Skate, punk rock y ciencia

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Existe una banda de punk rock legendaria, con más de 30 años de trayectoria en la escena mundial, cuyo nombre es toda una declaración de principios: Bad Religion . Surgida a finales de los ’70, en plena revolución punk, tiene una clara identidad musical californiana con excelentes melodías, coros armónicos y letras que, en algunos casos, son pequeñas obras científicas y literarias. Sus integrantes crecieron en una atmósfera de efervescencia cultural, donde la consigna era “hacelo vos mismo”. El punk rock y el skate, en tanto deporte que se dispersaba como una epidemia cultural, invitaban a la acción. Apenas salidos al ruedo, cuando aún eran unos niños, inventaron su propio sello discográfico “Epitaph” con el cual editaron muchos de sus discos.

El rock’n’roll en los ’70 había entrado en una dispersión de géneros, probablemente como un efecto de la psicodelia de la segunda mitad de la década del ’60. El listado de esos géneros comprendía una larga lista entre los cuales podemos mencionar el progresivo (con bandas como Yes, Pink Floyd, etc.); el hard rock (Deep Purple, Led Zeppelin, etc.); el funky (Sly & The Family Stone, George Clinton, etc.), todo bajo la increíble influencia de James Brown; el glam (David Bowie, New York Dolls, etc.) o el folk (Crosby, Stills & Nash, Bruce Springsteen, etc.). Una de las características en común de todos estos géneros radicaba en que los músicos eran todos profesionales; el virtuosismo estaba de moda y los roles muy bien diferenciados. De un lado los músicos, del otro el público.

La crisis del petróleo de mediados de los ’70 golpeó duramente la economía mundial y los desempleados se multiplicaban aún en los centros económicos mundiales como Inglaterra o Estados Unidos. La desesperanza de una generación de adolescentes chocó de frente contra el optimismo lisérgico de los años ’60. Al desempleo inclemente le siguió, como una necesidad lúgubre, la llamada revolución conservadora de Reagan y Tatcher, cuyo logro principal fue hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. Estos gobiernos neoconservadores no sólo ejercitaron el viejo imperialismo (Malvinas, Irlanda, Granada, etc.), sino que no dudaron en aplicar una dura represión contra su propio pueblo. El puño de hierro otra vez gobernaba el mundo.

El ambiente era propicio para la creación cultural. La década del ’80 fue un hervidero de ideas y experimentaciones no sólo en el ámbito de la música popular, sino en todas las manifestaciones artísticas. En ese entorno los Bad Religion empezaron su carrera. Su música siempre fue de nicho y aunque nunca alcanzaron un puesto de relevancia en la Billboard, su influencia en la música que vino después fue claramente notoria.

Los integrantes de la banda que se mantuvieron a lo largo del tiempo fueron Greg Graffin, Jay Bentley y Brett Gurewitz. Greg Graffin, el cantante, tiene un grado universitario en antropología y un doctorado en biología evolutiva. Esa educación se refleja en las canciones, que tocan temas como la entropía o la selección natural. También, en su temática, atacan directamente, la política imperial norteamericana. De hecho, durante la guerra del Golfo, allá por 1990, lanzaron un simple (¡qué tiempos aquellos!) que de un lado tenía una canción y del otro un discurso que especialmente grabó Noam Chomsky para ellos. El disco se llamaba “New World Order: #1”.

Llevan editados a lo largo de estos 30 años, más de 15 discos. Pero no sólo se produjeron a sí mismos. Entre las bandas que apoyaron se encuentran nada menos que The Offspring y Rancid, dos grupos de alcance mundial. El sello Epitaph también produjo varios discos de la banda que formó el ex The Clash, Joe Strummer, The Mescaleros. Varios grupos versionaron temas de ellos, como por ejemplo Sublime o Biohazard.

El punk rock y el skate ya son hoy en día, manifestaciones culturales con derecho propio, que reflejan un estado de las cosas que implica, necesariamente, una dosis de rebeldía. Claro que el capitalismo no perdió el tiempo y todo lo estético de estas corrientes fue usado por la industria. Así los pantalones rotos, por ejemplo, que significaban la carencia de recursos materiales de esa sociedad de principios de los ’80, se transformaron en productos de la Haute couture y se venden a precios exorbitantes en las tiendas más importantes del mundo. Hasta que punto hemos llegado, que una banda, producto del marketing, como One Direction, modificaron el viejo logo de The Ramones, poniendo sus nombres donde antes figuraban los de Joey, Deedee, Mark y Johnny; pero, pese a ello, ¡Bad Religion aún resiste!, lo que habla, dentro de la industria de la música, de una coherencia poco usual.