Robo en “La linea piensa”

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En el diario Pagina 12 de hoy martes 21 de enero Eduardo Stupía y Luis Felipe Noé curadores del espacio La linea piensa que desde hace 7 años tiene en el Centro Cultural Borges un espacio para el arte del dibujo justifican el levantamiento de la muestra de Miguel Angel Bustos por el robo de una de las obras.

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Descuido, ausencia de custodia de sala son las explicaciones de un hecho que pone en evidencia la crisis de ciertos espacios curatoriales, entre los cuales se cuenta también el Centro Cultural Recoleta por ejemplo. La ausencia total de planificación de seguridad produce en muchos casos desaparición de partes de obras, o recursos para las exposiciones, (notebooks, proyectores, etc).

¿Cuales son los procedimientos para resguardar la seguridad en los espacios? Son los curadores los responsables, es el artista?  Preguntas que merecen respuestas inmediatos, acuerdos previos, un sistema confiable de seguros de obras de arte.

Por el momento, aqui la transcripción de la nota de los curadores:

“Quienes hacemos desde hace más de siete años La línea piensa hemos coincidido con Emiliano Bustos en la decisión de concluir anticipadamente la exhibición de poemas y dibujos de Miguel Angel Bustos de la cual precisamente Emiliano, su hijo, forma parte, por lamentables y vergonzosas razones de fuerza mayor. Aprovechando el descuido o la ausencia de una custodia de sala, se ha producido el robo de una de las obras originales de Miguel Angel Bustos. El hecho, grave en cualquier caso, es todavía más dramático porque se trata de una obra única e irremplazable. Es cierto que todas las obras de arte lo son, pero en este caso la pieza sustraída lo es más aún, por su carácter de documento histórico, no sólo en lo que hace a la categoría poética de Miguel Angel Bustos, sino en cuanto a lo estrictamente político, dado que el poeta y artista visual fue uno de los tantos secuestrados y asesinados por la dictadura. Por otra parte, la obra visual de Bustos se expande como un círculo perfecto, cerrado en sí mismo, el cual se verá irremediablemente quebrado por el miserable escamoteo de una de sus partes. No podemos sino sentir también que es injusta con la memoria de Miguel Angel Bustos la desaprensión con la que el Centro Cultural Borges se ha comportado, al menos en este caso, frente a la obvia obligación de garantizar la seguridad en todos los aspectos de las obras de arte que se exhiben en sus espacios, más allá de sus cualidades, valores o condiciones. Los responsables artísticos de La línea piensa hemos depositado toda nuestra confianza en una institución que nos ha ofrecido desinteresadamente –hay que decirlo– un importante espacio para que fuera posible la realización del ciclo, pero este hecho desgraciado pone seriamente en cuestión la capacidad de esa institución para resguardar las obras o bienes que se le confían. Es suficientemente sabido que, en lo que hace a nuestra responsabilidad directa, quienes llevamos adelante el ciclo tratamos de cuidar al máximo tanto a la obra como a los artistas, pero la cuestión de la seguridad física de la sala es algo que nos excede por completo. No obstante, este hecho gravísimo también nos salpica, dado que somos la cara visible de La línea piensa, y los que comprometemos a los participantes. Estamos ponderando seriamente ahora qué hacer de nuestro lado, no sólo en cuanto a esta situación específica, sino en lo que respecta a la continuidad del ciclo. Por el momento, sólo podemos expresar nuestra solidaridad con Emiliano Bustos y hacer público este agravio.

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