Borges, postales de una biografía. Nicolás Helft

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Nicolás Helft, director de Villa Ocampo en San Isidro, escribe una breve biografía del autor de Ficciones contada en escenas por medio de cartas, reproducciones de manuscritos, anotaciones perdidas en cuadernos y, sobre todo, imágenes de las postales que “Georgie” (esa era su firma) envió a sus familiares y amigos más íntimos desde 1910 hasta 1971. El resultado de este trabajo biográfico es Borges. Postales de una biografía.

Las postales, según señala el biógrafo, son “un género menor, casi invisible, pero revelador y no menos literario que otro”. Es cierto. Esos mensajes, en general, banales no solo aportan información y son documentos; a veces, como en el caso de Borges, uno llega a vislumbrar en un giro al escritor admirado.

El álbum de Helft se abre con una imagen tan hermosa como conmovedora: un dibujo infantil de Georgie en el que se ve a un tigre. La fascinación por la fiera sagrada cuya piel representaría para Borges la escritura de Dios aparece ya a esa edad temprana.

Tigre Borges1

Varias de las postales familiares, enviadas por Georgie y Norah desde lugares de vacaciones, están dirigidas a Fanny Haslam, la abuela paterna de Borges. En esos años, los Borges (el padre, Jorge Guillermo, doña Leonor, sus hijos y Fanny Haslam) vivían en Palermo, en la calle Serrano, en una casa rodeada por un jardín, donde había un molino y una palmera que Norah no se cansaba de dibujar. La familia veraneaba en Montevideo, en Villa Esther, una amplia casa de los primos Haedo. Más tarde lo harían en Adrogué, en el hotel Las Delicias.

Jorge Guillermo Borges era un abogado de tendencia anarquista, muy culto, con poco sentido práctico. Consiguió un trabajo administrativo en un juzgado, pero no hizo carrera y debió pedir el retiro antes de tiempo porque estaba casi ciego. En busca de una cura, Jorge Guillermo y Leonor resolvieron viajar a Europa en 1914 para consultar a un oftalmólogo renombrado. Pensaban quedarse unos meses. El peso se cotizaba muy alto y era más barato vivir en el extranjero (París, Londres o Ginebra) que en Buenos Aires. A poco de llegar, estalló la guerra y la familia se refugió en Suiza (país neutral). Se instalaron en Ginebra y permanecieron allí hasta 1921.

Durante esa primera estadía europea, Georgie estudió en el Collège Calvin donde se hizo de dos amigos, Maurice Abramowicz y Simon Jichjilinsky, ambos judíos y comunistas. Era inevitable que el Borges adolescente también se sintiera atraído por el comunismo.

Terminada la guerra, en diciembre de 1918, los Borges viajaron a Barcelona y después a Mallorca, donde pasaron el verano. En el invierno de 1920, continuó la vida nómada. La familia pasó una primera etapa en Sevilla y, por último, llegó a Madrid. Georgie frecuentó las tertulias literarias y se apasionó por el ultraísmo y la figura de Rafael Cansinos-Asséns. En Madrid, se hizo amigo del escritor Guillermo de Torre. Este trató de mezclarse en todas las actividades de los Borges, porque se había enamorado de Norah, con la que se casaría.

Georgie, ya de regreso en Ginebra, le escribió a su futuro cuñado una postal con la imagen de un sileno, en junio de 1920. En ella, hace una alusión al ultraísmo y adopta el tono de un conocedor y un “consumidor” de alcoholes, prostitutas y modistillas.

En 1921, los Borges regresaron a Buenos Aires. Georgie descubrió una ciudad completamente distinta de la que había dejado, mucho más cosmopolita e interesante de lo que había supuesto. En la década de 1920, desarrolló una formidable actividad: escribió seis libros (el primero, Fervor de Buenos Aires), fundó las revistas Prisma y Proa y cristalizó la mitología porteña de los compadritos y los arrabales.

La patria le reservaba a Borges una “novia” o, con más precisión, un enamoramiento, Concepción Guerrero (Conce), y la amistad con Macedonio Fernández. Los dos escritores se reconocieron de inmediato como pares, a pesar de la diferencia de edad y de obras. También hubo otra novia o amistad fugaz, la platense Elsa Astete, que habría de convertirse mucho después, en la década de 1960, en la primera esposa de Georgie.

postal borges1

Londres
20 agosto 1923
Señor don Macedonio Fernández
calle Rivadavia 2748
Buenos Aires
Argentina Republic
¿A qué puntualizar con intensidad de palabras la caterva de días -ninguno alegre, todos turbios, alguno angustiosísimo- que han pasado por mí desde que le dije adiós a Conce y a Buenos Aires.
Mejor a divertirse con tonteras visuales como el grabadito persa en el dorso.
Tuyo Jorge

 

En la década de 1930, Borges entró a trabajar en el diario Crítica, lo que lo obligó a dirigirse a un público más amplio y también a escribir con rapidez. Su nombre empezó a ser cada vez más conocido aunque, naturalmente, Borges todavía no era Borges. Con todo, su prestigio era suficiente para que Victoria Ocampo lo incluyera en el comité de redacción de la revista Sur, que apareció en 1931. De ese año o del siguiente, data el comienzo de la amistad de Georgie con el jovencísimo Adolfo Bioy Casares y con Silvina Ocampo.

Cuando el suplemento que dirigía en Crítica cerró, Georgie empezó a trabajar en una biblioteca municipal del barrio de Boedo. Ya no eran tan pocos en los círculos literarios quienes pensaban en él como el autor más interesante de su generación. Entre los amigos que lo apoyaban estaba el novelista uruguayo Enrique Amorim, en cuya casa de Salto Oriental fueron tomadas varias fotografías que muestran a Georgie en traje de baño, infrecuentemente seguro y deportivo.

El último día de 1941 apareció el libro de cuentos El jardín de senderos que se bifurcan, que contenía algunos de los relatos más importantes de Borges, entre ellos, “Pierre Ménard, autor del Quijote”. Cuando se otorgó el Premio Nacional de Literatura de 1942, la distinción recayó en la novela campera Cancha larga, de Eduardo Acevedo Díaz, que no podía resistir la comparación con El jardín… Había incomprensión en esa injusticia, pero también una visión política que enfrentaba a los nacionalistas con los liberales, partidarios de los aliados en la Segunda Guerra Mundial. Victoria Ocampo publicó en Sur un número de desagravio a su colaborador y amigo; asimismo, la Sociedad Argentina de Escritores organizó una cena en homenaje al autor. La reacción oficial no tardó demasiado. En 1943, Borges fue “ascendido” en el escalafón municipal y pasó a ser nombrado “inspector de aves”. Humillado, Georgie renunció a su trabajo de bibliotecario y a su “ascenso”. Para poder ganar algo de dinero, se puso a dar conferencias, impulsado y ayudado por Victoria Ocampo y Esther Zemborain de Torres Duggan. Tuvo un éxito imprevisto, si se tiene en cuenta que hasta ese momento le resultaba casi imposible hablar en público. Fue el comienzo de su carrera de conferenciante internacional. Primero, viajó por toda la Argentina (Resistencia, Bahía Blanca, Sierra de la Ventana, Santiago del Estero, etc.) y por el Uruguay, hablando sobre Martin Buber, Shakespeare, Almafuerte, Banchs, Lugones, Joyce. Terminaría cruzando el océano. Las postales registran esos itinerarios.

Cuando cayó el gobierno de Perón en 1955, Georgie fue nombrado director de la Biblioteca Nacional: era el ingreso al paraíso soñado y perdido, el reino infinito de los libros, que la ceguera le impedía leer. La consagración internacional le llegó en 1961 con el premio otorgado por el Congreso Internacional de Editores, en Formentor.

A partir de 1961, todo se volvió más fácil en el plano literario. En cuanto a la vida privada, Borges se casó, sin quererla, con Elsa Astete, la platense cortejada en la juventud. “Madre” veía venir la muerte, temía que Georgie quedara a la deriva y, por lo tanto, promovió el casamiento con una mujer que a ella no le caía mal. Fue uno de los graves errores de Leonor Acevedo y un ejemplo de lo funesta que puede ser la obediencia debida.

En Buenos Aires, Elsa y Georgie se aburrían mutuamente con ahínco diario. También debieron convivir en el extranjero. Viajaron a Estados Unidos en dos ocasiones y vivieron allí unos meses. Esas estadías fueron una tortura para él porque pusieron en evidencia, ante testigos, el abismo que lo separaba de su esposa. A los tres años de la unión, Borges y Elsa Astete se separaron. La ruptura fue planeada en Buenos Aires con un tacto y una eficacia notables por Norman Thomas Di Giovanni, el traductor de Borges al inglés.

La entrada de Di Giovanni en la vida de Borges, en 1967, le infundió vitalidad al escritor, que había quedado aliviado, pero también sacudido por la ruptura matrimonial. La colaboración entre ambos fue muy fructífera. Duró hasta 1975 o 1976. Norman se convirtió en una especie de agente literario con el que Georgie traducía, leía, escribía y viajaba. En julio de 1975, se produjo lo temido: Leonor Acevedo murió, pero a esas alturas una mujer, la definitiva, había hecho un lento y discreto ingreso en el mundo de los Borges: María Kodama.

El encuentro de María y Georgie selló el comienzo de la historia de amor entre ambos. Ese capítulo terminaría en Ginebra, la ciudad de la juventud, el 14 de junio de 1986. Desde entonces, todos los años, el 24 de agosto, María celebra con amigos el cumpleaños de Borges.

Fuente: adn cultura, La Nación