Al uso nostro. El italiano en el lenguaje rioplatense

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El 29 de noviembre a las 19 hs inaugura la exposición en la Biblioteca Nacional con la participación de Ángela Di Tullio, Horacio González y Roberto Raschella.
Una lengua crece en sus contactos, diverge en sus matices, se enriquece en sus roces. Así, nuestro castellano tiene sus hilos indígenas, en palabras y entonaciones. Y otros que provienen de su roce con lenguas de las colectividades de inmigrantes. Tonos del idish y del ucraniano, del guaraní paraguayo y del rumano, pero fundamentalmente, del italiano. La gestualidad y el énfasis, que constituyen un matiz de nuestra oralidad vendrían de aquellos barcos que salían de los puertos de Nápoles y Génova.

La mayoría eran inmigrantes pobres, campesinos, que hablaban alguno de los muchos dialectos regionales de Italia. Los primeros que llegaron, durante el siglo XIX, fueron a cultivar tierras y se organizaron en colonias agrícolas. Los que arribaron en los comienzos del siglo XX, ya sin acceso a la propiedad rural, comenzarían el arduo camino de la sobrevivencia en los conventillos porteños. El impacto fue formidable: géneros teatrales, músicas y un efímero dialecto surgió de estos recién llegados. El cocoliche, lengua mixta y fronteriza, fue el modo que encontraron para comunicarse entre sus dialectos y el español. Gracias a los italianos hablamos un castellano al uso nostro, pleno de huellas de ese gigantesco movimiento migratorio, con giros, calcos y palabras que vienen de aquellos dialectos iniciales. Y lo que fue habla popular en sus inicios –condenada por muchos letrados– se convirtió en uso general. Los barcos trajeron lo que se esperaba –hombres y mujeres dispuestos a trabajar y a poblar– junto a lo inesperado: la complejidad cultural y la variedad lingüística. En esta muestra buscamos advertir sobre la presencia del italiano en el lenguaje rioplatense, esa presencia que constituye un matiz singular respecto de otras variedades del español.