La Chispa de la Vida

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Puede que este no sea el mejor film de Alex de la Iglesia, como también es cierto, que la expectativa con él siempre suele ser un tanto desmesurada. La Chispa de la Vida es una metáfora de la España actual.  

Un publicista desocupado que vive hace dos años del “Paro” sigue siendo alentado con dulzura por su mujer para seguir buscando trabajo, con la esperanza de encontrarlo. Esa mañana parte a tocar la puerta de dos “amigos”, que han obtenido en principio el dinero en su empresa, gracias a una propaganda -otrora suya- de Coca Cola, y a su slogan “La chispa de la vida”. El resultado es negativo y deshumano, por lo que sale de Madrid a Cartagena – espacio donde pasara la luna de miel con su mujer- hacia la búsqueda de un hotel que ya no existe. En su lugar se está inaugurando un Museo donde se han encontrado ruinas muy importantes. Allí elige un camino equivocado para andar y se produce un accidente que lo colocará en una posición con la que supone, puede modificar el destino económico de su familia a la que ama profundamente. Y en la que permanece a lo largo de casi 24 horas como un Cristo sacrificado cercano a un anfiteatro.

Con guión del americano Randy Feldman La chispa de la Vida coloca sobre el tapete las miserias sociales, económicas de una España, que no es muy diferente del resto del mundo. Desocupación, deshumanización, ausencia de moral y cretinismo mediático – que otra vez apuesta a filmar la tragedia con la morbosidad que los caracteriza.

La estética del director se impone a un guión por momentos flojo, y a una relación de la pareja protagónica – Jose Mota-Salma Hayek- , que por apostar demasiado a la parodia o la farsa se torna inverosímil.

Los que vayan con la idea de pasar un buen momento están en lo cierto. De hecho es un buen trabajo. Pero los que imaginen un film a la altura y en la línea de Crimen Ferpecto -apegada a la tradición española y al humor negro-  o a las inolvidables El día de la bestia (1995) o La Comunidad (2000) saldrán un poco desilusionados.