The umbrella man, de Errol Morris

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El legendario director Errol Morris realizó un documental de 6 minutos sobre el único hombre que llevaba un paraguas negro en la calurosa tarde de Dallas el día que asesinaron a JFK. “The umbrella man”. En esta nota el cortometraje.

Para el caso de JFK, las teorías de conspiración han sido la historia después de la historia, mundos dentro de mundos, donde la búsqueda ha terminado por convertirse en el único momento humano.

Dentro del universo de asociaciones que significan las teorías de conspiración, Errol Morris captura con triste ironía como dentro de esas teorías, por excéntricas y rebuscadas que sean, se encuentra la esperanza de resolver uno de los misterios más oscuros del siglo pasado. La duración es clave. A una teoría conspirativa solo le toma un par de minutos construir un mundo, a la probabilidad otros tantos para desmantelarlo, y esto, en el mejor de los casos, abrir la puerta a otras tantas especulaciones. Así es como el caso de JFK se ha convertido en una imparable fuerza de la curiosidad humana.

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Este documental de seis minutos es una mínima parte de una entrevista de seis horas que Errol Morris tuvo con Tink Thompson, el autor de “Seis segundos en Dallas”, recibido de Yale, estudioso de Kierkegaard, que renuncio a su trabajo para dedicarse a ser detective privado, trabajar a la par de los profesionales que continuaron la investigación del caso en los ’80.

Morris espera que este sea el primer documental de una larga serie sobre el asesinato de JFK. Él es, definitivamente, el hombre para esta tarea. Su complejo documental/policial “The thin blue line” influyó en la liberación del sujeto en cuestión, Randall Adams, falsamente acusado de asesinar a un policía. En ese film, Morris analiza todas las posibilidades, estimulando la curiosidad del espectador escena tras escena con una variedad de estilos que podrían ser el libro definitivo sobre documentales. Pero ha manejado a otros tantos personajes todavía más extremos, como el secretario de defensa estadounidense Robert S. McNamara ( The fog of war: Eleven Lessons from the Life of Robert S. McNamara”, 2003, por la que ganó el Oscar a mejor documental) o Fred A. Leuchter, Jr., (“Mr Death: The Rise and Fall of Fred A. Lechter, Jr.”, 1999) ingeniero dedicado a la construcción de todos los artefactos de ejecución posibles: sillas eléctricas, inyección letal y, finalmente, cámaras de gas, punto en el que su carrera, así como el film, se convierte en una recolección de pruebas que integran las teorías del Negacionismo del Holocausto. Dos pruebas de la maestría de Errol Morris, un director único cuando se trata de entender la arquitectura de la excentricidad de sus personajes, que es el punto en donde muchos otros directores de la actualidad hacen casos cómicos de lo bizarro y las rarezas.

En “Gates of Heaven” (1978), su primer film, hace una improbable otra maestra sobre la herencia familiar, celebraciones y mascotas; eso para estar seguros, porque lo que la completa es un tono místico, por siempre resonante. Como en los  documentales de su amigo y mejor aliado, el mítico Werner Herzog. Las carreras de ambos son inconfundibles por su eterna curiosidad y persistencia intelectual. Preguntan las preguntas fundamentales. Tienen esa extraña capacidad de capturar la esencia específica de una pregunta universal y darle una renovada importancia. Si bien no comparten créditos en ninguna película, su asociación va a quedar por siempre inmortalizada en el fílmico con aquel cortometraje de Les Blank: “Werner Herzog eats his shoe” (1980), en el que Herzog se cocina y se come su bota para cumplir con una promesa hecha a Morris.

Prueba de lo sagrado en la estupidez, otro momento humano.