Juan Gelman

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Respetable público: He aquí el poeta. Se llama Juan. Una vez ganó uno de los premios literarios más importantes de habla hispana. En esta nota, Juan Manuel Alegre festejaba en su momento la poesía.Homenaje mitopoético a Juan Gelman y tres verdades.

Si mi alma fuese de plumas? (gracias Ornella, 9) seguramente andaría
ondeando por el aire, el viento me llevaría hasta tu casa y, desde el rosal te enviaría canciones de amor, paloma mía?

Si uno se pone a pensar para qué sirven la poesía y los poetas, es precisamente para eso. Para decir lo que lo que muchos callan, no pueden, no tienen la posibilidad de decir nada importante, porque parecen petrificados o congelados.

Los poetas dicen lo que los políticos no pueden; dicen lo que tu alma calla ?tal vez por un exceso de pudor o de miedo, que en el fondo es lo mismo-, lo que tu espíritu siente que le hincha el alma.

La luna de mi noche, sin perros ensayando, me permite hablarte Juan querido.
La sangre que llegó al río y los niños, como pájaros maltratados, que traspasaron las espinas de los crueles también aparecen en este canto.

Un poeta prende fuego, pero no es un pirómano.
El alma prende fuego y la incandescencia de los sueños cauteriza pero también marca.
Querido Juan: la poesía asusta a los malvados, porque un poeta puede ponerle gatillo a la luna (gracias Raúl por la imagen). Un poeta se entibia, como cuando nos miramos con esa y no otra persona, y el resto del mundo tirita.

Digo que pienso en los poemas que todos escribimos alguna vez,
por despecho,
por nostalgia,
por mal de amores,
por hastío.
(Soledades oxidadas y aves fénix que no se animan a regenerarse:
la memoria atenaza o amenaza, que es lo mismo pero más intenso).

Entonces aparece el poder o la miel o la hiel de la palabra.
Pero a nadie le gusta ser poeta, porque no tiene prestigio, no da posibilidades amatorias, no es un buen recurso decir que uno escribe poesía.

La posmodernidad no siente, no piensa, no necesita pensar ni sentir. Éxtasis es una pastilla solamente. Y mucha agua.

Pero,
¿Cómo cantar a la nada o a la eternidad?
¿Cómo darle sentido a tus miradas; a las alas, honrosas, invisibles e inservibles, que te crecieron, que sientes y te permiten volar pero nadie se da cuenta. Ni siquiera ella?
¿Y la lágrima, furibunda o furtiva que te bebes y avinagra tu día?
¿Cómo explicar, el ruido que tienes adentro o lo que ves cuando te asomas a tu propia ventana?
¿Cómo explicar el humo que te tragas cuando fumas? O cuando, canibalizado, quieres comerte a ese otro que está ahí, enfrente tuyo?
Y el origen de este latido perfecto, más allá de sus sístoles y diástoles -parecen chirriar a veces- que se vuelve tam-tam o malambo?
¿Cómo escribir un blus sin beibi?
¿Cómo expresar esta mutación o tu fuga, como la de un paralítico?

No hay que tirar papelitos para saber que más allá de lo biológico está la cultura que pone primera, segunda, tercera, cuarta ? y te lleva por los caminos insondables del bandoneón, el scat maravilloso de Satchmo, te entinta en los dibujos de Hermenegildo, te pone a tomar mate en el rancho con Inodoro Pereyra.

El asunto es cómo contarlo. No hay protocolos?

Respetable público:
He aquí el poeta. Se llama Juan, Cesar, Federico, Raúl, Miguel, Antonio, Homero, Juana, Gabriela, María Elena?
Algunos con la obra en negro o con obras negras. No importa.
El poeta está en su atalaya de noctámbulo solitario; búho o lobo, nunca bautizado, domesticado, encaminado o maniatado. Canta y cuenta. Lleva y trae sueños de los que duermen y de los que lo hacen con los ojos abiertos.
O tal vez está en la mesa de un bar, o en un malecón, como Nicolás, con toda la mar detrás. El poeta toma subte, tiene cara de humano, demasiado humano. No hay datos externos de su anclaje con lo invisible.

Primer verdad entonces: el poeta anda entre nosotros, sueña, escribe y modestamente declara que quiere limpiarte los ojos para que veas (Lo dijo Gualterio? está bien! es Walt Whitman). O sea trafica con cuestiones del alma. Lindo tema, por lo inasible.

El poeta no usa papel de regalo.
No esconde:

YO NO ME VOY A AVERGONZAR de mis tristezas, mis nostalgias.
Extraño la callecita donde mataron a mi perro, y yo lloré junto a su muerte,
y estoy pegado al empedrado con sangre donde mi perro se murió, existo
todavía a partir de eso, existo de eso, soy eso, a nadie pediré permiso para
tener nostalgia de eso.

¿Acaso soy otra cosa? Vinieron dictaduras militares, gobiernos
Civiles y nuevas dictaduras militares, me quietaron los libros, el pan, el hijo,
Desesperaron a mi madre, me echaron del país, asesinaron a mis hermanitos,
A mis compañeros los torturaron, deshicieron, los rompieron. Ninguno me
Sacó de la calle donde estoy llorando al lado de mi perro. ¿Qué dictadura
militar podría hacerlo? ¿Y qué militar hijo de puta me sacará del gran amor
de esos crepúsculos de mayo, donde la ave del ser se balancea ante la noche?

No era perfecto mi país ante del golpe militar. Pero era mi estar, las veces
que temblé contra los muros del amor, las veces que fui niño, perro, hombre,
las veces que quise, me quisieron. Ningún general le va a sacar nada de eso al
país, a la tierrita que regué con amor, poco o mucho, tierra que extraño y que me extraña, tierra que nada militar podrá enturbiarme o enturbiar.
Es justo que la extrañe. Porque siempre nos quisimos así: ella pidiendo más
de mí, yo de ella, dolidos ambos del dolor que el uno al otro hacía, y fuertes
del amor que nos tenemos.
Te amo, patria, y me amás. En ese amor quemamos imperfecciones, vidas.

Roma, 9/5/80

Este es Juan. Juan Gelman. Simplemente un poeta. Uno atravesado por los ensayos de la noche cuando el músculo duerme y el alma sale de cacería o a pasear. Y llega hasta la certidumbre del fantasma, la orilla del medio desde donde una niña de 9 años puede escribir Si mi alma fuese de plumas?

Segunda verdad indubitable: el poeta está del lado de la vida.
Los otros se matan por puras contingencias: la p(?)lítica, la verdad, el campeonato, o por la bolsa de valores!

El poeta gambetea a la lógica y la razón. No los necesita, sale, sin porvenir, a ver qué pasa y entonces se encuentra con la vida misma. Y empieza a germinar la idea, imágenes furtivas. Escribe.
Las consonantes son macho y las vocales hembra, se juntan, se babean, se amalgaman, se imbrican: tiempo de embarazos y de creación, recreación, procreación. No hay que beber tinta para escribir poesía, ni mascar piedras.
El requisito es permitirse otro paradigma.
Otra fe que no es en la razón ni en seres superiores.
Es la fe del domador de caballos al estilo pampa, sin espuelas.
Es la mirada del que se salió de la caverna de Platón y ve de otra manera y conoce otras cosas.

Ese es Juan al que le dieron un premio que honra la memoria del Manco de Lepanto. Será que los poetas le agregan brazos a los mancos, ojos a los ciegos, palabras a los que no tienen voz, música a los sordos, y bálsamo a tus heridas?

No sé. Pero Juan Gelman me pone en otra estatura cuando lo leo. Me pone en cortocicuito, me abraza, me succiona como un chamán.
Me mira con cariño como si fuese su próxima víctima y me dice:
-Tranquilo que no pasa nada, es poesía. No tiene contraindicaciones ni efectos secundarios. No mata, ni embaraza.

Caro lector. Los poetas viven porque se los lee. Uno mismo vive porque otro te piensa.

Tercera verdad: los poetas existen porque los leemos, los pensamos y los alimentamos como a los santos populares: tabaco, vino y unas empanaditas.
Y la vela encendida para que la llama mueva el aire, para que ilumine el camino
y no te pierdas.

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Publicado en Leedor el 2-12-2007