Unsolo Cuerpo, en el Museo Alejandro Otero

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El museo de Caracas ofrece una interesante muestra sobre arte contemporáneo en los países del Mercosur. Diversidad de soportes en un museo de primer nivel.

Con una variedad de soportes y lenguajes representativos de la práctica artística contemporánea que incluye fotografía, pintura, grabado, video, instalación, escultura y las combinaciones entre las disciplinas, el Alejandro Otero presenta un paneo posible sobre el quehacer de artistas de Uruguay, Argentina, Brasil y Venezuela.

Los artistas participantes son: Sebastián Elsinger  (Buenos Aires), Raquel Pellicano (Brasilia), Gabriel García Martínez (Montevideo), Gustavo Alamón (Montevideo), G. Fogaça (Goiánia), Mario Sarabí (Paysandú), Vicente Aranaga (Caracas), Silvia Gai (Buenos Aires), Lucas Bambozzi (San Pablo), Natalia Rondón (Barquisimeto), Agustina Mihura (Buenos Aires), Manuel Finol Cavalieri (Caracas), Angela Barbour (San Pablo), Boris Romero (Montevideo), Edgar Álvarez Estrada (Caracas). Alejandro Curtto (Merlo), Luiz Martins (San Pablo), Salomón Reyes (Montevideo), Argelia Bravo (Caracas), Luján Funes (Buenos Aires).

Es de destacar la doble articulación de la propuesta que se da en el hecho de que la muestra responda a un interés de política cultural. Por un lado, poner de manifiesto la nueva territorialización que proponen este tipo de exposiciones. Por otro, problematizar el arte contemporáneo en un campo cultural fuertemente atravesado por tradiciones y novedades, un complejo aglomerado de situaciones y situacionismos, con polos tan diversos como la geometría, la abstracción, la revisión de la historia, el panteón de los héroes y las cuestiones identitarias. Todo esto, oportuno es aclarar, en el marco de los procesos políticos en debate, que se han instaurado en una Caracas totalmente tomada por los comicios electorales del próximo domingo 8 de diciembre de 2013.

Entre las distintas propuestas, destacamos algunas particularmente interesantes en relación a este abigarrado panorama social, político y cultural. Por ejemplo, la pintura de Edgar Álvarez Estrada, Como siempre (acrílico sobre tela, 110 x 130 cm), donde pinta la cama del prócer venezolano y factótum del surgimiento del pensamiento revolucionario de las elites criollas de finales del siglo XVIII, “El Precursor de la Emancipación Americana”, Francisco de Miranda, representando su cama vacía, reinterpretando el célebre episodio de su cárcel, creado por el pintor canónico Arturo Michelena.

“Como-siempre”
Edgar Alvarez Estrada, Como siempre.

Pero esta recontextualización de la historia que revisa el panteón dialoga con otros bordes que tensionan otras radicalidades, como sucede con la obra que se encuentra en el mismo piso, de Argelia Bravo, A continuación del Himno Nacional (cuya foto de una de las tres piezas ilustra esta nota), que incluye una videoperformance donde tres mujeres de la Lactante Cooperativa dan de amamantar tres bebés con una capucha en la cabeza, como un acto de guerrilla, al son del Himno Nacional de la República Bolivariana de Venezuela “mientras su irrepetible receta aniquila a la de Nestlé”. El gesto problematizador de los núcleos hegémonicos y de las formas de resistencia activa de esta artista de barricadas, se continúa en una foto, donde una mujer esgrime una espumadera, reforzando esta idea de la mujer que combate desde el acto nutricio, entre la teta y la cuchara, que además remite y confronta muchos gestos feministas de los 70 como la famosa Semiótics of the Kitchen, de Martha Rosler.

Luján Funes, con su Kiosco-Hemeroteca de periódicos intervenidos y despojados en una frase y algunas palabras, y Silvia Gai con sus órganos de crochet, lana y yeso, plantean una polaridad entre la literatura y el arte textil que, en ambos casos, resulta de una altísima calidad creativa, y que además problematiza los soportes circulando entre el esteticismo y el conceptualismo, entre el poema visual y la reescritura poética del archivo.

Por su parte, el paulista Lucas Bambozzi con su instalaciòn Puxadinho II, hace reingresar otra clase de “cuarto propio” dentro del museo, con su casa precaria de cartones recogidos en la calle que tiene un video por puerta y uno por ventana, donde lo que vemos es alguien tratando de salir de ella, jugando con la idea de inclusión/exclusión, dentro/fuera, imposibilidad de superar el límite de las condiciones económicas y el encierro de la marginación de muchos de los habitantes de la casillas de barrios, villas, chabolas y favelas, en una ciudad que alberga en la zona de Petare al barrio marginal más grande de Latinoamérica.

Interesante entonces esta exposición, que esperemos sea el comienzo de un diálogo potente en el marco de nuestros convenios marco, que comienzan a plantear otrxs nosotrxs y otros desmarcajes visuales que problematizan la enunciación propia y la común desde nuestros espacios y nuestras políticas, y que ponen por fin en diàlogo a artistas, instituciones y curadurías.

 

 

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  • Claudia Analía

    Esta muestra tiene una base conceptual y estética tan interesante que hacen que quiera ir a verla en persona!!