El cuidador, Harold Pinter

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Con dirección de Agustín Alezzo, se estrenó el viernes 18 El cuidador de Harold Pinter, un clásico del Teatro del absurdo, pero vigente aún a través de los temas que aborda.

Premio Nobel en el 2005, Harold Pinter no solo fue un excelente dramaturgo, sino también guionista, poeta, actor y director. En 1959 escribe El cuidador que lo transforma en el autor inglés más importante de la segunda mitad del siglo XX. Dos jóvenes hermanos y un hombre mayor que vive en la calle protagonizan escenas en las que la palabra, la solidaridad, la comprensión y la piedad carecen de sentido, y no pueden evitar el fracaso de los protagonistas.

Todo transcurre dentro de una habitación que es un microcosmos que, sin embargo, refleja al macrocosmos. El mundo, la realidad que nos rodea, es como ese cuarto: opresivo, oscuro, lleno de objetos que no sirven para nada, frío, hostil, incómodo. En este lugar denso hasta para el propio espectador, los tres personajes dialogan aunque, en rigor de verdad, monologan. Cada uno dice su verdad, expone su intimidad y sus obsesiones más ocultas.

Los diálogos de Pinter tienen algunas características que reflejan su pertenencia al Teatro del absurdo: las repeticiones, la violencia, el humor, la incoherencia, la dificultad que tienen los personajes para expresarse. En este sentido, las palabras que estos pronuncian son intercambiables entre ellos porque en el fondo los tres están solos, buscan desesperadamente algo que les dé sentido a su vida, se engañan con planes que nunca van a cumplir y pasan alternativamente de la euforia al silencio, o de la tranquilidad a la agresión.

Las actuaciones de José María López, Santiago Caamaño y Federico Tombetti encuentran el tono justo para hacer visible al espectador ese horror a lo desconocido que, según declaraba Pinter, forma parte de nuestra vida cotidiana. Los matices en las voces, las expresiones y hasta la postura corporal les dan cierta individualidad a los personajes. Esta individualidad, sin embargo, se transforma en un intento desesperado por conseguir esa salvación o esa redención que jamás llegará.

Un acierto de la puesta es la escenografía que apunta a otra de las constantes en Pinter: los objetos y los espacios como algo amenazador. Sabemos muy poco del afuera, y lo que sabemos es incierto y fragmentado. La única realidad visible es ese cuarto abarrotado de objetos apilados, sin orden y sin sentido, a modo de metáfora de la vida misma: una cocina desconectada, papeles, pinturas, maderas, restos de objetos, etc., todos en exceso y usurpando el lugar de los personajes. Es significativo que muchos de los diálogos giren en torno a arreglar el lugar, transformarlo, limpiarlo y ordenarlo, como un intento inútil de acomodar la vida de cada uno.

La dirección de Agustín Alezzo se traduce en las actuaciones de los personajes en las que se ve la mano de alguien que sabe cómo conseguir que la puesta de una obra teatral refleje lo que el texto y el autor quisieron transmitir. Un buen director establece una orientación, confiere unidad a la representación, deja su huella, tal como se ve en esta versión. Hay que destacar que la iluminación y la musicalización son parte fundamental de esa representación del universo Pinter.

Un párrafo aparte merece la traducción de El cuidador, a cargo de uno de los actores, Federico Tombetti. A través de esta, él supo mantenerse fiel al original inglés, pero con algunas licencias que acercan el texto a un espectador de Buenos Aires y permiten que no sienta el texto tan ajeno.

Imposible no salir pensando después de ver la obra. Si bien la identificación no es una característica esencial en el teatro, sí lo es la universalidad de sus temas, y ahí radica el interés y la fascinación de sentarnos y de ver que algo de lo que ocurre en el escenario siempre tiene que ver con nosotros. Pinter, Alezzo y tres buenas actuaciones sobran para pasar por El Camarín de las Musas.

Diseño de iluminación: Félix “Chango” Monti. Diseño de escenografía: Marcelo Salvioli. Diseño de vestuario: Agustín Alezzo y Andrea Lambertini. Asistencia de dirección: Germán Gayol. Diseño gráfico y fotografía: Ramiro Gómez. Traducción de textos: Federico Tombetti.

  • Natalio

    En la nota está mal escrito el nombre del director, dice “Arezzo” y es Alezzo.

    • Leedor.com

      Gracias por tu observación, ya lo corregimos.