WAGNER

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Tres libros sobre uno de los personajes históricos más veces retratados

 

La reciente publicación, por parte de Editorial El Ateneo, del libro “Wagner” del belga Jacques De Decker (edición original de Gallimard del 2010) se revela acertada al resumir en apenas algo más de doscientas cincuenta páginas la vida de un personaje histórico controvertido.

La primera virtud del autor es su modestia al reconocer que el suyo es apenas uno más entre miles de libros publicados sobre alguien a quien sólo, según afirma, Jesucristo y Napoleón superan cuantitativamente en volumen bibliográfico.

Similar aseveración realiza el prematuramente fallecido escritor británico Jonathan Carr, cuyo notable “El clan Wagner” fuera publicado justo al momento de su muerte.  A diferencia de De Decker, Carr amplía su análisis biográfico a otros miembros de la familia Wagner dedicando bastante espacio a Winifred, la nuera de Richard que nació cuando ya habían transcurrido más de quince años desde la muerte del suegro a quien no llegó a conocer.

Y esto nos lleva a “Winifred Wagner oder Hitlers Bayreuth”, un extenso  y fascinante tercer libro aún no traducido al español de la autora alemana Brigitte Hamann. Y a la reflexión de que quizás haya otro personaje histórico que supere a Wagner en número de referencias bibliográficas. Se trata de Adolf Hitler, quien probablemente ocupe el primer lugar especialmente si se incluyen las obras dedicadas al “nazismo”, casi un sinónimo de su nombre.

Retornando al libro primeramente citado señalemos que pone énfasis en el tema del antisemitismo del genial músico. En 1850, a la edad de 37 años, publica el artículo “El judaísmo en la música” donde ataca a Mendelsohn y Meyerbeer (que mucho lo había ayudado) y lo firma con el seudónimo K.Freigedank “que todos identificaron inmediatamente”, en palabras del autor.  Hasta su propio futuro suegro, Franz Liszt, le transmitió su azoramiento un año después. Pero Wagner nunca cambió su actitud al punto de volver a publicar el panfleto en 1869 “sin cambiarle una coma” y cuando ya hacía rato que mantenía relaciones con su secretaria Cósima Liszt, casada con Hans von Bulow.

También señala el escritor belga la creciente influencia de Cósima sobre Wagner, “reprimiendo sus ideas socialistas y revolucionarías y favoreciendo en él, en cambio, las influencias elitistas, antifrancesas y antisemitas”. Incluso Nietzsche, cuyo entusiasmo por las obras del músico no dejaba de aumentar, cambió su postura debido al exacerbado chauvinismo del múisco. Hacia fines de la década del ’80 (del siglo XIX) fueron publicados dos de sus escritos: “El caso Wagner” y “Nietzsche contra Wagner”, donde lo ataca no sólo desde el punto de vista ideológico sino también musical calificando a su obra, sobre todo “Parsifal”, de decadente.

 Si uno desea ampliar el círculo de Wagner a sus descendientes, la obra de Carr es la primera recomendación. Cobra singularidad la figura de Siegfried, último y único hijo varón de él y cuya esposa Winifred lo sobrevivió por casi cincuenta años. El matrimonio conoció a Hitler el 30 de setiembre de 1923 cuando se encontraron en casa de Edwin y Helene Bechstein y al mes siguiente lo recibieron en Bayreuth. Al contrario de su esposa, Siegfried jamás se hizo miembro del partido nazi y a diferencia de su cuñado Houston Stewart Chamberlain (casado con Eva Wagner) nunca estuvo obsesionado por su ideología. Pese a compartir la idea de que Alemania necesitaba urgentemente “una nueva escoba”, no era la “escoba de hierro” por la que Chamberlain ya abogaba en su célebre libro “Los fundamentos del siglo XIX” exaltando el pangermanismo. 

Lamentablemente Siegfried murió en 1930 y a partir de entonces el protagonismo en Bayreuth lo tuvo Winifred, fervorosa admiradora de Hitler. Consideraba al “Lobo”, como gustaba designarlo, el responsable de todo cuanto era bueno en el tercer Reich, achacando a sus subalternos todo lo malo. A Goebbels le asignaba la exclusiva culpa por la “noche de los cristales rotos” y entre otros acusaba (y detestaba) a Bormann, Himmler y Streicher.

Winifred tuvo cuatro hijos siendo los varones (Wieland y Wolfgang) los que le dieron continuidad junto a su madre a las representaciones operísticas en Bayreuth, incluso durante la segunda guerra mundial. De las hijas mujeres, la mayor Friedelind (Mausi) fue la única que se diferenció en su postura frente al nazismo. Ella abandonó Alemania y se fue a Suiza y luego Inglaterra. Al ser alemana fue deportada de este último país y pasó fugazmente por Argentina para finalmente establecerse con la ayuda de Arturo Toscanini en los Estados Unidos, donde obtuvo la ciudadanía. En su libro “The Heritage of Fire” atacó a Hitler e incomodó a mucha gente incluyendo a su propia madre y a Richard Strauss por su posición durante el nazismo. Es probable que el enfriamiento de la relación de Hitler con la familia Wagner y su renuencia a volver a visitar Bayreuth se deba al odio que el Fuhrer sentía por la rebelde hija de Winifred. En todo caso después de la Guerra y durante el proceso de desnazificación que debió sufrir su madre, las relaciones entre ambas mujeres mejoraron.

Friedelind murió en 1991 pero Verena, su hermana menor (nacida en 1920) la sobrevive. Son sin embargo hoy en día los hijos de Wolfgang Wagner, fallecido en 2010, los que tienen el mayor protagonismo. Dos de sus hijas, Eva y Katharine Friederike, conducen actualmente Bayreuth. Su hermano Gottfried, en cambio, “se convirtió en un alma errante que hasta bastante avanzada su vida no encontró un papel idóneo”, nos dice Carr. Y agrega: “Estuvo enzarzado en una disputa con su padre, asombrado por lo que había descubierto en relación a Hitler, pero ante todo indignado con el antisemitismo de Wagner (su bisabuelo).  En su biografía, Wofgang, su padre prácticamente lo ignora…

Wagner, sin duda una familia con muy diversas actitudes y un clan que no parece tener visos de extinguirse.