La sala roja

0
9

La sala roja, de Victoria Hladilo,se presenta los viernes a las 21.30 hs y los domingos a las 20.30 hs en El Camarín de las Musas. Este domingo realizarán la última función del año para retornar el 8 de febrero. 

El infierno son los padres. No los nuestros (aunque cada familia es un mundo), sino los otros: ese amplio muestrario de padres cuyos hijos están transitando la escolaridad. Claro que (por suerte) hay excepciones pero resulta alarmante la frecuencia con la que solemos toparnos (incluso cuando cada quien se mira al espejo) con esa especie tan particular de seres sobreprotectores a destajo, que velan por el bien individual de sus pichones a niveles insospechados, casi ridículos, en detrimento del bien común.

La sala roja posa su lente de aumento en este contexto cotidiano para exacerbar ciertas situaciones que reconocemos verosímiles aun en su desmedida exageración, procedimiento este que permite y hace estallar la risa. Es un mecanismo que crece y se desborda: comienzo siendo una reunión para resolver algunos temas vinculados a la convivencia diaria y termina constituyéndose campo de batalla (de egos, de problemas personales, de conflictos mezquinos).

Detrás de un preciso sistema de reglas a cumplir se esconde el caos, la pequeña barbarie que somos. La escenografía (que recrea una típica sala de jardín de infantes con sus sillitas y sus dibujos de animales y juguetes) se torna metáfora del comportamiento común: grandulones que accionan sólo ante el propio deseo, ante la pulsión primaria de lo que necesitan para ser, para subsistir, problemas de los chicos que son, en realidad, de los grandes (“¿Por qué no querés ser mi amiga?” le dice una madre a otra).

En este absurdo desatado, el espacio público del aula se torna, peligrosamente, espacio privado: las miserias y las penas de cada uno quedarán al descubierto como así también la imposibilidad de dialogar, de llegar a un verdadero acuerdo en ese barullo que produce el individualismo.

Con personajes sólidos, graciosos y bien delineados y un ritmo constante e hilarante, La sala roja habla de quedar atrapado en una salita cualquier mañana de estas pero también en dos instituciones que se revelan tan necesarias como apabullantes (por sus normas, sus exigencias estúpidas y sus mentados valores): La escuela y la familia.