia de fotografía más importante del mundo y que fue hallada recientemente en sus embalajes originales. Hasta el 14 de enero se expuso en la Fundación Canal, Madrid.

Los cuatro se encontraron en Nueva York, en el restaurante del MoMA. Era el año 1947 y cada uno de ellos había estado en el frente, disparando una fotografía tras otra. Habían sobrevivido y estaban interesados en el futuro de la fotografía periodística, cansados de la presión del mercado sobre sus trabajos, del control de los editores sobre los temas y los enfoques; también de la censura. Tenían nombres fuertes: el francés Henri Cartier-Bresson, el húngaro Robert Capa, el polaco David Seymour y el norteamericano Bill Vandivert. El inglés George Roger estuvo ausente con aviso.

La idea venía dando vueltas en Capa y Cartier-Bresson: fundar una cooperativa de fotógrafos que protegiera los derechos de reproducción de los trabajos que realizaran los socios. Correr las revistas del medio era el objetivo práctico. Entonces, los beneficios obtenidos de los derechos de reproducción permitirían  re invertir en nuevos trabajos y dedicarles más tiempo. Pero también buscaban un objetivo estético: conjugar los conceptos de reportero y de artista. Entonces, la fotografía se convertía en una interpretación poética de los instantes del mundo.

Cuentan que Capa fue el primero en poner 400 dólares sobre la mesa. Los otros tres imitaron su gesto fundante y Magnum, la mítica Magnum, aparecía como la primera cooperativa en el mundo de la fotografía.  Cuentan también que la llamaron “Magnum” en honor a la bebida favorita de Robert Capa.Así lo declaró también en alguna oportunidad David “Chim” Seymour: Cuando Robert Capa propuso bautizar al grupo que acabábamos de fundar como Magnum, todos nos mostramos inmediatamente de acuerdo. Teníamos la sensación de que era el nombre adecuado:a la vez que expresaba esa vida en pos de grandes imágenes sugería la alegría representada por una gran botella de champán y una buena fiesta.”

En 1955, la agencia inaugura en Austria su primera exposición con fotografías realizadas entre 1947 y 1954 por Robert Capa, Henri Cartier-Bresson, Werner Bischof, Ernst Haas, Erich Lessing, Jean Marquis, Inge Morath y Marc Riboud. En el tiempo, las fotografías de esta primera exposición se perdieron tras un pequeño ‘tour’ por salas de Austria. Casi seis décadas después fueron halladas en sus embalajes originales, arrinconadas en los almacenes del Institut Francais de Innsbruck. Hasta el 19 de enero de 2014 volvieron a estar expuestas en Fundación Canal, en Madrid, bajo el título de Magnum’s First. Exquisita historia de apariciones y ocultamiento cifrada, pareciera, en el título original con que la llamaron: “El rostro del tiempo”.

Recorrer la exposición significó, en una primera vuelta, acortar distancias y estar atenta, ante la posibilidad de que en cualquier momento se diera una vuelta por ahí alguno de aquellos primeros fotógrafos de Magnum para ver cómo andaba la muestra. Fue estar frente a los positivados todavía frescos, en la actualidad de las escenas narradas, en la edición de lo que pondría cada uno. (Hay que tener presente que las copias fotográficas como los fondos como los marcos son originales). Luego, con la distancia del presente, fue experimentar el sello de marca Magnum: la diversidad de temas y enfoques técnicos, la urgencia de interpretar fotográficamente fragmentos de la realidad en todo tipo de contextos, el respeto por lo humano, la absoluta libertad de la mirada, la búsqueda del impacto emocional como fin narrativo.

Si bien la diversidad prevalece, el influjo del contexto en que fueron hechas las fotografías, el final de la segunda guerra y sus consecuencias, revolotea en muchas de las series expuestas cual aura y direcciona la mirada del espectador hacia una zona que inquieta por la fragilidad de la paz conseguida. En primer lugar, el gran Capa. Elige tres imágenes captadas en Biarritz, en 1951: muestran un baile folklórico en un festival y al pueblo vasco francés que sonríe. Sólo tres fotos, cuando se ha acudido para ver tantas. Pero, al tiempo de mirarlas, se vuelven suficientes ya que la fiesta popular ahí retratada significa la vuelta del fotógrafo al País vasco, catorce años después de realizar su famoso reportaje sobre el bombardeo de Bilbao en 1937. Así, fulgura en ellas la mirada de Capa sobre los sobrevivientes, sobre su día a día. Después, la serie de Inge Morath (única mujer presente en la muestra) donde focaliza en la opulencia de los barrios ricos de Londres (Soho y Mayfair), puntuando la altivez y la soberbia de sus protagonistas en su esmero de diferenciarse del resto de la ciudad que no sabe cómo sobrevivir a las consecuencias de la guerra. En tercer lugar, Erich Lessing, “Niños vieneses”ilumina la inocencia vulnerable inmersa en la ciudad durante la ocupación alemana. El ojo de Lessingr ecuerda, al instante, el título de la novela de Salinger, The Catcher in the rye  y las dos traducciones que recibió en español, El cazador oculto o El guardián entre el centeno: es que los observa jugar, los observa observar, casi como si los estuviera protegiendo en su vulnerabilidad, cuando todavía hay tanques en las calles, policías realizando maniobras de guerra, edificios destruidos.  Por último, cabe leer en esta línea “Tierra de faraones”, la serie de Ernst Haass, como constancia del optimismo que empezaba a desplegar el cine. Porque en las fotografías de este destructor de normas académicas (disparaba contra el sol, desenfocaba para jugar con los reflejos y las texturas) prevalecen las condiciones duras y extremas del rodaje que sufrieron los 4000 participantes.

El costumbrismo y los apuntes de viaje es el otro eje que recorre los trabajos de los primeros de Magnum. Así el humanismo y el profundo respeto por las personas retratadas y sus costumbres diferentes que las alejan de lo exótico; la cotidianeidad en entornos rurales y en laberintos de callejuelas estrechas; variaciones del otro y de lo otro que aparecen en las series “Diario Fotográfico”, de Werner Bischof, “Dalmacia”, de Marc Riboud y “Hungría”, de Jean Marquis.

Por último, el decisivo Cartier-Bresson, con dieciocho fotografías de su legendario trabajo Gandhi, realizado en 1948. Estar en el lugar adecuado en el instante preciso: si bien fue uno de los argumentos esgrimidos por Magnum, es en esta serie donde se muestra que más allá de un componente de suerte, es la intuición narrativa inherente a la mirada del fotógrafo la que lo hace posible. Así, la exquisita secuencia lograda por Cartier-Bresson: los últimos momentos de Gandhi con vida, el anuncio de su muerte por el primer ministro Nehru, su cremación y el dolor del pueblo asistiendo al esparcimiento de sus cenizas en el río Summa.


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