Ricardo Fort, Phillip Dick y Donna Haraway

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Entre la pesadilla, la distopía, la sociedad del espectáculo y la multitud queer, Argentina tiene su primer muerto mediático cyborg. Quien no tenga una prótesis en el cuerpo (quien no use anteojos, o tenga un perno en una muela, o se haya hecho alguna cirugía de colocación de algo externo en el cuerpo, un tatuaje, o simplemente no pueda salir a la calle sin su celular), que tire la primera piedra.

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? es un novela corta publicada por primera vez en 1968, obra de uno de los escritores señeros del género distópico/science fiction de los setenta, Phillip K. Dick (Estados Unidos 1928-1982). En ella lo que se plantea es el surgimiento de una sentimentalidad cyborg, su humanización profunda, su posible modelización desde lo biopolítico, su capacidad de espejarnos, en un nuevo juego de lo mismo y lo otro con el que en occidente pareciéramos condenados dulcemente a situarnos.

Casi como un buen salvaje electrónico, ese concepto de androide está bien destacado en la genial adaptación cinematográfica que realizara Ridley Scott en otro hito del gènero que es Blade Runner en 1982.

De dos años después, de 1984, es el Manifiesto Cyborg de Donna Haraway (Estados Unidos, 1944). El link del nombre del manifiesto permite leer el pdf en idioma original, la versión en castellano, la linkeamos aquí. En ambos casos se trata de fuentes universitarias que publican el texto con finalidad de difusión educativa.

“I am making an argument for the cyborg as a fiction mapping our social and bodily reality …” puede leerse allí, y creo que en esta frase se condensa un dardo lanzado al futuro, más allá del contexto de la lucha teórica dentro del feminismo de los 80 en el que se puede ubicar el texto y con carácter de texto fundante, repetimos, que lo convierte casi casi en profecía. Hoy ya no es una intuición sentir la disolución de fronteras entre ciencia ficción  realidad social, al punto de estar hablando ya de la muerte del género distópico.

Pienso en estos dos polos como de un camino que fue sentando la “generización” de la polaridad ciencia ficción / realidad social, del cuento de Dick al Manifiesto de la Haraway, a la hora de pensarnos en plena sociedad el espectáculo, frente a la muerte de este gran cyborg argentino, Ricardo Fort, personaje totalmente olvidable, quizás, doblemente cyborg: de las operaciones médicas y del fruto de algo que se llama cultura de los medios / publicidad.

Ricardo Fort, alimento preferido de Jorge Rial, Viviana Canosa, Santiago del Moro, conductores de programas basura, operadores que bien saben del mapping de los cuerpos que efectúa sin cesar la televisión, se encargarán durante unos cuantas días en los canales de ahondar en el cyborg, de mostrar sus escabrosos detalles, de diseccionar hasta la imbecilidad un cuerpo construido a medida de la podredumbre mediàtica.

Mientras tanto, el cyborg Fort sigue su rumbo. Sin entrar en cuestiones apocalìpticas, simplemente como constatación, reflexión, idea, ganas de debatir. Para salvar a este personaje del que hoy todxs nos reimos y despreciamos. Prótesis tenemos todxs, empezando por esa prótesis afectiva contemporànea, sin la que no podemos tener vida de relación ni salir a la calle, que es continuidad de nuestros sentidos, el celular. Y si no, quien no tenga una prótesis en el cuerpo (quien no use anteojos, o tenga un perno en una muela, o se haya hecho alguna cirugía de colocación de), que tire la primera piedra.

 

Ilustra la nota una foto tomada de www.larazon.com.ar