Entrevista a la artista plástica Ana Eckell

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En un PH muy pintoresco del barrio de Palermo, tiene su casa-atelier la artista plástica Ana Eckell. Dueña de una trayectoria sin par entre sus contemporáneos, reúne premios como el Primer Premio de Dibujo en el Salón Nacional de Grabado y Dibujo (1994); el Primer Premio de Dibujo en el Salón Municipal Manuel Belgrano (1996); el Gran Premio de Honor en el Salón Nacional de Dibujo y Grabado (1996); y el Primer Premio Costantini en el Museo Nacional de Bellas Artes (1997), entre otros.

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Formada en las Escuelas de Bellas Artes Manuel Belgrano y Prilidiano Pueyrredón, posee, además de cultura y formación, un encanto personal que se percibe de inmediato cuando con una sonrisa me recibe en la puerta. Ingresar a su mundo es una experiencia única. El aroma a jazmines, un patio interior lleno de plantas y un estar despojado que amplía sus dimensiones por la presencia de un espejo estratégicamente ubicado, son algunos de los ingredientes que hacen atractivo el lugar. El ascenso al piso superior por una escalera de madera y más arriba el acceso al taller en el cual la luz penetra hasta sus últimos rincones son apenas anticipos de la personalidad de la artista. La sencillez del medio habla de su sencillez. Y esto es lo que se nota ni bien empieza la entrevista. No se detiene en sus logros, más bien refiere sus sensaciones en cada caso. Los recuerdos afloran espontáneamente y hasta se permite el llanto cuando se trata de afectos. Dialogar con Ana Eckell fue descubrir un ser rico, sensible y esencialmente humano.

?¿Qué opinás del arte hoy?

?Es muy estimulante, me gustan los campos que se van abriendo. Me interesa en general. Yo hago lo que está en mis manos. El último año, por ejemplo, me tomé un año sabático, pero en realidad no me lo tomé: me asaltó, ocurrió; no lo pensé. Las cosas casi siempre las entiendo así.

?¿Qué lugar ocupa el artista en la sociedad?

?Y, es como el que recibe con más entusiasmo, interés y apertura eso que está flotando en el aire, y el que hace a su manera. En realidad, todos lo hacemos. Al menos, es lo que yo hago. Yo no invento nada. Yo me veo asaltada o inundada, o tomada por el clímax y cuestiones que están flotando en el aire y, de alguna manera extraña, las absorbo. Como no soy un ente separado sino que todo es una trama y no hay yo y no hay tú, también me encuentro con que esa elaboración a veces es difícil, porque vos sabés que yo pinto y simplemente arranco sin ningún propósito. Yo no quiero saber lo que voy a hacer ni saber lo que va a pasar en la vida, no quiero saber lo que me va a pasar, por eso estoy abierta y trato de tener mis recursos preparados para sobrevivir.

?¿Cómo empezó esta aventura?

?Me hacés llorar (llanto). No sé por dónde empezar. No tengo una idea precisa. Mis abuelos eran de La Plata, y mi mamá cuando se casó con mi padre se instaló en Buenos Aires. Cuando yo tenía cuatro años más o menos, mi abuela vino a vivir a mi casa, al departamento donde vivía que era chico y no tenía especialmente lugar, pero ella dibujaba siempre y ahí fue…, había creado un espacio sagrado a su alrededor. Mi papá hacía un trabajo aburrido, era contador en una empresa alemana y tenía gran pasión por la naturaleza. Mi mamá era profesora de literatura en la Universidad de La Plata, y cuando terminé la escuela primaria, le hubiera gustado que fuera al Nacional de Buenos Aires, pero yo dije que quería ir a Bellas Artes, y me dejaron hacerlo. ¡¡Para mí fue la vida!! Además estudié piano, canto y danzas con Iris Scaccheri.

?¿Te formaste con alguien en especial?

?No, no. No sé por qué. Yo nunca planeé nada. Mi abuela me puso clases de dibujo cuando yo tenía cinco o seis años y me quiso enseñar perspectiva. Lo que sí, hice unas poquitas clases para la preparación del examen de Bellas Artes. El interlocutor que tengo, básicamente, aparte de todos los seres humanos que es mucho más divertido, es eso que va ocurriendo en mi contacto con la pintura. O sea, ese no querer saber nunca qué va a pasar también se da en este caso.

?¿Qué técnicas empleás?

?En realidad, en la Escuela Manuel Belgrano nos enseñaban todas las técnicas: pintura, grabado, escultura. Todo me fascinaba. ¿Sabés cuál me gustaba muchísimo? Esto te va a dar un dato, una materia que se llamaba Sistemas de composición y análisis de obra que nadie le daba bola y tuvo profesores súper, mucho mejores que los artistas, que, la verdad, te dejaban ahí: “Cocinate en tu salsa”. Una de las profesoras daba un montón de ejercicios, propuestas, y nos provocaba a hacer cosas: jugar, manchar, tirar. También pinté cuatro años con March. Dibujo mucho y dibujé mucho cuando tenía restricción de espacio o cuando mi hija era chica. En la actualidad pinto mucho directamente con el pomo, y hasta podría decirte con el cuerpo.

?¿Tu presencia en la bienal de Venecia constituye un antes y un después para tu carrera?

?Supongo que sí. ¿Sabés qué me pasa a mí? Eso te da visibilidad, te da un lugar y también podés vivir de eso, pero yo siempre hice lo que yo sentí que tenía que hacer. Nunca dejé de hacer algo porque no me lo iban a comprar. Me ha pasado que cuando cambiaba de estilo algunos galeristas me dejaban de lado, pero yo siempre fui muy solitaria y eso no me preocupaba.

?Hay muchos artistas que, consciente o inconscientemente, producen de acuerdo a las demandas del mercado. ¿Qué opinás?

?Eso es como ser empleada en la farmacia y vender lo que hay en el estand. En realidad, yo pude soportar la vida y disfrutarla porque no me cuelgo de algo. Uno tiene que hacer lo que quiere, y cada momento es distinto.

?En una entrevista que te hicieron dijiste que “pintar es un estado meditativo”, ¿tenés alguna experiencia al respecto?

?Yo empecé a meditar a los diecinueve años. Siempre hay alguien que te está permitiendo algo, y vos vas. Yo soy solitaria, no necesito del grupo, estoy en un lugar y se me viene encima todo lo que pasó en ese sitio. Me pasan muchas cosas así.

?También me interesó mucho la idea de que “hablás con la tela” que rescaté de otra entrevista.

?Ah, sí. Hablo con el gato, con la tela… Es como un paso. Un paso es preparar la tela: cortarla, montarla; otro paso es la decisión de fondearla o no; y cada una de esas cosas es una bifurcación, y en la vida todo el tiempo estamos a merced de la bifurcación. Hace mucho, mucho, mucho yo dibujo con el pomo, porque para mí la síntesis me resulta muy importante. En la década del 80 yo abría el juego. Siempre aparecen modalidades distintas de arranque. Lo que hacía es rebordear pintura, tirar, manchar, así, al azar. Yo siempre veo manchas en la pared y veo cosas, veo caras, y todo me sirve.

?Juego, exploro, medito. ¿Hacés todo eso con el arte?

?Cuando pinto, a veces pinto y a veces despinto. Una cosa es sumar una asociación a la otra, pero otra es que a veces se da por separado, y a veces alternativo en el proceso de la construcción de una obra. Así como jugás cuando ponés, también jugás cuando construís eso, cuando lo tapás. Están los dos procesos: el hacer y el borrar. Siempre borrar es como dibujar en su lado aparentemente negativo, y no es negativo porque deja ver lo otro. En cuanto a la forma en que vos borrás, una cosa es pasarle el lampazo y otra cosa es que, mientras vos borrás, vayas dando forma.

?¿Podrías encontrar un paralelo entre la creación artística y la literaria?

?Por supuesto, es lo mismo pero con distinto medio. Tiene la intensidad, la vitalidad y la penetración también de la música; en realidad, depende de cómo sea el lector y cómo, el autor. Somos como hermanos. Los humanos somos todos distintos, pero somos bastante parecidos. Es muy del zen, no hay yo no hay tú; si vos llegás a comprender tus procesos, también podés comprender los del otro.

?¿Cómo compatibilizás tu vida familiar con el arte?

?No hubiera podido tener diez hijos, porque soy muy artesanal con los hijos. Lo fundamental fue que a lo largo de un período importante de mi vida pude conectarme, conseguir y armar estructuras como es la familia, la casa, lo básico, donde lo mío tenía como de suyo un lugar.

?¿Considerás que alguien contribuyó para que crecieras profesionalmente?

?(Llora) Yo agradezco haber podido hacer mi vida. Me conmuevo porque me siento una superviviente. Si vos sobrevivís es por algo, y siempre hay algo que hace que vos sobrevivas; no es solamente tu pulsión de vida, sino que hay algo que puede ser ambivalente o muy complicado, pero que también está contribuyendo, sino te morís. Yo creo que la vida es frágil y que es incierta y que nunca podés prever nada. Me interesa un contacto profundo, intenso, no me pierdo en boludeos. No tengo problemas en decir “no” a muchas cosas que me proponen.

?¿Qué te gustaría que me llevara de esta entrevista?

?Lo que a vos te resonó.